“Hallen gozo en su camino en el Evangelio”, Liahona, julio de 2025.
Hallen gozo en su camino en el Evangelio
El resultado supremo de mostrar nuestro amor por el Señor al guardar Sus mandamientos son bendiciones que traen felicidad y gozo.
Fotografía de miembros de la Iglesia alegres en Tailandia, por Christina Smith
Hace algunos años, mientras servía como líder de misión en Japón, asistí a una conferencia de fin de semana en una ciudad rural en uno de los rincones más remotos de nuestra misión. El presidente de distrito había hecho los arreglos para que entrevistara a un hombre que se había unido a la Iglesia un año antes y que deseaba recibir la recomendación para el templo. Esperaba recibir su investidura en el primer aniversario de su bautismo, o cerca de esa fecha.
Durante nuestra conversación, este nuevo miembro describió lo profundamente agradecido que estaba por las abundantes bendiciones que había recibido en el año que había transcurrido desde su bautismo. Cada semana disfrutaba asistiendo a la reunión sacramental y a otras reuniones. Él llegó a participar mucho en las actividades de su rama. Para mí, irradiaba una confianza en los convenios que provenía de comprender su propósito en el Evangelio, el cual ahora formaba parte integral de él. Era un discípulo de Cristo convertido que había experimentado un potente cambio en el corazón (véase Mosíah 5:2).
El resto de nuestra conversación mantuvo un tono optimista. Hablamos de las ordenanzas y de los convenios que formarían parte de su experiencia en el templo. Él respondió afirmativamente a cada una de las preguntas estándar relativas a recibir la recomendación para el templo.
Después de la entrevista, recuerdo que le comenté al presidente de distrito lo agradecido que me sentía por haber conocido a un hombre tan excepcional. Le dije lo impresionado que estaba yo de que los misioneros y los miembros hubieran encontrado y nutrido espiritualmente a alguien de tal calibre y tan promisorio.
Me quedé atónito cuando el presidente de distrito me explicó que hacía más de un año, cuando había comenzado a recibir las lecciones de los misioneros y a asistir a la iglesia, ese hombre era una persona sin hogar y se encontraba en circunstancias extremadamente difíciles, casi sin esperanzas. A continuación, el presidente de distrito describió el modo en que el estudio del Evangelio por parte de ese hermano y su conversión en el transcurso de varios meses condujeron a su milagroso cambio, colocándolo en un camino de autosuficiencia tanto espiritual como temporal, y dándole un sentido de propósito y gozo.
El Evangelio le proporcionó una visión clara del propósito de su vida. Las verdades claras y preciosas del Evangelio brindaron respuestas a preguntas importantes de la vida terrenal, comenzando por el conocimiento de que “Dios es nuestro Padre Celestial y nosotros somos Sus hijos. […] Dios nos conoce personalmente y nos ama”. En Su plan, “el Padre Celestial […] ha proporcionado muchos dones y guías para ayudarnos a regresar a Su presencia”.
Tal fue la bendición para ese hombre, la cual está al mismo alcance de todos los hijos de Dios por medio del Evangelio de Jesucristo.
El propósito de la vida
Gracias a que Jesucristo restauró Su Evangelio por medio del profeta José Smith, “tenemos el entendimiento del propósito de la vida y de quiénes somos”, declaró el presidente M. Russell Ballard (1928–2023). En su testimonio final a la Iglesia, el presidente Ballard, que entonces era Presidente en Funciones del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo lo siguiente:
“Sabemos quién es Dios; sabemos quién es el Salvador porque tenemos a José, quien acudió a una arboleda cuando era un muchacho para buscar el perdón de sus pecados. […]
“Me maravilla —y estoy seguro de que a muchos de ustedes también— cuán bendecidos somos de saber lo que sabemos acerca de nuestro propósito en la vida, por qué estamos aquí y qué deberíamos estar tratando de hacer y lograr en nuestra vida cotidiana”.
Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, ese conocimiento incluye una comprensión del “plan perfecto” de salvación de Dios. También conocido como “el gran plan de felicidad”, “el plan de redención” y “el plan de la misericordia” (Alma 42:8, 11, 15), “elimina el misterio de la vida y la incertidumbre de nuestro futuro”. Una parte esencial de ese plan es “la doctrina de Cristo”, la cual es fundamental para el propósito de la vida.
Gracias a que tenemos el Evangelio, sabemos que somos hijos de Dios, enviados a la tierra para ser probados, pulidos y preparados para “sal[ir] en la resurrección de los muertos, mediante el triunfo y la gloria del Cordero” (Doctrina y Convenios 76:39). Conocemos los mandamientos y somos “suficientemente instruidos para discernir el bien del mal” (2 Nefi 2:5). Sabemos que estamos en la tierra para amar y prestar servicio, y sabemos que el Salvador nos ha llamado a vencer al mundo y a ayudar a los demás a hacer lo mismo (véanse Juan 16:33; Doctrina y Convenios 64:2) en preparación para Su Segunda Venida.
Al centrarnos en Él, lo que José Smith llamó “[el] alegre son del Evangelio del Señor Jesucristo” nos fortalecerá durante los días difíciles, y dará significado y propósito a nuestra vida y a la vida de otras personas.
Every Knee Shall Bow [Toda rodilla se doblará], por Dan Wilson, prohibida su reproducción
Obediencia, bendiciones, gozo
Dios nos ha dado el albedrío moral de modo que podamos ser responsables de nuestras decisiones (véanse Doctrina y Convenios 101:78; 2 Nefi 2:16). Como parte de la “oposición en todas las cosas” (2 Nefi 2:11), a Satanás le es permitido tentarnos para que hagamos mal uso de nuestro albedrío.
Pero el Señor Jesucristo, “sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra” en nuestros días, llamó al profeta José Smith “y le habl[ó] desde los cielos y le di[o] mandamientos” (véase Doctrina y Convenios 1:17). Ese modelo mediante el cual el Señor revela Sus mandamientos y voluntad a Sus profetas continúa en nuestros días con el presidente Russell M. Nelson, y por la misma razón. Dios desea conducirnos a la felicidad en esta vida y a la gloria celestial en la vida venidera.
La obediencia a los mandamientos de Dios debe ser fruto de nuestra devoción y amor por Él. El mismo Señor Jesucristo proclamó que amar a Dios “es el primero y grande mandamiento” (véase Mateo 22:37–38). Él brindó una mayor comprensión cuando proclamó: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
Hay un galardón por amar al Señor y guardar Sus mandamientos. En esta dispensación, Él describió “una ley, irrevocablemente decretada en el cielo […], sobre la cual todas las bendiciones se basan;
“y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (Doctrina y Convenios 130:20–21).
Por lo tanto, el resultado supremo de mostrar nuestro amor por el Señor al guardar Sus mandamientos son bendiciones que traen felicidad y gozo.
Ver la vida a través del lente del Evangelio restaurado y de la revelación moderna nos da claridad. Con la clara perspectiva de nuestro origen y destino divinos, sabemos que “[las] mismas cosas que harán de [nuestra] vida terrenal la mejor vida posible son exactamente las mismas cosas que harán de [nuestra] vida, durante toda la eternidad, la mejor vida posible”.
Conclusión
Termino donde comencé, recordando la experiencia que tuve hace años con un converso reciente en Japón. Por medio de su diligencia y de la diligencia de los misioneros y de los miembros, él encontró el Evangelio restaurado de Jesucristo. Al encontrar el Evangelio, él también descubrió su propósito, lo cual amplió su visión. También descubrió el gran plan de felicidad. La obediencia a los convenios del Evangelio del plan le brindó bendiciones y gozo, elevándolo en lo temporal y en lo espiritual.
El trayecto que lo condujo a ser miembro de la Iglesia de Jesucristo le permitió llegar a ser testigo de Jesucristo. El élder Patrick Kearon, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha descrito el gozo que sigue:
“Debido al amoroso plan de nuestro Padre Celestial para cada uno de Sus hijos, y debido a la vida y misión redentoras de nuestro Salvador, Jesucristo, ¡podemos —y debemos— ser el pueblo con más gozo de la tierra! Aun cuando nos azoten las tormentas de la vida en este mundo a menudo atribulado, podemos cultivar un sentido de gozo creciente y duradero, y de paz interior debido a nuestra esperanza en Cristo y a que comprendemos nuestro lugar en el hermoso plan de felicidad”.
Ofrezco mi gratitud y testimonio del Evangelio restaurado de Jesucristo, incluyendo el gran plan de felicidad tan hondamente arraigado en él. Los invito a participar de los frutos del Evangelio y a sentir más gozo en esta vida en su trayecto hacia la vida eterna.