Tres consejos para ayudarte a establecer metas que se pueden alcanzar
Si tienes dificultades para fijar y cumplir metas, ¡esto es para ti!
Fijarse una meta es como plantar una semilla. Esta necesita constantemente de agua y sol para crecer con el tiempo. En Doctrina y Convenios aprendemos que Cristo “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (Doctrina y Convenios 93:13). Podemos seguir el ejemplo de Cristo de crecer hasta alcanzar la perfección. Podemos crecer y desarrollarnos plantando “semillas” o estableciendo metas que nos ayuden a crecer de manera constante cada día, en lugar de esperar que todo suceda de una vez.
1. Conoce el porqué del establecimiento de metas
A veces, el fijar metas puede parecer abrumador. Podemos motivarnos al recordar por qué lo hacemos.
El presidente Dallin H. Oaks, Primer Consejero de la Primera Presidencia, enseñó: “A diferencia de las instituciones del mundo, que nos enseñan a saber algo, el Evangelio de Jesucristo nos desafía a llegar a ser algo”.
Una parte importante de fijar metas consiste en tomar lo que sabemos y aprender a ser mejores para llegar a ser más semejantes a Jesucristo.
2. Elaborar un plan
Un paso para crear una meta eficaz es entender la diferencia entre las metas y los planes. El presidente M. Russell Ballard (1928–2023) dijo una vez: “Poner metas es, en esencia, ‘comenzar con el fin en mente’, y la planificación es idear una manera de llegar a ese fin”.
Por ejemplo, asistir al templo con regularidad es una meta. Pero el plan que elaboras para lograrla incluirá cosas como por qué, cuándo, dónde y cómo asistirás al templo. Dividir tu meta en partes más pequeñas la hace más manejable.
3. Tómalo con calma, con prudencia y orden
Tus metas pueden parecer fáciles cuando las estableces por primera vez, pero es importante recordar que cuando plantas una semilla, no debes esperar que crezca de la noche a la mañana.
Cuando elabores un plan, debes hacerlo “con prudencia y orden; porque no se exige que un hombre corra más aprisa de lo que sus fuerzas le permiten” (Mosíah 4:27).
Tener prudencia y orden al planificar cómo alcanzar tus metas es un enfoque más sostenible. Te ayudará a alcanzarlas incluso después de que tu motivación inicial haya desaparecido.
Al hablar sobre la fe, Alma explicó que “si una semilla crece, es semilla buena; pero si no crece, he aquí que no es buena; por lo tanto, es desechada” (Alma 32:32).
Podemos poner eso en práctica en nuestra vida. Al igual que las semillas, si tus metas crecen y tienes éxito, sabrás que tienes un buen plan y que funciona. Si no es así, puedes dar un paso atrás, volver a evaluar y corregir lo que no está funcionando. ¡Y eso está bien!
Los pequeños pasos fomentan la constancia
Ya sea que estemos plantando una semilla o elaborando una meta, debemos tener en cuenta el consejo del élder Michael A. Dunn, de los Setenta: “Debe haber un esfuerzo constante y diario. Y aunque probablemente no lleguemos a ser perfectos, debemos estar decididos a que nuestra persistencia se traduzca en paciencia”.
Se necesita tiempo para que las semillas crezcan, y nuestro crecimiento personal no es diferente. La constancia nos ayudará a cumplir nuestras metas.
Si “nuestra persistencia se tradu[ce] en paciencia”, hallaremos el gozo que buscamos en Cristo, a medida que lo sigamos dando un pequeño paso a la vez.