2025
Cuando estuve demasiado enfermo para hacer la obra misional, me dediqué a la historia familiar
Julio de 2025


Desde el campo misional

Cuando estuve demasiado enfermo para hacer la obra misional, me dediqué a la historia familiar

Al trabajar en la historia familiar a favor de mis antepasados fallecidos, también vi bendiciones para mi familia viva.

Un grupo de personas trabajando en historia familiar

Recuerdo el día en que dos hombres con elegante camisa blanca y corbata llegaron a mi casa. Mi mamá decidió dejarlos entrar y ellos nos enseñaron el Evangelio de Jesucristo. Toda mi familia se convirtió a la Iglesia.

Pero ser miembro en Mongolia era difícil porque el cristianismo era bastante nuevo en mi comunidad. Me enfrenté a muchos desafíos y tentaciones. Afortunadamente, mi familia siempre estuvo allí, animándome a vivir el Evangelio.

En ese entonces, no sabía las dificultades que algún día enfrentaría, ni cómo mi familia a ambos lados del velo algún día me ayudaría a superar los tiempos difíciles.

El milagro de la obra de historia familiar

Mientras servía en una misión, empecé a tener graves problemas de salud, entre ellos dolor crónico. Mi presidente de misión me aseguró que había sido un buen misionero y me dio la opción de regresar a casa para recuperarme, pero yo no quería irme. Había rechazado una gran beca deportiva para poder servir y mi familia había sacrificado mucho para ayudarme a pagar la misión. No sabía qué hacer.

Mientras luchaba con esa decisión, mi dolor se volvió mucho más intenso. Estuve tres días en cama porque no podía mantenerme de pie. Quería seguir sirviendo de alguna manera, así que pasaba esas horas trabajando en la historia familiar. Comencé a enviar nombres de familiares nuevos a mi papá y a la especialista en historia familiar de mi barrio.

Un día, recibí una llamada de la especialista en historia familiar de mi barrio y me dijo que las ordenanzas de mis tatarabuelos se habían aprobado y efectuado en el templo. No había templos en Mongolia, por lo que fue un milagro que hubiera sucedido tan rápido. El Espíritu vino sobre mí y en ese momento decidí que me quedaría en la misión.

Me levanté de la cama de un salto, agarré a mi compañero y dije: “¡Vamos a enseñar!”. Se sorprendió al verme de pie. Apenas cinco minutos antes había estado como muerto; difícilmente podía levantarme para comer o beber. Pero de repente mi dolor se volvió muy pequeño en comparación con mi deseo de ayudar a los demás a encontrar su fe en Cristo. Sabía que necesitábamos ir a compartir el Evangelio para que otras personas también pudieran aprender cómo ayudar a sus familias.

El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La conexión con nuestros antepasados puede cambiar nuestra vida de maneras sorprendentes. Sus pruebas y logros nos dan fe y fortaleza”.

Mi vida cambió a medida que obtuve fortaleza de Jesucristo al poner las ordenanzas de salvación de Su Evangelio a disposición de otras personas por medio de la obra de historia familiar. Su poder me permitió completar mi misión.

Fortaleza en ambos lados del velo

Varios años después, mi padre falleció. Él se había vuelto menos activo en la Iglesia durante su vida, así que comencé a trabajar para completar sus ordenanzas del templo. Mi testimonio del Plan de Salvación y de la obra de historia familiar me ha brindado consuelo porque sé que algún día volveré a ver a mi padre. Cuando lo vea, quiero decirle que hice todo lo que pude para que nuestra familia pudiera estar unida.

Ahora tengo esposa e hijos propios. Fortalecemos nuestra familia en la tierra al fortalecer a nuestra familia del otro lado del velo.

El presidente Russell M. Nelson una vez dijo: “Aunque la obra del templo y de historia familiar tiene el poder para bendecir a los que están más allá del velo, tiene el mismo poder para bendecir a las personas que están vivas. Tiene una influencia refinadora en aquellos que participan de ella. Estos literalmente están ayudando a exaltar a su familia”.

Hacer la obra de historia familiar juntos ha mantenido a mi familia centrada en Cristo. Mis hijos se divierten mucho llamando a sus parientes para saber más sobre su vida ¡y luego esos parientes también se entusiasman! Nos hemos sentido unidos y conectados con todos nuestros parientes, vivos y fallecidos.

En las Escrituras, hay una historia sobre una viuda pobre que solo puede contribuir dos blancas al tesoro, mientras que las personas ricas que la rodean donan todo tipo de riquezas. El Señor enseña a Sus discípulos que la ofrenda de la viuda vale mucho más “porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía” (Marcos 12:44).

La obra de historia familiar que realiza mi familia es pequeña si se considera a todas las personas cuya obra aún no se ha completado, pero sé que el Padre Celestial considerará que nuestros esfuerzos son de gran valor a medida que hagamos todo lo posible por fortalecer a nuestra familia en ambos lados del velo.