2025
¿Qué hago si me siento “atascado” en una pregunta del Evangelio?
Julio de 2025


Poner en práctica las lecciones de Doctrina y Convenios en tu vida

¿Qué hago si me siento “atascado” en una pregunta del Evangelio?

Al elegir tener paciencia con lo que aún no entendemos, permitimos que el Espíritu nos cambie el corazón.

Una joven adulta sentada a una mesa con las Escrituras y mirando por la ventana

No importa cuán inteligente seas, inevitablemente te encontrarás con cosas que simplemente no entenderás.

Un problema matemático complicado; un denso pasaje literario; la razón por la que tu coche está haciendo ese ruido tan extraño. Y la lista continúa.

A veces, con un poco de esfuerzo, puedes entenderlo. Pero otras veces, parece que cuanto más indagas y estudias la pregunta, menos entiendes. Ahí es cuando te sientes realmente atascado.

¿Alguna vez te ha sucedido eso con el Evangelio? Puede ser una doctrina con la que tienes dificultades, o una norma que no tiene sentido para ti, o incluso una realidad de tu propia vida que no parece encajar con lo que sabes acerca de Dios y Su plan. A veces una idea parece demasiado difícil de procesar o aceptar, como un bocado que es demasiado grande para tragar.

Eso es exactamente lo que algunos miembros de la Iglesia experimentaron cuando recibieron la revelación que se da en Doctrina y Convenios 76 acerca de los grados de gloria. La mayoría de ellos había crecido con el concepto de que solo existían el cielo y el infierno. Para ellos, la idea de que casi todos resucitarían en un reino de gloria no parecía justa. No coincidía con su concepto de la naturaleza de Dios. Incluso Brigham Young tuvo dificultades con la revelación porque era “era directamente opuesta y estaba tan en contra de [sus] estudios anteriores” y “entraba en conflicto con [sus] propios sentimientos”.

La encrucijada de una pregunta

Cuando estamos “atascados” en una pregunta del Evangelio, llegamos a una encrucijada en nuestra fe.

Para algunos de aquellos primeros santos, la revelación fue un punto de ruptura. Al igual que los discípulos del Salvador que no podían soportar oír “dura […] palabra”, ellos se “volvieron atrás y ya no and[uvieron] con él” (Juan 6:60, 66).

Pero otros, que al principio dudaron, aceptaron ese nuevo conocimiento con gozo. ¿Cuál fue la diferencia? ¿Por qué esta revelación quebrantó la fe de algunas personas pero fortaleció la de otras?

Todo se reduce a la forma en que esas personas eligieron responder cuando su comprensión espiritual se vio desafiada. Cuando escuchó por primera vez acerca de la revelación, Brigham Young dijo: “Esperé un poco. No la rechacé, pero no la entendía”. Al orar, estudiar y elegir tener paciencia con lo que aún no entendía, él permitió que el Espíritu cambiara su corazón y testificara de la verdad.

En el Libro de Mormón, Alma compara la palabra de Dios a una semilla. Cuando recibimos esa semilla en nuestro corazón, podemos elegir entre “ech[arla] fuera por [n]uestra incredulidad” o esperar un poco, como Brigham Young, y ver “si es una semilla verdadera, o semilla buena” (Alma 32:28). Alma promete que si ejercemos nuestra fe y esperamos, entonces la semilla crecerá dentro de nosotros y podrá “ensanchar [nuestra] alma”, “iluminar [nuestro] entendimiento” y será “deliciosa” para nosotros.

Esa fue la experiencia de muchos santos fieles que eligieron buscar la guía del Señor. Brigham Young describió cómo, después de mucha meditación y oración, finalmente “sup[o] y comprend[ió] plenamente por [sí] mismo”. En un ejemplo perfecto de la enseñanza de Moroni en Éter 12:6, él recibió un testimonio después de la prueba de su fe.

“Pedid, y se os dará”

El Señor declaró: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). No se trata simplemente de una sugerencia sabia; es un mandamiento del Señor y viene con una promesa segura de que Él responderá.

Este y otros mandamientos similares se repiten a lo largo de las Escrituras. El Señor nos invita constantemente a presentarle nuestras preguntas más difíciles. Él no nos pide que aceptemos ciegamente lo que no podemos entender. Al hacerlo con paciencia y fe, y al continuar sirviendo al Señor, Él promete: “Revelaré todos los misterios, […] aun las maravillas de la eternidad” (Doctrina y Convenios 76:7–8).

Personalmente, tengo grandes preguntas para las que todavía no tengo respuesta, incluso después de años de oración y búsqueda sincera; pero no creo que eso signifique que Dios esté ignorando mi llamado. Puedo ver Su luz a través de la rendija de la puerta. Puedo sentirlo a Él conmigo, compartiendo la carga cuando es demasiado pesada para llevarla sola.

Al seguir pidiendo, buscando y llamando, puedo sentir que esa pequeña semilla se hincha en mi corazón. Mis preguntas me empujan hasta el límite, a veces dolorosamente, pero eso me da más espacio para crecer: en comprensión, en sabiduría, en fe, en cercanía con mi Padre Celestial. No tengo todas las respuestas, pero no me siento atascada. Tengo esperanza en “la buena disposición de [la] voluntad [del Señor]” y confío en que, cuando yo esté lista, Él me concederá “este privilegio de ver y conocer por [mí] mism[a]” (Doctrina y Convenios 76:7, 117).

Notas

  1. Véase “La visión”, en Revelaciones en contexto, 2016, pág. 160.

  2. Brigham Young, en Journal of Discourses, tomo 6, pág. 281.

  3. Véase “La visión”, en Revelaciones en contexto, 2016, pág. 160.

  4. La visión”, en Revelaciones en contexto, 2016, pág. 161.