2025
El Señor las conocía
Liahona de octubre de 2025


Voces de los miembros

El Señor las conocía

Recientemente fui llamada como presidenta de la Sociedad de Socorro en mi distrito. Estoy verdaderamente agradecida por el privilegio de tener esta nueva asignación porque considero que los llamamientos son una señal de la confianza que el Señor deposita en nosotros para ayudar a avanzar Su obra. Pero al mismo tiempo, es un desafío estar a la altura de ese privilegio y, a menudo, sentimos inquietud acerca de si seremos capaces de cumplir plenamente con lo que el Señor espera de nosotros.

Mi primera asignación en esta nueva responsabilidad fue escoger a mis consejeras. Oré y medité profundamente durante varios días después de que se me extendiera el llamamiento. Nuestro distrito está compuesto por cinco ramas. Tenía una lista extensa de hermanas de donde podía elegir, pero no conocía personalmente a la mayoría de ellas.

Aun así, me esforcé por acercarme al Señor, buscar inspiración y pedir Su guía en oración. Una noche, tuve un sueño especial en el que estaba visitando la casa de una hermana que no conocía. Mi esposo estaba conmigo en el sueño. Mientras estábamos en su hogar, conocimos muchos de los desafíos que ella enfrentaba con su familia. Al salir de su casa, le dije a mi esposo: “Sé que ella (mencionando su nombre específicamente) será una de mis consejeras”. Cuando las presidentas de la Sociedad de Socorro de cada rama me compartieron la lista de nombres de las hermanas que no tenían llamamiento en sus unidades, para mi asombro, el nombre que mencioné en mi sueño apareció en una de ellas. Al verlo, supe que esa era la hermana que el Señor quería que eligiera como una de mis consejeras.

Quería tener una confirmación adicional de esa impresión. Antes de tomar una decisión, decidí visitar cada rama, participar en sus clases y conocer a tantas hermanas como pudiera. Quería saber por mí misma si ella era la elección correcta. Sentía un profundo compromiso de tomar una decisión que agradara al Señor. Debido a las circunstancias, no pude visitar todas las unidades, lo cual me preocupaba.

Ese era mi estado de ánimo al comenzar a ver la conferencia general. Ya tenía dos nombres en mente, pero aún no los había sugerido al presidente del distrito. Con una oración en mi corazón, escuché la conferencia, esperando recibir inspiración. Recibí mi respuesta cuando el élder Steven D. Shumway enseñó: “Aunque resulte más fácil dar a miembros fieles un segundo llamamiento, la manera más excelente consiste en invitar a servir a los menos probables y permitirles aprender y crecer”. Me di cuenta de que las hermanas no necesitaban mi aprobación, ni necesitaban experiencia para servir en este llamamiento. El Señor las conocía y conocía su potencial. Él dirige Su Iglesia y Él elige a Sus líderes.

Después de entregar los nombres y de que las hermanas recibieran sus nuevos llamamientos, hablé con esta buena hermana y supe más sobre ella. Me dijo que no era muy activa en la Iglesia, pero que, aunque no sabía exactamente qué debía hacer, tenía un gran deseo de aprender. Sabía que esta nueva asignación le permitiría acercarse más a nuestro Padre Celestial y disfrutar más plenamente de Su amor. Esto llenó mi corazón de gran gozo.

Esta experiencia me ayudó a reafirmar mi convicción de que Jesucristo dirige Su Iglesia, que los líderes son llamados por Él y que no necesitamos un conocimiento perfecto, sino una disposición genuina para aprender y hacer las cosas que el Señor espera de nosotros. El presidente Thomas S. Monson enseñó: “[Esta] es la obra del Señor y, cuando estamos al servicio del Señor, tenemos derecho de recibir Su ayuda. Recuerden que a quien el Señor llama, el Señor prepara y capacita”.