De la Publicación semanal para jóvenes adultos
La impresión que me hizo ayunar por calabazas
La autora vive en Australia Occidental.
Cuando quise ayudar a mi familia, el Espíritu Santo me indicó cómo hacerlo.
Durante mucho tiempo, mi padre fue gerente auxiliar de una granja. Trabajaba mucho y siempre soñaba con comprar su propia granja algún día.
Su ética de trabajo me inspiró, especialmente después de que salí a servir en una misión en Japón. Encontraba fortaleza y motivación cuando pensaba en su ejemplo.
Así que, un día de preparación, cuando mi papá me dijo que finalmente había comprado su propia tierra de cultivo, me emocioné mucho por él. Él había invertido mucho dinero en el cultivo de calabazas y me dijo que en seis semanas ya estarían grandes. Él sentía mucho gozo por finalmente alcanzar su meta.
Pero las cosas no ocurrieron según lo planeado.
El ayuno por las calabazas
Unas semanas después de enterarme de la nueva granja de mi padre, comenzó la pandemia de COVID-19 y de repente fui relevada de mi misión. Sin embargo, no pude volver a casa debido a los confinamientos en toda Australia. Tuve que estar aislada durante dos semanas antes de irme a casa y fue la época más solitaria de mi vida.
Durante el aislamiento, mi papá me llamó. Enseguida me di cuenta de que estaba triste. Habían pasado cuatro semanas desde que había plantado sus calabazas, pero eran frágiles y diminutas, más pequeñas que sus manos. Le preocupaba perder el dinero que había invertido en su nueva granja.
Mi papá es un hombre bueno, honrado y humilde. Verlo tan mal me hizo llorar más tarde esa noche. Se me rompió el corazón porque no podía estar en casa con mi familia para ofrecer mi apoyo. Era muy injusto que mi papá hubiera trabajado tanto solo para que las cosas fallaran.
Oré al Padre Celestial para saber lo que debía hacer. Fue entonces que recibí una clara impresión:
“Puedes ayunar por las calabazas”.
Al principio el pensamiento me pareció ridículo. ¿Ayunar por las calabazas? ¡Dudaba que eso pudiera marcar una diferencia! Sin embargo, pensé en las muchas veces en que había ayunado a lo largo de mi misión y en cómo eso había producido tantos milagros. A veces esos milagros eran tan pequeños como saber qué palabras decir mientras enseñaba o simplemente aumentar mi amor por aquellos a quienes servía, pero aun así el ayuno había marcado una diferencia.
Así que, un miércoles cualquiera, durante mi aislamiento, ayuné por las calabazas.
Pero también ayuné por mi familia y por mí, para que sintiéramos el amor del Salvador en ese tiempo difícil.
Unas semanas después, finalmente llegué a casa. Cuando mi papá me llevó a sus campos de calabazas, vi cientos de calabazas enormes. ¡Eran inmensas! Realmente era un milagro. No podía creerlo.
En ese momento, sentí que el Padre Celestial estaba pendiente de mi familia.
Invitar el amor puro de Cristo a tu familia
Esa experiencia no fue solo sobre el milagro de las calabazas gigantes (y sí, todavía me duelen los brazos cuando pienso en cosecharlas). Para mí, el milagro fue darme cuenta de cuánto amor puede traer Jesucristo a nuestros hogares y a nuestras relaciones familiares cuando actuamos con fe.
Sé que el Padre Celestial ve todo lo que enfrentamos dentro de nuestra propia familia. Él está al tanto de nuestras preocupaciones y dificultades y nos ayuda a expresar amor cuando le pedimos Su ayuda. Él vio incluso que algo tan aparentemente insignificante como un huerto de calabazas era importante para mi familia y me ayudó a encontrar la manera de canalizar mi amor por ellos de una manera significativa y milagrosa.
La hermana Tamara Runia, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, compartió recientemente estas sabias palabras:
“Distanciemos la perspectiva para ver las relaciones familiares como un poderoso medio para enseñarnos las lecciones que vinimos a aprender aquí cuando acudimos al Salvador.
“Admitamos que en un mundo caído no hay manera de ser un cónyuge, padre, hijo, nieto, mentor o amigo perfecto, pero hay un millón de maneras de ser uno bueno. […] Al elevar a las personas que nos rodean, ascendemos juntos”.
Ninguna familia es perfecta; pero cuando invitamos al Padre Celestial y a Jesucristo a nuestro hogar y a nuestras relaciones familiares, Ellos pueden mostrarnos cómo amar a nuestra familia de manera más perfecta y ayudarnos a invitar milagros a nuestra vida.