Publicación semanal para jóvenes adultos
Una guía del Antiguo Testamento para aceptar la identidad divina
Liahona de marzo de 2026


“Una guía del Antiguo Testamento para aceptar la identidad divina”, Liahona, marzo de 2026.

De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Una guía del Antiguo Testamento para aceptar la identidad divina

Es posible que las personas del Antiguo Testamento hayan lidiado con algunas de las mismas preguntas que tú y yo podríamos tener hoy en día.

Jesucristo mirando el cielo nocturno

In the Beginning Was the Word [En el principio era el Verbo], por Eva Timothy, se puede copiar únicamente para uso de la Iglesia

Mentiría si te dijera que nunca he cuestionado mi función en el plan de Dios.

¿Cómo podría yo, siendo imperfecta como soy, encajar en Su plan perfecto? ¿Cómo podría ser digna de las segundas oportunidades que el Padre Celestial me da una y otra vez? ¿Cómo puede el Señor confiar en mí para que comparta Su amor con los demás cuando a veces a mí me cuesta sentirlo?

Si esta espiral de pesimismo te resulta familiar, no estás solo.

Una de las tácticas más poderosas del adversario es atacar nuestra comprensión de la identidad divina. El élder Brian K. Taylor, de los Setenta, enseñó: “Esa gran guerra sobre nuestra identidad divina arrasa con furor a medida que el arsenal cada vez mayor de Satanás trata de destruir nuestra creencia y conocimiento sobre nuestra relación con Dios”.

Afortunadamente, el Padre Celestial ha enseñado, y continúa enseñando, a Sus hijos acerca de su valor. Desde el principio, es posible que las personas de las Escrituras hayan lidiado con algunas de las mismas preguntas que tú y yo podríamos tener hoy en día.

A medida que estudies el Antiguo Testamento este año, podrás aprender acerca de tu identidad divina si aplicas las experiencias de las personas de las Escrituras a tu propia vida. Y tal vez, en el camino, encuentres las respuestas a una pregunta muy importante:

¿Quién soy?

Yo soy…

Alguien a quien se le ha confiado una mayordomía sagrada

Adán y Eva marcan el comienzo mismo de la necesidad que tiene la humanidad de comprender la identidad divina. El Padre Celestial los creó a Su propia imagen, les dio mayordomía sobre la tierra y sobre todas las criaturas que hay en ella, y les mandó multiplicarse y henchir la tierra (véase Moisés 2:26–28).

Como descendiente de Adán y Eva, puedes aplicar estos mismos principios de identidad a ti mismo. Literalmente, eres un hijo de Dios procreado en espíritu, con la responsabilidad divina de actuar como mayordomo sabio y edificar una familia eterna.

Cuando Adán y Eva comieron del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, fueron expulsados del Jardín de Edén. Si bien estaban separados de la presencia del Padre Celestial, tanto temporal como espiritualmente, Él proporcionó un Salvador para ayudarlos a vencer la muerte física y espiritual por medio de la Expiación de Jesucristo.

Al igual que con Adán y Eva, tu valor es “grande a la vista de Dios” (Doctrina y Convenios 18:10).

Yo soy…

Un hijo del convenio abrahámico

La historia de Abraham está directamente relacionada con la identidad divina. El Señor le hizo a Abraham una promesa de consecuencias eternas:

“Haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre y serás una bendición.

“Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:2–3).

Después de muchos años de esperar con fe, Abraham y Sara fueron bendecidos con el nacimiento de su hijo, Isaac. Más adelante, Dios le mandó a Abraham que sacrificara a Isaac a “semejanza de Dios y de su Hijo Unigénito” (Jacob 4:5). Cuando Abraham demostró que estaba dispuesto a hacer tal sacrificio, un ángel del Señor se lo impidió.

Leemos:

“Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado a tu hijo, tu único,

de cierto te bendeciré grandemente y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

“En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste mi voz” (Génesis 22:16–18).

Esta poderosa historia enseña que todos los que hacen convenios con el Padre Celestial y los guardan pueden tener acceso a las bendiciones que se le prometieron a la posteridad de Abraham. Como hijo del convenio, puedes recibir las bendiciones prometidas del convenio abrahámico al aferrarte a las promesas que haces al Señor por medio de los convenios bautismales o del templo.

Yo soy…

Un discípulo resiliente del Señor

Agar, la sierva de Sara y madre de Ismael, nos enseña la impresionante capacidad de resiliencia que tenemos. Tras el nacimiento de Isaac, el hijo de Abraham y Sara, Agar e Ismael fueron exiliados al desierto (véase Génesis 21:9–14).

Al ver su angustia y sus fervientes súplicas por la vida de Ismael, el Señor envió un ángel para consolarla: “No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. Levántate, alza al muchacho y sostenle de la mano, porque haré de él una gran nación” (Génesis 21:17–18).

Aun cuando Agar se sintió completamente sola en el desierto, el Padre Celestial no la abandonó. Fue protegida y recompensada por su fe y diligencia.

Al igual que Agar, puede que sientas como si estuvieras vagando por el desierto por tu cuenta. Sin embargo, eres de gran valor para tu Padre Celestial. Puede que andes errante por el desierto por un tiempo, pero Él no te ha olvidado. Él te está preparando para hacer grandes cosas a fin de edificar Su reino.

Yo soy…

Las manos de Dios en la tierra

Moisés fue llamado por el Padre Celestial para liberar a los israelitas de la servidumbre en Egipto. Efectuó una serie de poderosos milagros que finalmente les permitieron escapar (véanse Éxodo 714).

Si bien tuvo éxito en su llamamiento, Moisés no siempre tuvo confianza en su capacidad para hacer lo que el Padre Celestial le pedía. Cuando Moisés expresó sus sentimientos de insuficiencia, el Señor le respondió: “Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: Cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte” (Éxodo 3:12).

Moisés aceptó su identidad como hijo de Dios y accedió al poder del Padre Celestial para realizar Sus milagros. Al igual que Moisés, puedes acceder al poder para hacer la obra de Dios si aceptas tu relación eterna con el Padre Celestial.

Yo soy…

Entonces, ¿quién eres?

Ahora es el momento de que descubras la respuesta por ti mismo.

Escudriña las Escrituras en busca de respuestas a tus preguntas y las encontrarás. El Padre Celestial desea que comprendas exactamente quién eres para que puedas amarte a ti mismo como Él te ama.

El conocimiento de tu identidad eterna y divina está a la vuelta de la esquina, así que, ¿qué estás esperando?