Publicación semanal para jóvenes adultos
¿Tropezando en la oscuridad? Deja que la luz de Cristo te guíe
Liahona, diciembre de 2025


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

¿Tropezando en la oscuridad? Deja que la luz de Cristo te guíe

La búsqueda del Padre Celestial no tiene que ser como jugar a las escondidas [escondidillas] en la oscuridad.

Ilustración de una mano sosteniendo una linterna sobre un fondo morado

Abrí los ojos en completa oscuridad. Estaba sola. Y necesitaba apresurarme.

Momentos antes, mis hermanos y yo nos habíamos reunido en nuestro granero. Este era el escenario perfecto para nuestro juego favorito: escondidas en la oscuridad.

Tuve la desgracia de ser la primera que buscaba. Mis hermanos corrieron con linternas en la mano y me quedé sola, sin ninguna fuente de luz. Después de dos minutos de espera, llegó el momento de correr en busca de mis hermanos.

Sin embargo, no me atrevía a moverme.

Me quedé temporalmente paralizada por el miedo a lo que pudiera haber en la oscuridad. Finalmente, el temor a estar sola fue más grande y di algunos pasos a tientas hacia adelante y…

Me caí de bruces.

Me levanté y seguí tropezando en la oscuridad.

A veces, la vida puede parecer como si estuviéramos solos en la oscuridad, tropezando en nuestro camino de regreso al Padre Celestial. ¿Cómo podemos encontrarlo a Él cuando estamos rodeados por las influencias del mundo?

¿La respuesta? No estás solo. A diferencia de mí durante el juego con mis hermanos, tú tienes una linterna espiritual para guiar tu vida.

Tu linterna espiritual

No es coincidencia que las Escrituras se refieran a Jesucristo como “la luz y la vida del mundo” (3 Nefi 9:18). Él ilumina el trayecto hacia nuestro amoroso Padre Celestial, quien anhela que regresemos a Él. Cuando eliges confiar en el Salvador y edificar una fuerte relación por convenio con Él, recibes Su guía en tu vida.

Del mismo modo, cuando eliges encender una linterna, invitas a que su luz te rodee. A diferencia del juego en el granero, cada uno de nosotros puede acceder a la influencia del Espíritu Santo, nuestra linterna espiritual que nos guía en nuestro viaje de regreso al Padre Celestial mediante el hacer y el guardar convenios.

Debemos tomar la decisión consciente de encender la luz al vivir de maneras que nos conecten con el Salvador. Cuando la luz está apagada, es que nosotros hemos decidido distanciarnos del Salvador, Jesucristo. La luz que Él ofrece por medio del Espíritu Santo puede influir en nuestras decisiones, pensamientos y acciones diarias, y aumentar nuestra capacidad para acceder a cuatro dones del Espíritu clave:

1. Paz

Como alguien que sufría un miedo paralizante a la oscuridad, me sentía vulnerable y expuesta en aquel granero en la total oscuridad. Si no hubiera estado tan centrada en mi temor, tal vez habría estado más preparada para los obstáculos que me esperaban.

Cuando seguimos a Cristo y permitimos que Su luz nos rodee, estamos protegidos de muchos de los obstáculos potencialmente perjudiciales en nuestro camino. Cristo enseñó: “El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). A medida que lo sigas, Él te rodeará con el consuelo de la luz de la vida. Y, a su vez, tú podrás seguirlo más plenamente.

2. Discernimiento entre el bien y el mal

Me tropecé y caí en el granero porque no podía ver ninguno de los obstáculos. Una linterna me habría advertido del peligro y me habría ahorrado mucho dolor.

Del mismo modo, el Espíritu Santo puede infundir en nosotros una comprensión profunda del bien y del mal (véase Alma 32:35). Al hacer convenios con el Señor y recibir el don del Espíritu Santo, el Espíritu puede influir en nuestras acciones y fortalecer nuestra capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Eso nos protege del pecado, que daña el alma y genera distancia de nuestro Padre Celestial. Mantenernos conectados a Jesucristo y a la luz que Él ofrece puede ayudarnos a atravesar el complejo mundo que nos rodea.

3. Arrepentimiento

Hay momentos en los que te equivocarás, incluso con luz para guiarte, pero Cristo puede ayudarte a reconocer tus errores, a dar la vuelta y a dirigirte en la dirección correcta.

Como enseñó la hermana Tamara W. Runia, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes: “No permanecemos en la senda de los convenios porque no cometemos ningún error, sino que nos mantenemos en la senda al arrepentirnos todos los días”.

nos desviaremos de la senda a nuestro Padre Celestial; esa es una parte inevitable de la vida terrenal. Pero al centrarnos en Jesucristo y guardar nuestros convenios, podemos encontrar el camino de regreso a la senda.

4. Caridad

Puede que haya muchos de los hijos de Dios que estén cansados de esconderse en la oscuridad. Con una linterna en la mano, ustedes tienen los medios para reconocerlos a lo largo de su senda y llevarlos a la cálida luz del Salvador, que nos espera.

Al procurar diligentemente seguir a nuestro Salvador, actuamos como faros. La presidenta Camille N. Johnson, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, enseñó: “Cuando compartimos nuestra luz, llevamos el alivio de Jesucristo a los demás, nuestra conversión a Él se profundiza y podemos ser sanados espiritualmente incluso mientras esperamos a ser curados”.

Nadie debería hacer el trayecto solo. Llevar a otras personas a Jesucristo brinda gozo. La ministración y la caridad permiten que cada uno de nosotros invite a los demás a compartir el amor de Dios y andar en la senda de los convenios.

Aférrate a tu linterna espiritual

Mi hermana fue mi heroína ese día en el granero. Ella podría haber ignorado mis súplicas de ayuda cuando me crucé en su camino; pero en lugar de eso, encendió su linterna y corrió a rescatarme. Su gracia hizo que me sintiera menos sola. Y me aferré a esa gracia hasta que terminó la búsqueda de mis hermanos.

El viaje de regreso al Padre Celestial no tiene por qué ser a oscuras. Él proporcionó a Jesucristo para guiarte de regreso a Él. No desperdicies Su precioso don al desechar la luz que Él ofrece.

Al aferrarte a Jesucristo y a Su luz, encontrarás el camino de regreso a casa, con tu Padre Celestial.