“¿Puede un Salvador perfecto entender lo que es tener dificultades?”, Liahona, marzo de 2026.
De la Publicación semanal para jóvenes adultos
¿Puede un Salvador perfecto entender lo que es tener dificultades?
Debido a que Jesucristo es perfecto, a veces olvidamos que Él sabe lo que es tener dificultades.
Ilustración por Brandon Gonzales
Suelo pensar que estoy exenta de la ayuda divina de Cristo cuando atravieso un momento difícil. A veces pienso que Él, un Salvador perfecto y sin pecado, nunca podría entender lo que es tener dificultades.
Recuerdo haberme sentido así, especialmente cuando era misionera. Me costó mucho darme cuenta de que Cristo sabe lo que es pasar por momentos difíciles.
¿Cómo podía saber Él cómo me sentía yo?
Yo pensaba que estaba en la cima de mi misión: estaba capacitando a una nueva misionera, preparándome para un bautismo y comenzando a dominar todo lo relacionado con la misión. Me sentía muy feliz.
Sin embargo, no reconocía el estrés y la ansiedad que se acumulaban dentro de mí.
Una noche, estaba acostada, lista para dormir, cuando comencé a sufrir progresivamente el segundo ataque de pánico de mi vida; el primero había ocurrido nueve años antes. ¡Nueve años!
¿Por qué, después de solo un pequeño período de ansiedad cuando era niña, de repente estaba resurgiendo ahora?
Traté obstinadamente de continuar mi misión con normalidad, pensando que yo podría solucionar mis propios problemas.
Mientras tenía desafíos con mi salud mental, alguien compartió conmigo una idea que tuvo mientras leía sobre la experiencia del Salvador en Getsemaní.
Jesús dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”. Y luego, el Salvador dijo en oración: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:38–39).
¿Alguna vez has sentido el peso de tu propia tristeza? ¿Alguna vez le has preguntado a Dios si hay otra manera?
Con perfecta disposición, perfecta obediencia y perfecto amor, nuestro Redentor aceptó la voluntad del Padre. Él era perfecto porque no tenía pecado, pero aun así sintió dolor, tristeza y soledad.
Después de todo, Él descendió debajo de todas las cosas para poder elevarnos a nosotros.
El presidente Jeffrey R. Holland, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Jesús fue ‘varón de dolores’ [Isaías 53:3], leemos en las Escrituras. Él experimentó quebranto, fatiga, desilusión y una soledad insoportable. En este y en todo momento, el amor de Jesús no deja de ser, ni tampoco el de Su Padre”.
Cristo sabe exactamente cómo nos sentimos
Saber que Cristo afrontó cosas difíciles me recuerda que Él entiende el dolor, la depresión, el agotamiento, la desilusión, la ansiedad y la soledad mejor que nadie.
Fue Él quien lloró cuando Lázaro murió (véase Juan 11:33–36). Y fue Él quien preguntó mientras moría en la cruz: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34).
Pero Jesucristo también conoce el gozo, el amor, la compasión, la misericordia y la paz mejor que nadie, porque Él es perfecto. Por lo tanto, Él sabe perfectamente cómo nos sentimos.
El presidente Holland testificó: “Uno de los grandes consuelos de esta época de Pascua de Resurrección es que debido a que Jesús caminó totalmente solo por el largo y solitario sendero, nosotros no tenemos que hacerlo. Su solitaria jornada proporciona una compañía excelente para la corta versión de nuestro sendero: el misericordioso cuidado de nuestro Padre Celestial, la infalible compañía de este Hijo Amado, el excelente don del Espíritu Santo”.
Al darme cuenta de que Jesucristo entendía de manera perfecta lo que yo sentía mientras luchaba contra la ansiedad, finalmente dejé que me ayudara a llevar mis cargas.
Mi ansiedad no desapareció de repente, todavía tenía días difíciles. Pero, a pesar de eso, estar cerca de Cristo me proporcionó un gozo duradero, porque sabía que Él estaba allí conmigo, diciendo: “Lo sé. Sé perfectamente cómo te sientes”.
Durante esa experiencia, Cristo se convirtió en mi confidente más cercano.
Creo que a veces tendemos a pensar que la perfección de Cristo implica que Él está lejos y es inalcanzable, que Sus grandes actos y Su vida milagrosa hacen que parezca que está muy lejos de nosotros, seres ordinarios, imperfectos y orgullosos. Pero Él nunca está más cerca de nosotros que cuando afrontamos nuestras batallas más difíciles, nuestros peores pesares y nuestras luchas más desgarradoras.
En esta época de Pascua de Resurrección, podemos recordar que Jesucristo sabe exactamente lo que es tener dificultades, porque Él fue perfecto, la única persona que podría sentir nuestro dolor y llevar nuestras cargas.
Así que, cuando tengas dificultades, acude a Él. Él te entiende de manera perfecta.