Para la Fortaleza de la Juventud
Nuestra Pascua: la Santa Cena
Para la Fortaleza de la Juventud, marzo de 2026


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Éxodo 12

Nuestra Pascua: la Santa Cena

Hay una conexión entre la Pascua judía de la antigüedad y nuestra Santa Cena semanal.

pan y agua

Ilustraciones por Alyssa Tallent

Antes de que los israelitas de la antigüedad fueran liberados de su servidumbre en Egipto, se les pidió que obedecieran instrucciones específicas del Señor para que el ángel destructor no los lastimara, o pasara de ellos (véase Éxodo 12). Después de salir de Egipto, los israelitas celebraban una fiesta cada año, llamada Pascua, para recordar cómo el Señor liberó a Su pueblo del convenio.

Durante la última semana de Su vida terrenal, Jesucristo asistió a una cena de la Pascua judía. En la actualidad nos referimos a esa comida como la Última Cena. El Salvador aprovechó esa ocasión para presentar la ordenanza de la Santa Cena, de la que participamos cada semana ahora (véanse Mateo 26:26–28; Lucas 22:19–20; Doctrina y Convenios 20:77, 79).

Los siguientes son dos elementos que tienen en común la primera Pascua judía, la Última Cena del Señor y la Santa Cena de nuestra época, que pueden ayudarnos a recordar nuestra liberación por medio del Salvador.

marco de una puerta en la Pascua
La Última Cena
el pan y el agua de la Santa Cena

El pan

Pascua judía: durante siete días, los israelitas comían pan sin levadura (que es más rápido de preparar y menos propenso a echarse a perder).

Última Cena: Jesucristo bendijo y partió el pan sin levadura de la Pascua judía, y se lo dio a los discípulos. Les dijo que lo comieran en memoria de Su cuerpo, que Él sabía que pronto sería quebrantado y moriría, pero que se levantaría de nuevo.

Santa Cena: comemos pan en memoria del cuerpo de Jesucristo.

Jesucristo es el Pan de Vida. Por medio de Su Resurrección, todos resucitaremos con un cuerpo perfecto, incorruptible e inmortal. Él nos libera de la muerte.

La sangre del cordero

Pascua judía: el cordero de la Pascua judía era un cordero macho de un año sin defectos. Lo mataban y recogían su sangre en un cuenco. El hisopo (una hierba) se introducía en el cuenco y se usaba para extender la sangre alrededor del marco exterior de la puerta de la casa. Esa era la señal externa que identificaba al pueblo del convenio del Señor para que el ángel destructor pasara de ellos a fin de que pudieran ser liberados del cautiverio en Egipto.

Última Cena: Jesucristo utilizó vino para representar Su sangre. Les dijo a Sus discípulos que lo bebieran en memoria de Su sangre, que sería derramada por ellos para la remisión de los pecados y como parte de un nuevo convenio.

Santa Cena: bebemos agua en memoria de la sangre de Jesucristo.

Jesucristo es el Cordero de Dios y Su sangre fue derramada mientras sufría por nuestros pecados y debilidades. Su sangre —Su sacrificio— nos purifica y Él nos libera del pecado.