2025
Estabas preparado para la conferencia, pero no recibiste respuesta a tus preguntas. ¿Y ahora qué?
Mayo de 2025


Estabas preparado para la conferencia, pero no recibiste respuesta a tus preguntas. ¿Y ahora qué?

¿Qué haces si conscientemente preparaste preguntas para la conferencia general, pero no recibiste una respuesta?

Una mujer tomando notas durante la conferencia general

A menudo se nos anima a prepararnos para la conferencia general formulando preguntas sinceras para las que nos gustaría recibir respuestas. Muchos de nosotros estudiamos diligentemente para encontrar las preguntas que salen de nuestra alma para las cuales deseamos recibir guía. La conferencia general puede ser una experiencia reveladora y se nos enseña a esperar respuestas y milagros.

Pero ¿qué sucede cuando nuestras preguntas no reciben respuesta?

Recuerdo la primera vez que fui a la conferencia genuinamente preparada y aguardé la respuesta que pensaba que se me garantizaba recibir, ¡solo para llegar al final del fin de semana con aún más preguntas!

¿No quería contestarme Dios? ¿Acaso no era yo lo suficientemente fiel? ¿Acaso la revelación no funciona para mí?

Primero, recuerda que Dios te ama

Si saliste de la conferencia con preguntas sin responder, da un paso atrás y recuerda una de las verdades fundamentales del Evangelio: Dios te ama.

El élder Karl D. Hirst, de los Setenta, dijo:

“Se equivocan al pensar que se han colocado fuera del alcance del amor de Dios […].

“Cuando no sentimos la calidez del amor divino, este no se ha marchado”.

Sea lo que sea que sientas en este momento, debes saber que eres amado. A medida que sigas adelante con preguntas en tu corazón, recuerda que Dios te ama y siempre cumple Sus promesas. Encuentra esperanza en lo que sabes mientras esperas respuestas y conocimiento adicionales más adelante.

Después, continúa y actúa

Pero ¿cómo sigues adelante?

No pierdas el empuje que obtuviste al prepararte para escuchar la conferencia general. Continúa y actúa.

El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“No se desesperen si tienen pruebas de fe o preguntas sin respuesta.

“No debemos esperar entenderlo todo antes de actuar […]. Si esperamos a que todas nuestras preguntas reciban respuesta antes de actuar, estamos limitando seriamente el bien que podríamos lograr y limitamos el poder de nuestra fe“.

A continuación se dan varias sugerencias para seguir actuando con fe a fin de que encuentres respuestas a tus preguntas:

  • Repasa los discursos de la conferencia. Tal vez hubo respuestas que no escuchaste o no reconociste la primera vez.

  • Estudia las Escrituras con espíritu de oración.

  • Asiste al templo.

  • Establece metas que puedas alcanzar para poner en práctica en tu vida las enseñanzas de la conferencia.

  • Pide una bendición del sacerdocio de consejo y consuelo.

  • Busca momentos en los que puedas estar tranquilo y dejar que el Espíritu te hable.

Recuerda el poder de tu fe

Podrías sentirte tentado a pensar simplemente que tu fe no es lo bastante fuerte para recibir revelación de Dios. Por fortuna, el presidente Russell M. Nelson dio fin a ese temor:

“A veces quizás nos preguntemos si es posible reunir la fe suficiente para recibir las bendiciones que tanto necesitamos […].

“Si ‘tuvi[ésemos] fe como un grano de mostaza’, podremos ‘[decir] a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada [n]os será imposible’ [Mateo 17:20]”.

Todos podemos aumentar nuestra fe en forma continua, pero la cantidad de fe que tenemos no siempre determina cómo o cuándo nos responde Dios. Si estás haciendo todo lo posible para invitar la revelación a tu vida, recuerda confiar en Él y en Su propio tiempo. En este momento, confiar en Él podría significar simplemente esperar en Él.

A veces puede ser difícil, pero cuando lo hagas, descubrirás que tu voluntad y la de Él, están alineadas. Desarrollarás la paciencia para recibir las respuestas que Dios tiene para ti.

Por último, no “desmay[es]”

El Salvador describe en las Escrituras el sufrimiento que experimentó en Getsemaní con estas palabras: “Padecimiento que hizo que yo, Dios, el mayor de todos, temblara a causa del dolor y sangrara por cada poro y padeciera, tanto en el cuerpo como en el espíritu, y deseara no tener que beber la amarga copa y desmayar” (Doctrina y Convenios 19:18).

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó:

“Sé que una de las más grandes bendiciones de la vida terrenal es no desmayar y permitir que nuestra propia voluntad sea ‘absorbida en la voluntad del Padre’ (Mosíah 15:7) […].

“Sé que si siguen adelante en la vida con fe firme en Cristo, tendrán la capacidad para no desmayar”.

Al seguir adelante con fe en Cristo, ¡no desmayes! Recibirás guía en la medida que permitas que la voluntad de Dios tenga prioridad sobre la tuya. Él te bendecirá con las respuestas que necesites.