2025
La decisión de dieciocho meses
Liahona de octubre de 2025


Voces de los miembros

La decisión de dieciocho meses

¡Hola! Me llamo Donnel Nieuenkirk. Soy de Guyana. Fui bautizada el 6 de abril de 2019. Cuatro años después, en 2023, recibí el llamamiento para servir como misionera de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la Misión Jamaica Kingston. Antes de salir de mi amada Guyana, mi camino tomó varios giros preocupantes.

¿Cómo comenzó todo? Completé los formularios de recomendación misional y recibí mi llamamiento. Todo iba bien hasta que mis padres se enteraron de que iría a Jamaica. ¡Estaba tan lejos! Mis padres, especialmente mi madre, decidieron: “No, ¡no vas a ir! Tienes que empezar la escuela y trabajar, ¡y está demasiado lejos!”. Ella dijo: “Podría ser peligroso. Pueden pasar muchas cosas”.

Me sentí muy triste al escuchar eso. Traté de explicar que estaría segura y que al regresar podría continuar con mis estudios. Aun así, mi madre no estuvo de acuerdo y me dio dos opciones: “Uno, te quedas aquí en casa, trabajas y vas a la escuela, o dos, eliges servir esa misión y te olvidas de que tienes familia. ¿Cuál eliges?”.

Me quedé impactada al escuchar eso y la conversación terminó esa noche. Continué preparándome para mi misión con la ayuda de mi presidente de estaca y los miembros del distrito. Me preocupaba estar rompiendo el quinto mandamiento si me iba: “Honra a tu padre y a tu madre” (Éxodo 20:12). Me dijeron que confiara en Dios y que le preguntara qué quería que hiciera. Recuerdo haber llamado a mi presidente de estaca dos veces para decirle que no quería servir. No solo me afectaban las palabras de mi madre, sino también otros conflictos personales, como sentirme inadecuada y dejar atrás a personas que amaba y cosas que deseaba hacer.

Mi presidente de estaca sintió la inspiración de no detener el proceso de mis papeles misionales. Varias semanas después, me llamó y me preguntó si aún deseaba servir. Me invitó a orar y preguntar a Dios si una misión era lo correcto para mí. Después de tres días de meditación, decidí no servir, pero aún no había llamado al presidente de estaca para decírselo. Al día siguiente, él me volvió a llamar y me preguntó: “Entonces, ¿cuál es tu respuesta? ¿Quieres servir?”. Sin dudarlo, dije: “¡Sí, quiero servir en una misión!”. Aunque ya había decidido no hacerlo, el Espíritu me impulsó a decir que sí.

No entendí completamente lo que me sucedió en ese momento hasta que estuve en el campo misional. Cuando me fui, mi madre dejó de intentar convencerme de no servir y me dijo: “Ya eres lo suficientemente grande para decidir, así que adelante, haz lo que quieras”. Mi padre dijo: “Buena suerte”.

Una semana después, estaba en un avión rumbo al CCM. Mientras estuve allí, mi madre no me hablaba en los días de preparación, pero el último día, antes de salir del CCM, mi madre me llamó. Desde ese momento y hasta el final de mi misión, hablamos, tal vez no todas las semanas, pero estaba agradecida de que finalmente mis padres pudieran permitir y apoyar mi decisión de servir a Dios.

En Doctrina y Convenios 84:88, el Señor Jesucristo prometió a todos Sus siervos fieles: “Iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros”.

Aprendí tanto en mi misión y vi tantos milagros. Me ayudó a desarrollar mi testimonio y a crecer hasta convertirme en quien soy hoy: una hija del convenio de Dios, dispuesta a rendirme a Él. El Señor ha bendecido mis relaciones y me ha dado sabiduría. Sé que Él capacita a quienes llama a servir. Sé que el Señor cuida de quienes lo eligen a Él y no a las cosas del mundo. Gracias a Él, somos bendecidos con familias que nos aman. Sé que esto es verdad, en el nombre de Jesucristo. Amén.