2025
Seis maneras de ministrar como el Salvador durante estas fiestas
Liahona, diciembre de 2025


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Seis maneras de ministrar como el Salvador durante estas fiestas

Al efectuar milagros, Jesús se centraba en las personas.

una joven adulta llega y se sienta junto a otra joven adulta

Durante la época navideña, a menudo sentimos un deseo mayor, tal vez incluso la obligación, de servir a los demás y de hacerlo como lo haría el Salvador. Eso puede ser abrumador. El Señor efectuó algunos milagros increíbles durante Su ministerio terrenal. ¿Cómo pueden compararse nuestros humildes actos de servicio con lo que Él hizo?

Esto no tiene por qué ser desalentador. Además de los milagros obvios, como convertir el agua en vino, Aquel que es nuestro ejemplo también realizó milagros menos visibles, como llegar al corazón de las personas y mejorar sus vidas.

Tenemos la capacidad de emular mucho de lo que Él hizo, conforme lo sigamos. Estos son algunos principios básicos para tener en cuenta al buscar maneras de ministrar en esta época navideña.

Escucha.

Jesús sabía que la mujer samaritana junto al pozo no había obedecido la ley de castidad (véase Juan 4:6–29). Él sabía que la mujer acusada de adulterio era culpable de ello (véase Juan 8:3–11).

Pero el Salvador no se centró en esas cosas. Con compasión, las ayudó a entender que podían cambiar su vida. Les dio la esperanza de un futuro mejor. ¿El resultado? Ambas mujeres obtuvieron testimonios del Salvador (véase Juan 4:29; Traducción de José Smith, Juan 8:11 [en Juan 8:11, nota c al pie de página]).

Al igual que el Salvador, podemos escuchar a los demás sin condenarlos. Podemos ofrecer esperanza y alentar a otras personas a descubrir el gozo de seguirlo a Él.

Muestra compasión. Llora, si es necesario.

Cuando Jesús vio a los amigos y familiares de Lázaro llorando por su muerte, sabía que estaba a punto de levantarlo de entre los muertos. Podría haberle dicho a la gente: “No hay necesidad de llorar. ¡Todo va a estar bien!”.

Sin embargo, no lo hizo. ¿Qué hizo Él? Lloró con ellos (véase Juan 11:35).

Nuestros seres queridos pueden tener problemas que no nos afecten en lo personal. Es posible que tengan temores que no compartamos o inquietudes que ya hayamos resuelto. Es posible que tengan dificultades con principios del Evangelio que a nosotros nos resulten fáciles. Demuestra compasión (cuya raíz latina significa “sufrir con”) al acompañar a los demás en sus sentimientos, sin caer en pensamientos demasiado negativos, sino tomando sus desafíos en serio y ayudándolos a superarlos.

Incluye a todos.

A menudo se criticaba a Jesús por ser demasiado inclusivo al socializar con personas que “se suponía” que no debía (véase Mateo 9:10–12). ¿Pero excluir a las personas? Eso es algo que Él no hacía. Se preocupaba por todos, incluso por los marginados de la sociedad.

Al igual que el Salvador, puedes tratar de tener presentes a quienes necesiten sentir más el amor de Dios.

Recuérdalo cuando planifiques tus fiestas y actividades navideñas. Actúa como el Salvador: ¿A quién invitaría Jesús?

Utiliza tus recursos. Sé creativo.

Cuando cinco mil personas tuvieron hambre y no hubo comida al alcance, el Señor no dijo: “Lo siento, yo tampoco tengo comida. No hay nada que pueda hacer para ayudarlos”. En cambio, pidió a Sus seguidores que reunieran lo que hubiera, y oró y efectuó un milagro.

Es posible que los milagros que resulten de tus oraciones no sean, bueno, tan milagrosos. Sin embargo, tal vez te sorprendan las ideas que el Espíritu te susurre cuando le digas al Padre Celestial: “Quiero ayudar con esta situación, pero no creo que tenga los recursos. ¿Estoy equivocado? ¿Qué puedo hacer?”.

Sé alentador y optimista.

¿Con qué frecuencia decía Jesús cosas como “No temáis” (Mateo 17:7, Marcos 5:36, Mateo 10:28, Lucas 8:50, 12:7) y “Tened ánimo” (Mateo 14:27, Juan 16:33)?

¿Has notado que nuestros profetas modernos actúan de la misma manera? (Rápido, piensa en el presidente Nelson. Te lo imaginas sonriendo, ¿no?). La negatividad está al alcance de cualquiera que la desee. Pero tú no tienes que ser su fuente.

Presta servicio incluso —y especialmente— cuando tú también estés teniendo dificultades.

Parece una paradoja, pero una excelente manera de sobrellevar la situación cuando te sientes desanimado es servir a los demás. No permitas que tus problemas sean una excusa para el egocentrismo. Toda la vida y la misión del Salvador fueron un ejemplo de ello. A pesar de ser “despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto” (Isaías 53:3), Jesús, sin embargo, “anduvo haciendo bienes” (Hechos 10:38).

Mientras moría en la cruz —un momento en el que pensar egoístamente sería comprensible— le pidió a Su Padre que perdonara a los hombres culpables de ello (véase Lucas 23:34) y se aseguró de que Su madre fuera cuidada (véase Juan 19:26–27).

Hay una cosa más que hacía el Salvador. Oraba mucho. Si pides con sinceridad al Padre Celestial que te guíe para ministrar a los demás —sobre qué decir, qué hacer, cómo ayudar— el Espíritu Santo te guiará. Eso es, en esencia, todo lo que “servir como el Salvador” en verdad significa: tener el Espíritu. ¡Difundamos algo de dicha esta Navidad!