2025
Pensé que no podía hablar de mis desafíos porque alguien más “la estaba pasando peor”
Julio de 2025


Para madres de niños pequeños

Pensé que no podía hablar de mis desafíos porque alguien más “la estaba pasando peor”

¿Me hacía desagradecida el hecho de hablar sobre las dificultades de mi embarazo?

Ilustración que muestra a una mujer en diferentes etapas de la maternidad

Las náuseas matutinas comenzaron alrededor de la quinta semana de mi embarazo, excepto que no las tenía solamente por la mañana.

Eran constantes y el único alivio que tenía era cuando dormía.

Sin embargo, la batalla mental que se libraba en mi cabeza era casi tan severa como la montaña física que estaba escalando.

El hecho de sentirme miserable e infeliz ¿me hacía desagradecida por el bebé que crecía dentro de mí? ¿Se me permitía desear que mi sufrimiento terminara cuando otras mujeres que conocía ni siquiera podían tener hijos o habían sufrido pérdidas?

Me sentía culpable por expresar sentimientos de dolor, dificultad o angustia, tanto física como emocional, cuando comparaba mis desafíos con los de las demás personas.

No obstante, pronto me di cuenta de que estaba entendiendo las cosas mal.

La soledad que es producto de la comparación

Una de las cosas más difíciles de ser madre en estos días es la presión constante de la perfección, lo que nos lleva a compararnos unas con otras. Las voces opuestas de los medios de comunicación, los vecinos o la familia pueden llevarnos a cuestionar nuestro valor o potencial como madres, a vernos como inferiores porque no estamos a la altura de los estándares de los demás y, en última instancia, a menospreciar el amor y el esfuerzo que invertimos en la maternidad.

Sin embargo, tengo que creer que esto no es lo que nuestro divino Creador desea para nosotras.

El presidente Jeffrey R. Holland, Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, nos recordó: “No estamos en una carrera el uno contra el otro para ver quién es el más rico o el que tiene más talento o es el más hermoso o incluso el más bendecido”.

¡Tampoco estamos en una competencia para ver quién está peor! Durante las horas solitarias de mi embarazo, sentía que solo podía expresar felicidad y positividad a aquellas personas cuyas dificultades yo había juzgado que eran peores que las mías. En realidad, me sentía deprimida y sin esperanza, y me preguntaba si era lo suficientemente fuerte para ser madre. Esa comparación me hacía sentir aún más sola.

Sin embargo, como dijo el élder Claudio D. Zivic, de los Setenta: “Nosotros vivimos hoy nuestras realidades. Cada uno tiene su tiempo de pruebas, dichas, decisiones que tomar, obstáculos que vencer, oportunidades que aprovechar”.

Nuestras experiencias son diferentes y, por lo tanto, difíciles de distintas maneras. Podemos reconocer la dificultad de nuestra situación y la de las demás personas sin compararlas.

Puedes sentir las dos cosas

Decidí hablar de mis sentimientos con una terapeuta y ella me enseñó una verdad sobre las emociones que me cambió la vida:

Podemos sentir varias emociones al mismo tiempo.

Después de presenciar guerras y contenciones entre los nefitas y los lamanitas, el profeta Alma escribió: “Y así vemos el gran motivo del dolor, como también del gozo: dolor a causa de la muerte y destrucción entre los hombres, y gozo a causa de la luz de Cristo para vida” (Alma 28:14).

Los nefitas experimentaban sentimientos de dolor y de gozo.

Me di cuenta de que era posible que me sintiera molesta por mis pruebas y, al mismo tiempo, agradecida por estar embarazada.

El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Cuando somos agradecidos a Dios en nuestras circunstancias, podemos sentir una serena paz en medio de la tribulación; en la angustia, podemos elevar nuestro corazón en alabanza; en el dolor, podemos regocijarnos en la Expiación de Cristo […].

“El ser agradecido en tiempos de aflicción no significa que estamos complacidos con nuestras circunstancias; lo que significa es que mediante los ojos de la fe podemos ver más allá de nuestras dificultades actuales”.

Podemos permitirnos sentir todas nuestras emociones al expresar también gratitud a Dios por Sus bendiciones y misericordia.

El Salvador sufrió por todos nosotros

Mientras el Salvador sufría durante Su Expiación, no examinó todas las pruebas y experiencias por las que pasaríamos para escoger las que pensaba que eran las peores y sufrir solo por ellas. Él las soportó todas.

Esto incluye, como dijo el élder Zivic, “nuestros pecados, dolores, depresiones, angustias, enfermedades y temores, de manera que sabe cómo ayudarnos, darnos aliento, consolarnos y darnos fuerzas para que podamos perseverar y obtener esa corona que está reservada para aquellos que no son vencidos”.

La Expiación de Jesucristo es infinita. Al atravesar las tribulaciones de la vida y los altibajos de la maternidad, expresemos gratitud infinita a nuestro Salvador, ya sea con lágrimas o con gozo, y edifiquémonos unas a otras.