Mensaje del Área
De la desesperación a la esperanza: mi historia de fe
Conocí la Iglesia a los dieciséis años gracias a mi hermano mayor, quien era visitado por los élderes. Él fue bautizado, pero yo estaba muy ligada a la Iglesia católica, donde participaba activamente como acólita en la liturgia. Mi hermana y yo vivíamos con nuestra madre, quien trabajaba en un lugar alejado, vendiendo ropa, así que mi hermana y yo nos quedábamos solas en casa. Un día, llegaron a nuestra puerta las misioneras. Ellas siempre estaban dispuestas a ayudarnos y nos dieron las lecciones. Las hermanas Rodríguez y Curisinche fueron quienes nos enseñaron y a los diecisiete años, tanto mi hermana como yo, fuimos bautizadas el mismo día. Fue una experiencia muy hermosa, un sentimiento en el corazón que no puedo explicar.
Asistí a las actividades de las Mujeres Jóvenes y al coro de la Iglesia, pero luego me alejé y comenzó la etapa más difícil de mi vida. Sufrí mucho, viví momentos de maltrato físico y emocional, y llegué a considerar el suicidio. Pasé por una profunda depresión y, cuando supe que tenía una enfermedad incurable, decidí regresar a la Iglesia. Aunque ya había intentado volver anteriormente, me sentía mal porque tenía una pareja con quien no estaba casada. Finalmente, en 2018, decidí casarme y busqué la capilla más cercana a donde vivía. Habían pasado veintiún años desde mi bautismo, entre altibajos y momentos de inactividad.
Le dije a mi esposo que llevaría a mis dos hijas más pequeñas a la iglesia porque quería que ellas vivieran el Evangelio correctamente y porque yo necesitaba paz y tranquilidad. Aunque ya había recibido la ayuda de psicólogos, seguía sintiéndome igual. Pero cuando fui con mis hijas, experimenté una paz y un gozo inmensos al volver a la casa del Señor. Los miembros de la Iglesia fueron muy amables y los misioneros siempre nos visitaban. Mis tres hijas y mi esposo no eran miembros, de hecho, tengo cinco hijos en total. Los dos mayores fueron bautizados cuando eran pequeños, pero luego se alejaron. Estoy trabajando con ellos para que regresen.
El año pasado, mis tres hijas y mi esposo fueron bautizados. Fue algo maravilloso que nunca imaginé. Me emocioné tanto al ver que mi esposo, que proviene de una familia muy católica, finalmente accedió a recibir las charlas y decidió ser bautizado. Me siento increíblemente bendecida.
Llevo tres años siendo activa en la Iglesia y he tenido varios llamamientos. Fui secretaria de la Primaria, luego primera consejera y actualmente soy presidenta de la Sociedad de Socorro de mi rama, además de especialista en autosuficiencia en mi estaca. Me siento muy agradecida porque ahora puedo compartir más momentos y sentimientos en familia. Estamos preparándonos para ir al templo, esperando que mi esposo complete su primer año como miembro para que podamos ser sellados.
He recibido y sigo recibiendo bendiciones. He visto milagros en mi vida. En una ocasión, mi hija estuvo varios días con fiebre. Tomaba medicina, pero la fiebre regresaba. Los élderes le dieron una bendición de salud y esa misma noche, aunque se siguió moviendo mientras dormía, al despertar ya estaba completamente bien, sin fiebre. Sé que el sacerdocio es muy importante para nosotros.
Amo a mi familia y sé que la Iglesia es verdadera. Sé que nuestros profetas reciben revelación para guiarnos en estos tiempos difíciles y que nuestro Padre Celestial nos ama. Lo testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.