“Maneras sencillas de llegar a ser más semejantes a Cristo en nuestra ministración”, Liahona, julio de 2025.
Maneras sencillas de llegar a ser más semejantes a Cristo en nuestra ministración
Hay muchas oportunidades a nuestro alrededor de ministrar como el Salvador lo haría.
Ilustración por Jen Tolman
La labor de ministrar, dado que es enviada del cielo, no es complicada. Ofrecer más interés y preocupación se reduce a unas pocas prácticas básicas que, cuando se consideran cuidadosamente, ayudan a “elevar los ojos espirituales hacia cómo vivir la ley del amor de manera más universal”.
Se nos aconseja “vela[r] por [nuestro] pueblo, y […] sustenta[rlo] con cosas pertenecientes a la rectitud” (Mosíah 23:18). Algunas de las maneras clave de ministrar incluyen:
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Acercarse a ellos. Así es como se da lugar a las oportunidades de ministración.
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Háganles saber que se preocupan al interesarse en aprender en cuanto a ellos y al desarrollar empatía.
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Oren para tener oportunidades de ministrar y busquen inspiración para conocer sus necesidades.
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Manténganse en contacto con regularidad para que puedan estar preparados para servir.
Hay muchas oportunidades a nuestro alrededor de ministrar como el Salvador lo haría. A continuación hay cuatro ejemplos que recalcan la ministración a la manera de Cristo.
Conocer a los demás
Por Francisco Lázaro Campos de Sousa, Brasil
Durante una reunión de presidencia del cuórum de élderes, sentí el deseo de conocer a un miembro del cuórum que no era activo, alguien a quien no conocía. Un día, después de ir de compras, sentí la necesidad de ir a su casa. Dudé, pero los sentimientos de conocerlo se intensificaron. Me presenté y dije las cosas que me vinieron a la mente. Le dije que el Señor lo necesitaba y que él necesitaba al Señor.
Compartió su dolor por la soledad y otras dificultades. “Encontrará amigos en el cuórum que lo ayudarán y apoyarán”, le dije. Él aceptó de inmediato mi invitación y asistió a las reuniones dominicales.
Al principio no lo conocía, pero el Señor sí lo conocía y conocía su corazón. Mi convicción se reafirmó. Al ministrar a los hijos de nuestro Padre y orar para conocer sus necesidades, el Señor nos guía hacia ellos. Compartimos la gozosa experiencia de “levanta[r] las manos caídas y fortalece[r] las rodillas debilitadas” (Doctrina y Convenios 81:5).
Tender la mano
Por Ana Rodríguez Ramírez, España
Un día durante mi misión, mi compañera y yo sentimos la impresión de visitar a una hermana del barrio. Recortamos corazones de papel y escribimos mensajes de cariño en ellos para recordarle su valor.
Llegamos a su casa pensando que no estaría allí. Mientras colocábamos los corazones de papel, su auto se detuvo frente a la casa. Mi compañera y yo tratamos de escondernos para no arruinar la linda sorpresa, pero fue en vano. Ella nos vio.
La hermana salió del auto con lágrimas en el rostro. Nos abrazó y dijo: “Ustedes dos son mis ángeles. Siempre están cuando más las necesito. Gracias”.
Nos invitó a pasar y nos contó del largo día que había tenido lidiando con una grave situación familiar. Simplemente la escuchamos. Le dijimos cuánto la amaba Dios y que Él no se había olvidado de lo que ella estaba pasando. Leímos las Escrituras con ella y su hogar rebosaba del Espíritu Santo cuando nos fuimos.
Los discípulos de Jesucristo están “dispuestos a […] consolar a los que necesitan de consuelo” (Mosíah 18:9). Él confía en que formemos parte de Su gran obra: una ministración más elevada y más santa. Cuando dedicamos tiempo a conocer a las personas y escucharlas, estamos mejor preparados para ser los ángeles terrenales de Dios.
Representar al Salvador
Por Talia Rodríguez, Suiza
La oración es una parte integral de ministrar como el Salvador. La oración puede iniciar nuestra búsqueda para saber a quién bendecir. Puede ayudarnos a llegar a comprender la voluntad de los cielos en cuanto a cómo bendecir a otros. La oración es también un paso clave para aprender a cumplir con nuestro deber.
Mi esposo, Mario, sufrió de COVID en los primeros días de la enfermedad, antes de las vacunas. El obispo pidió a un élder de nuestro barrio, Moroni, que le diera una bendición del sacerdocio.
Debido a que no quería contraer el virus y contagiar a su familia, Moroni necesitaba la confirmación de los cielos antes de proceder. Se arrodilló a orar con su esposa, esperando una certeza apacible. Cuando se sintieron en paz, su esposa le dijo: “Ve con tu armadura, Moroni”.
Cuando entró en nuestra casa, vimos a un guerrero del Señor. Mi esposo derramó lágrimas de gozo cuando vio al hermano venir valientemente a darle la bendición que él deseaba. Fue una experiencia indescriptible.
El Salvador vino por medio de Su siervo, nuestro querido hermano Moroni, quien puso las manos sobre la cabeza de Mario y lo bendijo como Cristo lo haría.
Ayudarlos a recibir las bendiciones de los convenios
Por Geiziane Morais Freitas Duarte, Brasil
Una vez ministré a una hermana que había dejado de asistir a la iglesia. Cuando la visitaba, le decía lo mucho que el Salvador la amaba a ella y a su familia. Siempre los invitaba a ir a la iglesia el domingo siguiente. Aquello se prolongó durante mucho tiempo, pero nunca asistían. Me sentía desanimada. La tentación de rendirme era fuerte. Sin embargo, cada vez que mi compañera y yo visitábamos su casa, vislumbrábamos el cielo. Siempre nos los imaginábamos en el templo, vestidos de blanco. Sabíamos que teníamos que seguir intentándolo.
Después de muchas oraciones y visitas, finalmente llegó el día, ¡la familia fue a la iglesia! Continuaron asistiendo cada semana. La familia se esforzó mucho por aumentar su fe y andar en la senda de los convenios. Era evidente que el Evangelio los había fortalecido.
Con el tiempo, recibí una invitación a su sellamiento en el templo. Mientras observaba la sagrada ordenanza, no pude evitar derramar lágrimas de gozo. Fue un milagro.
A veces quería darme por vencida, pero cada vez que los visitaba, veía el templo. Dios me mostró un atisbo de Su plan para esta familia. Me utilizó como Su instrumento para mantenerse en contacto con ellos. Le agradezco que me haya mostrado la verdadera visión de la ministración.
Seguir el ejemplo de Cristo
El gozo y el poder de ministrar se encuentran cuando nos convertimos en una bendición en la vida de alguien, sirviéndole como lo haría el Salvador. La Presidenta General de la Sociedad de Socorro, Camille N. Johnson, enseñó que “siempre que [hacen] algo para brindar alivio a los demás, ya sea temporal o espiritual, […] les están llevando el amor de Jesucristo. Testifico que al hacerlo serán bendecidas para encontrar su propio alivio en Él”.
Llegamos a ser más semejantes al Salvador en nuestra ministración a medida que acudimos al Señor en busca de ayuda en nuestros esfuerzos. Seguimos las impresiones, llegamos a conocer a aquellos a quienes servimos, oramos por ellos, los ayudamos a hacer y guardar convenios, y persistimos en nuestros esfuerzos.
La ministración del Salvador —uno por uno— es un buen modelo para nuestra ministración (véase 3 Nefi 11:15). Como enseñó el élder Juan Pablo Villar, de los Setenta: “Si seguimos a Jesucristo, el Maestro de la ministración, y ministramos a los demás como Él lo haría, Él nos fortalecerá y nos dará poder. Por medio de nuestra ministración, podemos bendecir la vida de otras personas, y hallar paz y gozo para la nuestra”.