Yo creo
Cuando mi plan perfecto se vino abajo, Cristo me ayudó a levantarme
Pensé que estaba destrozada más allá de toda reparación, pero Cristo estaba allí para sanarme.
He sido miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días toda mi vida, pero realmente no sabía quién era Cristo hasta hace unos años.
Durante gran parte de mi juventud en la Iglesia, pensé que tenía que ser perfecta. Me centraba en las acciones de vivir el Evangelio, pero no lo hacía de corazón.
Así que, cuando regresé de mi misión antes de lo planeado, me sentí avergonzada. Con el paso de los años, comencé a presionarme para hacer que mi vida pareciera perfecta.
Pero conforme mi vida continuaba, mi plan perfecto comenzó a desmoronarse, hasta que solo quedamos mi Salvador y yo.
Y descubrí que Él era lo único que siempre había necesitado.
Apartada de la verdad
Parte de la vida perfecta que había imaginado era un pintoresco matrimonio en el templo. Cuando conocí a mi futuro esposo, ambos éramos activos en la Iglesia, así que supusimos que todo saldría bien. Nos casamos rápidamente, sin tener muchas conversaciones cruciales.
Después de la boda, él resultó ser una persona muy diferente de lo que yo había pensado. Él asistía a la Iglesia, pero en casa me maltrataba emocionalmente y era deshonesto.
Por esa época, yo había encontrado material que hablaba en contra de la Iglesia y me consumían las dudas y la amargura en cuanto al Evangelio.
Juré que nunca más asistiría a la iglesia, leería el Libro de Mormón, iría al templo ni hablaría con un líder del sacerdocio. Esas cosas las había hecho toda mi vida ¡y mira lo que estaba pasando!
Ahora sé que caí con tanta facilidad porque mi testimonio se basaba en las expectativas que tenía para mi vida, no en Jesucristo.
Darme cuenta de que necesitaba cambiar
Hubo dos acontecimientos difíciles en mi vida que me hicieron darme cuenta de que necesitaba cambiar.
Primero, murió una prima muy querida. En su funeral, sentí que el Espíritu me decía que era hora de regresar a la Iglesia. ¡Yo no quería! Pero tuve el fuerte sentimiento de que mi prima también me estaba diciendo que debía volver a mi fe.
Segundo, a medida que el abuso emocional continuaba, mi esposo y yo nos separamos. Me sentí protegida por ángeles a lo largo de nuestro divorcio. Me sorprendió ver milagros cuando estaba experimentando las peores cosas que me habían sucedido.
Por primera vez en mucho tiempo, oré y le pregunté al Padre Celestial qué quería que hiciera, rogándole que me salvara de mi corazón destrozado y de mis malas decisiones.
Y fue entonces cuando finalmente me di cuenta de que necesitaba llegar a conocer a Jesucristo.
Escoger a Cristo
Regresar a la Iglesia no fue fácil. Al principio sentía que no encajaba.
Sentí lo que la hermana Kristin M. Yee, Segunda Consejera de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro, describió cuando trató de pintar una imagen del Salvador. Pensando que la pintura estaba seca, aplicó un barniz a la superficie, pero la pintura aún estaba húmeda y gran parte de su trabajo se extendió y se disolvió.
En mi situación, yo sentía la misma desesperación y desesperanza que ella sentía por su pintura: como si yo no pudiera ser restaurada.
Pero la madre de la hermana Yee le dijo: “No podrás recuperar lo que tenías antes, pero haz lo mejor que puedas con lo que tienes”.
Eso es lo que Jesucristo hace con cada uno de nosotros. Él puede adecuarse a nuestra situación y circunstancias y puede ayudarnos a convertirnos en algo hermoso.
Con la guía de mi obispo, comencé a estudiar y aprender verdaderamente acerca de Jesucristo por primera vez. Sentí que el Salvador me ayudaba en cada paso del camino.
Aprendí que todo el mundo está roto de alguna manera, pero Jesucristo puede sanarnos a todos, incluso a mí y a mi exesposo.
Aprender sobre el perdón y el amor de mi Salvador hizo que lo deseara para mí y, a medida que sanaba, también comencé a desearlo para mi exesposo. Con el tiempo, lo perdoné.
Él levanta a los quebrantados
Cuando regresé al templo, me asombró el amor que sentí. Tuve una experiencia completamente diferente al ir al templo por mí misma y centrarme en mi Redentor, en lugar de ir solo para mantener las apariencias.
Si algo me ha enseñado esta experiencia, es que Jesucristo vive. Él levanta a los quebrantados. Él y nuestro Padre Celestial escuchan nuestros clamores desesperados por la noche, cuando nadie más es consciente del dolor del que no podemos escapar. Él siempre está esperando que volvamos a Él.
La hermana Yee también dijo: “El poder redentor de Jesucristo es una de las mayores bendiciones prometidas de nuestros convenios”.
Independientemente de lo que estés pasando, créeme cuando digo que ser redimido no es solo un hermoso final de cuento de hadas. Es algo real. Puedes ser redimido. Puedes restaurar tu fe.
Eso es lo que sucede cuando permites que Cristo entre en tu vida verdadera, plena y voluntariamente.
Eso es lo que Él ha hecho por mí.