Publicación semanal para jóvenes adultos
Lo que un desastre navideño me enseñó acerca de mi relación por convenio
Liahona, diciembre de 2025


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Lo que un desastre navideño me enseñó acerca de mi relación por convenio

Los regalos robados y una nueva tradición familiar me ayudaron a darme cuenta del valor de nutrir mi relación por convenio con el Padre Celestial.

Ilustración de un hombre mirando un árbol de Navidad

Ilustración por Stephen Neilsen

Crecí en Samoa Estadounidense en una familia de trece hermanos. Todos vivíamos en una pequeña casa de tres habitaciones en el pueblo de Leone. La Navidad siempre fue especial para nuestra familia; era un tiempo para reflexionar sobre el nacimiento y la Expiación de Jesucristo, y un tiempo para servir y dar.

Una Navidad, después de haber trabajado mucho para poder ahorrar, mis padres compraron un regalo para cada uno de nosotros y los colocaron debajo del árbol. ¡Estábamos muy emocionados!

Pero antes de que llegara el día de Navidad, mi hermano mayor nos despertó una mañana con noticias devastadoras: nos habían robado absolutamente todos los regalos. Alguien había entrado a robar durante la noche y se los había llevado.

De esa triste experiencia surgió una nueva tradición. Después de eso, cada Navidad dormíamos alrededor del árbol para proteger nuestros regalos.

Por divertido y trágico que sea ese recuerdo, me enseñó más que a ser prudente con los regalos de Navidad: me recordó lo importante que es proteger y priorizar nuestra relación por convenio con el Padre Celestial.

Un recordatorio de nuestra relación por convenio

El presidente Russell M. Nelson con frecuencia ha enseñado acerca de la importancia de los convenios. Él dijo: “El hacer un convenio con Dios cambia nuestra relación con Él para siempre. Nos bendice con una medida adicional de amor y misericordia. Influye en quiénes somos y en cómo Dios nos ayudará a llegar a ser lo que podemos llegar a ser”.

Así como mi familia protegía nuestros regalos, nuestra relación por convenio con el Padre Celestial es la relación más valiosa que podemos tener. Debemos atesorarla. Pero ¿cómo hacemos eso en un mundo lleno de distracciones? Estas son algunas ideas que me han ayudado:

1. Establece las cosas que para ti son innegociables

Cuando era joven adulto y hacía malabares con la escuela, el fútbol americano y salir en citas mientras asistía a la Universidad Brigham Young, a menudo me sentía abrumado. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía que establecer qué sería lo “innegociable”: prioridades a las que me comprometería sin importar lo que pasara.

Pasar tiempo con el Señor y centrarme en Jesucristo se convirtió en algo innegociable para mí. Cada mañana tengo programado un tiempo con el Señor en el que desgloso las Escrituras y los mensajes más recientes de la conferencia general. Esta rutina diaria me proporciona pequeñas experiencias espirituales y marca la pauta de mi día.

El presidente Nelson dijo: “Este es el momento de que hagamos de nuestro discipulado nuestra máxima prioridad”. Dar prioridad al tiempo con el Señor no elimina los desafíos ni las distracciones de la vida, pero sí me ayuda a afrontarlos con Su fortaleza.

Como enseñó el presidente Nelson, “llevar el yugo con el Salvador significa que tienen acceso a Su fortaleza y poder redentor”. Cuando establezcas las cosas que para ti son innegociables y des prioridad a tu relación por convenio con el Señor, tus desafíos se volverán más manejables y tendrás experiencias espirituales fortalecedoras todos los días.

Entonces, ¿qué cosas serán innegociables para ti? ¿Cómo puedes asegurarte de priorizar tu relación con Dios cada día, día tras día, todos los días?

2. Haz el trabajo espiritual necesario

Establecer las cosas que son innegociables es solo el comienzo; también tenemos que hacer el trabajo espiritual. A veces sabemos lo que tenemos que hacer —leer las Escrituras, orar, asistir a la iglesia— pero nos falta motivación. Yo también me he sentido así.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó que “la fe en Cristo conduce a obras rectas que aumentan nuestra capacidad y poder espirituales”.

Cuando me doy cuenta de que me falta la motivación para hacer el trabajo espiritual, oro para tener el deseo y la fuerza para actuar y, cuando lo hago, noto que la brecha entre el Señor y yo se cierra. Mi relación por convenio con el Padre Celestial, como cualquier relación, requiere esfuerzo. No es una lista de verificación, sino un proceso que nutro a lo largo de mi vida.

3. Busca oportunidades para prestar servicio

A medida que fortalezco mi relación por convenio con el Padre Celestial y Jesucristo, el Espíritu a menudo me guía a prestar servicio a los demás. Esa guía profundiza aún más mi conexión con Dios. El Espíritu no espera a que llegue la Navidad; podemos prestar servicio a diario en casa, en la iglesia y en la comunidad.

En un mundo lleno de aislamiento y desconexión, una de las mejores maneras de sentirnos más conectados es mirar más allá de nosotros mismos y servir a los demás. Tal como testificó el rey Benjamín, cuando servimos a otras personas, estamos sirviendo al Padre Celestial (véase Mosíah 2:17).

Cuando nuestra relación por convenio se convierte en algo casual, perdemos la capacidad de realmente marcar una diferencia en el mundo. Tal como enseñó el élder Bednar, “cada acto de servicio desinteresado que prestamos nos ayuda a familiarizarnos más con el Maestro a quien representamos, y cada acto nos acerca más a Él”. Al buscar activamente maneras de prestar servicio, no solo bendecimos la vida de otras personas, sino que también fortalecemos nuestra propia conexión con el Padre Celestial, reforzando nuestro compromiso con nuestros convenios.

Deja que tus convenios guíen tu vida

Así como nosotros protegimos nuestros regalos, debemos proteger y priorizar nuestra relación por convenio.

Muchos de nosotros afrontamos decisiones importantes sobre los estudios, las citas, la profesión o la misión. Es fácil sentirnos inseguros o inadecuados. Cuando me siento así, dejo que mis convenios me guíen.

¿Qué dicen tus convenios bautismales y del templo que debes hacer? ¿Qué bendiciones te ha prometido Dios?

Cuando priorizas tu relación por convenio, todo lo demás comienza a acomodarse en el lugar que le corresponde. El presidente Nelson dijo: “El gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene mucho que ver con el enfoque de nuestra vida”. Y sentir el amor y el gozo del Salvador es sin duda el mejor regalo de Navidad que podemos recibir.