De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Cuatro cosas que debes recordar si sufres de ansiedad en la relación de pareja
Me di cuenta de que, aunque sentía temor, Dios confiaba en mí para que tomara la decisión de casarme.
No era así como pensé que se sentiría estar comprometida.
Mi prometido era recto, digno y bondadoso. Habíamos considerado con espíritu de oración la decisión de casarnos. Pero hiciera lo que hiciera, yo no podía deshacerme de una horrible sensación de ansiedad.
“¿Y si es la persona equivocada para mí?”, me preguntaba. “¿Y si arruino el plan que el Padre Celestial tiene para mí al tomar la decisión equivocada?”.
Algunos días, la ansiedad se sentía como una roca aplastante que no me podía quitar de encima.
Si casarme con mi prometido era lo correcto, ¿por qué me sentía así? ¿Estaba Dios tratando de decirme que no debía casarme con él?
Con el tiempo supe que sufría de ansiedad en la relación de pareja, lo que hizo que se me dificultara sentir paz con mi decisión. Si pudiera volver atrás y hablar con mi yo comprometida y ansiosa, estas son algunas cosas que le diría.
Cada historia de amor es diferente y eso está bien
Recuerdo que me sentía culpable al leer las publicaciones de mis amigas en las redes sociales sobre sus compromisos. “¡La pregunta más fácil de todas!”, decían. “¡Nunca dudé ni por un segundo de que él era el indicado!”.
Tuve que aprender que sufrir de ansiedad no significaba que el amor que nos teníamos el uno por el otro no fuera real, o que Dios no nos estaba guiando.
Al final, lo importante no era lo rápido que nos enamoramos ni lo fácil que fue tomar la decisión de casarnos, sino cómo crecimos juntos en los tiempos difíciles. Y ver que mi prometido me seguía amando en el momento más difícil y angustioso de mi vida me confirmó que él realmente era auténtico.
Los sentimientos de temor y ansiedad no provienen del Espíritu
Algo que me ayudó a seguir adelante fue aprender a reconocer cuándo me estaba hablando el Espíritu y cuándo la ansiedad me estaba plantando ideas en la mente. Cuando sentía un nudo en el estómago al pensar en casarme con mi prometido, ¿provenía eso de Dios? ¿O eran mis propios temores?
En Gálatas 5:22 leemos: “Pero el fruto del Espíritu es: amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe”. Cuando pensaba en momentos de mi vida en los que Dios me había hablado por medio de Su Espíritu, eso siempre iba acompañado de sentimientos alentadores, de paz y de poder. Él nunca me causó temor ni pánico.
También aprendí que la sensación constante de tener un nudo en el estómago era en realidad un síntoma clásico de la ansiedad clínica. Y mientras que las impresiones espirituales suelen ser suaves y sutiles, mi ansiedad era muy intensa. Al utilizar estrategias para manejar mis pensamientos de ansiedad, pude calmar mejor mi mente y reconocer las impresiones suaves y el consuelo del Espíritu Santo.
Aunque esos momentos de paz eran poco frecuentes, escribirlos me ayudó. A veces, ponía una nota adhesiva en el espejo del baño con un pasaje de las Escrituras que me daba consuelo. Otras veces, escribía en mi diario acerca de un sentimiento de calma especial que había tenido después de una oración sincera. Mi prometido y yo incluso grabamos videos en los que hablamos de momentos en los que ambos sentimos paz sobre la idea de casarnos. Cuando yo sentía temor, los mirábamos juntos para recordar cómo Dios nos había guiado hasta donde estábamos.
No tengas miedo de pedir ayuda
Cuando mi ansiedad estaba en su peor momento, recuerdo haber sentido que el Padre Celestial me había abandonado. Leía las Escrituras, iba al templo, ayunaba y oraba, pero aun así sentía temor. ¿Por qué no me ayudaba más?
Al mirar atrás, veo que Él sí me estaba ayudando, pero a menudo era por medio de otras personas. Me ayudó por medio de un obispo sabio que me escuchó y me sugirió que me reuniera con un profesional de la salud mental. Dios me ayudó por medio de mi terapeuta, quien me brindó una visión profesional y me enseñó métodos prácticos para afrontar las dificultades. Más tarde, recibí ayuda de un médico que me recomendó probar medicación para mi ansiedad.
Dios también me ayudó por medio de familiares que me conocían y me amaban. Al comunicarme con mi prometido sobre cómo me sentía, también recibí consuelo por su comprensión y apoyo. Además, hallé consuelo al saber que mi Salvador me entendía perfectamente y que estaba a mi lado en mis momentos más difíciles.
Dios confía en ti para que elijas
A pesar de todas las suaves impresiones tranquilizadoras, mi ansiedad siempre me llevó a desear tener una respuesta más certera. A menudo oraba pidiendo que los cielos se abrieran y que Dios enviara una señal inequívoca de que mi prometido era la persona indicada para casarme.
Pero eso no ocurrió.
En cambio, aprendí que Dios confiaba en mí para tomar la decisión. Por mucho que deseaba que Él me dijera lo que tenía que hacer, la decisión dependía de mí.
El presidente Thomas S. Monson una vez dio este consejo: “Escoge a quien amar; ama a quien escojas”.
Al final, decidí casarme con mi prometido. Nos sellamos en el templo un hermoso día de verano.
Y, como podrán adivinar, mi ansiedad no desapareció por arte de magia.
Seguí reuniéndome con mi terapeuta, tomando mi medicación, buscando guía espiritual y hablando con mi esposo sobre mis desafíos. Con el tiempo, me sentí mejor.
Me encantan estas palabras del élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Conforme usted y su cónyuge permanezcan firmes en la senda de los convenios, tendrán ayuda celestial para crear el matrimonio que esperan tener”.
Mi esposo y yo llevamos cinco años casados. La vida no es perfecta, pero somos muy felices. Estoy muy agradecida por haber elegido actuar con fe a pesar de mi ansiedad.
Si sufres de ansiedad en la relación de pareja, acude al Señor, a la guía profética, a tus líderes de la Iglesia y, si es necesario, a recursos profesionales para obtener ayuda. El Señor nunca te abandonará. Él te guiará. Y, a medida que te esfuerces por seguirlo, Él te dará el valor para confiar en tu capacidad para tomar buenas decisiones.