“Sembrando los sonidos de la música”, Liahona, julio de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Sembrando los sonidos de la música
Todos podemos buscar maneras de compartir los dones y talentos que Dios nos ha dado, impulsando desde donde estemos.
Ilustración por David Malan/Malan Creative
Siempre he querido tocar en la Orquesta de la Manzana del Templo, la orquesta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Toco el clarinete y tengo un título en música, pero es poco probable que alguna vez tenga la oportunidad.
Después de todo, vivo en Nueva Zelanda.
Sin embargo, el Espíritu Santo me recuerda que puedo “estar conforme” (Alma 29:3) como pionero musical de la Iglesia en Nueva Zelanda y en otras áreas. Mi primer llamamiento, a los dieciocho años, fue como líder de música en la guardería. Desde entonces, he tenido la bendición de dirigir y producir presentaciones musicales de estaca y de barrio, así como de tocar el piano en la Primaria. He compartido música por toda Nueva Zelanda y Filipinas. He cantado a dúo en el Centro de Capacitación Misional de Provo.
La música me ha mantenido en la Iglesia a lo largo de mi difícil batalla contra la ansiedad y la depresión. Cuando sentía que no podía hacer ninguna otra cosa, sabía que podía decir sí para ayudar con la música. La música me ayuda a ver el mundo con ojos espirituales.
Tengo la oportunidad de crear música con mi esposa y mis tres hijos. Juntos, hemos actuado en el barrio, hemos creado una contribución musical para una transmisión misional en la Misión Auckland Nueva Zelanda y hemos cantado para una conferencia de estaca en línea. Sé cómo la palabra de Dios, por medio de los himnos de la Iglesia, invita al Espíritu Santo y puede tocar los corazones de nuestras familias y barrios.
Sigo amando a la Orquesta de la Manzana del Templo desde lejos, pero sé que somos bendecidos cuando buscamos oportunidades de servir y alabar al Señor dondequiera que estemos y de cualquier manera que podamos (véase Salmo 150:6). Estoy agradecido de que podamos compartir nuestro testimonio por medio de nuestros dones y talentos, incluida la música. Somos bendecidos y bendecimos a los demás a medida que compartimos esos dones y talentos con los hijos de Dios e “impulsa[mos] desde donde est[amos]”.