Yo creo
La vergüenza me apartó. El amor de Dios me trajo de regreso
Poco a poco, la vergüenza por mis malas decisiones comenzó a obstaculizar mi capacidad de sentir el amor de Dios. Pero aun así, Su amor me salvó.
Saving That Which Is Lost [Salvar lo que está perdido], por Michael Malm
Tenía catorce años cuando mis padres se divorciaron y ver a mi familia desmoronarse fue desgarrador. Me mudé con mi papá y, aunque él hizo todo lo posible por cuidarme, me costó mucho adaptarme. Desarrollé depresión y ansiedad profundas y, sinceramente, me sentía solo.
Un día me pregunté si el mundo estaría mejor sin mí. Pero entonces escuché una voz en mi cabeza que decía: “Eres importante para mí. Te amo”.
Ahora sé que el Espíritu había compartido conmigo ese mensaje de parte del Padre Celestial. Su amor infinito me sacó de mi peor momento, dándome esperanza.
Un mes después, los misioneros llamaron a nuestra puerta. Al enseñarnos a mi papá y a mí, por fin entendí que tengo un propósito aquí.
Aprendí que los hermosos dones de mi vida provenían del amor de Dios por mí y quería demostrar que también lo amaba a Él. Así que mi papá y yo nos bautizamos.
No pensé que nada pudiera interferir con mi capacidad de sentir el amor de Dios, pero estaba equivocado.
Desviarse del curso
Con el tiempo, cuando la vida se puso difícil, tomé algunas malas decisiones. No seguí la Palabra de Sabiduría y me rodeé de influencias negativas. Mi vergüenza comenzó a dominar mi capacidad de sentir el amor de Dios por mí, así que me distancié de la Iglesia. Mi papá también dejó de vivir el Evangelio.
A veces pensaba en la fe, pero tenía mucho miedo de lo que pensarían las personas —y Dios— si alguna vez volvía a la Iglesia. Así que seguí por el camino en el que me encontraba.
Con el tiempo, mi papá y yo nos mudamos a otro país. No teníamos familiares ni amigos cerca, ni trabajo, ni dinero, ni auto. Pero, por suerte, conocimos a miembros locales de la Iglesia y ellos cuidaron de nosotros. Nos amaban como Jesucristo nos hubiera amado. Por medio de ellos, me di cuenta de que el Padre Celestial todavía me amaba y que quería que regresara.
Así que, cuando esos amigos nos invitaron a regresar a la Iglesia, aceptamos.
El regreso de un hijo pródigo
Me aterrorizaba que los demás me juzgaran por mis decisiones. Pero cuando regresé a la Iglesia por primera vez, todos fueron muy amables.
Me sentí como el hijo pródigo, al regresar a su padre y confesar sus pecados (véase Lucas 15:18–21). Al igual que el hijo pródigo, sentí el amor de mi Padre, quien me dio la bienvenida y celebró mi regreso (véase Lucas 15:20–24). Regresé porque lo amo y Él me dio la bienvenida porque me ama.
Estaba listo para hacer cambios en la forma en que vivía mi vida.
Después de arrepentirme y volver a encontrar mi lugar en el Evangelio, me preparé para servir en una misión. Tenía algunos amigos que estaban confundidos por mis decisiones, pero yo estaba decidido a permanecer en un nuevo camino.
Mientras estaba en el centro de capacitación misional, me enteré de que dos de esos amigos fueron juntos a una fiesta y fallecieron trágicamente en un accidente automovilístico. Estaba devastado y de repente era muy consciente de que mi vida podría haber terminado si no hubiera cambiado mi forma de vivir. Recordar el amor de Dios me había salvado otra vez.
Recibir el amor de Dios
He experimentado mucho a lo largo de mi vida, pero la lección más importante que he aprendido es que en cada momento decisivo de mi vida, reconocer el amor perfecto de Dios por mí me ha salvado de tanto sufrimiento.
A veces, cuando te miras en el espejo, es fácil mirarte a ti mismo y decir que no eres lo suficientemente bueno, que no eres más que tus peores errores. Pero Dios no te ve así.
El presidente D. Todd Christofferson, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, nos recuerda: “Debido a que [el Padre Celestial y Jesucristo los] aman, no quieren dejarlos ‘tal y como son’. Debido a que Ellos los aman, desean que tengan alegría y éxito. Debido a que Ellos los aman, quieren que ustedes se arrepientan porque esa es la senda de la felicidad. Sin embargo, la decisión es de ustedes; Ellos respetan su albedrío. Deben escoger amarlos, servirlos y guardar Sus mandamientos. Así, Ellos podrán bendecirlos y amarlos a ustedes más abundantemente”.
Comprende que el Padre Celestial te ama tanto que envió a Su Hijo, Jesucristo, para expiar tus pecados, permitiéndote regresar a Él. Él no quiere que te escondas de Él; desea que regreses a Él.
Si te has desviado, no es demasiado tarde para aceptar el amor que Él tiene por ti. No es demasiado tarde para regresar, y cuando lo hagas, Ellos celebrarán como el pastor amoroso, exclamando: “Alegraos conmigo; porque he hallado mi oveja que se había perdido” (Lucas 15:6).