“Calmado hasta dormirse por el Señor”, Liahona, julio de 2025.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Calmado hasta dormirse por el Señor
Dios ayudó a calmar a nuestro hijo y a consolarme cuando lo necesitábamos desesperadamente.
Ilustración por David Malan/Malan Creative
Cuando nuestro primer hijo, Caden, tenía diez meses, mi esposo, David, y yo lo dejamos al cuidado de mis padres por primera vez. Salimos a cenar y luego fuimos al cine. Después que tomamos nuestras palomitas de maíz y nos sentamos, mi madre llamó.
¡Nuestro bebé no respiraba y había una ambulancia en camino!
Conducimos a casa llenos de pánico y corrimos adentro para hallar a Caden en los brazos de mi madre, sonriendo a los paramédicos. Él estaba bien, pero había tenido una convulsión.
Los médicos no pudieron determinar la causa de la convulsión ni de dos convulsiones posteriores, pero recetaron algunos medicamentos para ayudarlo. Como madre primeriza, estaba desolada. Caden parecía estar bien, pero la experiencia hizo tambalear mi fe. El estrés y la preocupación me consumían.
Dos años más tarde, un neurólogo recomendó realizar un electroencefalograma (EEG) a Caden, una prueba que mediría su actividad cerebral mientras dormía. Si los resultados eran buenos, podría dejar de tomar medicamentos para las convulsiones.
Me preocupaba el examen porque Caden había dejado de dormir la siesta un año antes. ¿Cómo lograríamos que se durmiera en un consultorio médico lleno de gente y con electrodos por toda la cabeza?
La noche antes de la prueba, David le dio a Caden una bendición del sacerdocio. Al comenzar la bendición, sentí la fuerte presencia del Espíritu. Supe que todo estaría bien. Fue la primera vez desde su primera convulsión que sentí paz.
Al día siguiente, los médicos le colocaron electrodos en la cabeza a Caden. Luego lo recostamos en la mesa de examen y apagamos las luces.
Se quedó dormido en cuestión de minutos. Puede que eso no parezca un milagro, pero no había dormido una siesta por sí solo durante más de un año.
El Padre Celestial no nos había olvidado. Su Espíritu estaba allí, en aquel consultorio médico, calmando a Caden y consolándome a mí. Mi actitud hacia las pruebas y las bendiciones del sacerdocio cambió ese día. Sé que el poder del sacerdocio es real.
Caden es ahora un joven adulto. No ha tenido convulsiones desde que era bebé. Ha afrontado otros desafíos, pero ha superado la mayoría de ellos. Sé que el Señor sigue velando por él y calmando mis temores (véase Lucas 8:50).