Yo creo
Escoger la fe cuando los demás no hacen lo mismo
El autor vive en Taiwán.
Una vez que obtuve mi propio testimonio del Evangelio de Jesucristo, fue fácil decidir permanecer en la Iglesia cuando otros a mi alrededor se estaban alejando.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días siempre ha sido parte de mi vida, pero en realidad no tuve mi propio testimonio sino hasta mi adolescencia.
Cuando yo era joven, mi padre cambiaba de trabajo con frecuencia, por lo que mi familia tenía que mudarse después de unos meses. No tuve la oportunidad de hacer amigos cercanos y no sentía que me adaptaba. En Taiwán, la mayoría de las personas tienen uno o dos hijos y siguen las tradiciones del taoísmo o el budismo. Mi familia tenía cinco hijos y pertenecía a la Iglesia de Jesucristo.
Vivir así fue difícil cuando era niño y, a veces, hasta sentía vergüenza de ser miembro de la Iglesia.
El fundamento de mi testimonio
Cuando era adolescente, intenté leer el Libro de Mormón varias veces. Las primeras dos veces, no sentí nada; no lo intentaba de corazón. Sin embargo, al tercer intento, la experiencia fue diferente.
Al leer con sinceridad y meditar en la historia de cuando Ammón le enseñó al rey Lamoni —un rey lamanita que estuvo dispuesto a renunciar a todas las tradiciones personales a fin de seguir a Cristo— comencé a sentir profundamente que el libro era verdadero. Me sentí inspirado por el gozo de Lamoni cuando decidió vivir de manera diferente y seguir a Cristo (véase Alma 19:13).
Cuando leí la invitación de Moroni de “pregunt[ar] a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas” (Moroni 10:4), sentí la veracidad del Evangelio con todo mi corazón. El Espíritu me lo confirmó y llenó mi vida de un nuevo propósito.
Aquella experiencia forjó las raíces de mi testimonio del Evangelio de Jesucristo, el cual continuó creciendo a medida que procuraba más experiencias espirituales. Mi testimonio me daba esperanza y gozo cuando otros a mi alrededor dudaban.
Una fe arraigada
No mucho tiempo después de que comencé a profundizar en mi fe, mis padres se divorciaron. Como hijo mayor, me convertí en el principal proveedor para mi madre y mis hermanos, y trabajé arduamente para mantener a mi familia y darles a mis hermanos una vida mejor. Hice lo que pude para asistir a Instituto, a las actividades para jóvenes adultos y a la iglesia para fortalecer mi testimonio, y eso me arraigó y me ayudó a sentir gozo, incluso cuando hacía un gran sacrificio por mi familia.
Con el correr de los años, varios de mis hermanos y amigos se alejaron de la Iglesia; decidieron que no querían vivir de manera diferente a las personas que los rodeaban. Fue difícil ver a mis seres queridos dejar el Evangelio que amo, pero gracias a mis propias experiencias espirituales, decidí aferrarme a mi fe en Jesucristo.
El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, compartió algunas reflexiones sobre este principio: “Debemos preguntarnos: ¿Se basa mi testimonio en lo que espero que suceda en mi vida? ¿Depende de las acciones o de las actitudes de otras personas? ¿O está fundado firmemente en Jesucristo, “arraigado y sobreedificado en él” [Colosenses 2:7], sean cuales sean las circunstancias cambiantes de la vida?”.
Sentir la verdad del Evangelio arraigada en mi corazón hizo que fuera fácil elegir la fe.
La fe que se pone a prueba es una fe fuerte
Al nutrir constantemente mi testimonio, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se ha convertido en algo más que mi religión: es toda mi vida. El testimonio que tengo es lo más importante que tengo en mi vida y me ayuda a salir adelante cuando mi fe es puesta a prueba.
El élder Uchtdorf también enseñó:
“La fe es firme cuando está arraigada profundamente en la experiencia personal, en un compromiso personal con Jesucristo, al margen de nuestras tradiciones o de lo que otras personas puedan decir o hacer.
“Nuestro testimonio será puesto a prueba. La fe no es fe si nunca se pone a prueba; la fe no es firme si nunca afronta oposición. Así que no se desesperen si tienen pruebas de fe o preguntas sin respuesta […].
“Podemos confiar en Jesucristo a medida que seguimos avanzando hacia adelante y hacia arriba, porque Él es nuestro Salvador y Redentor”.
Si alguna vez tienes preguntas o dificultades para aferrarte a tu fe, busca a Jesucristo con el deseo de creer en Él y en Su Evangelio. El Señor ha prometido mostrarte la verdad a medida que acudas a Él. Y a medida que fortalezcas tu testimonio, eso contribuirá a que tu fe perdure, sin importar lo que puedas enfrentar.