Para la Fortaleza de la Juventud
Descubrir la Expiación del Salvador en el Antiguo Testamento
Para la Fortaleza de la Juventud, marzo de 2026


Tesoros escondidos

Descubrir la Expiación del Salvador en el Antiguo Testamento

Presta atención y aprende en profundidad.

Algunas personas podrían pensar que el Antiguo Testamento, que se escribió antes de que naciera el Salvador y no menciona a Jesucristo por Su nombre, no tiene mucha información sobre la Pascua de Resurrección. Sin embargo, tal como se aclara en el Libro de Mormón, las personas de la antigüedad también sabían del Salvador y tenían fe en Él (véase Jacob 4:4).

A los israelitas se les enseñó que el propósito de la ley de Moisés era guiarlos hacia Cristo. Por ejemplo, cuando fueron sanados de mordeduras de serpientes venenosas mirando la serpiente de bronce que Jehová le había mandado hacer a Moisés, este les enseñó que eso simbolizaba al Salvador, que vendría y los salvaría de sus pecados (véanse Números 21:7–9; Alma 33:18–20).

Lamentablemente, falta mucha de esa claridad en la Biblia que tenemos hoy en día, debido a los cambios —tanto intencionales como accidentales— que se han ido introduciendo en ella a lo largo de los siglos (véase 1 Nefi 13:23–27).

Sin embargo, si buscas, todavía puedes encontrar muchas referencias al Salvador y Su Expiación en el Antiguo Testamento. ¡Hablemos de algunas de ellas!

Jesucristo en Getsemaní

El Domingo de Ramos, Getsemaní y el juicio

“Tu rey viene a ti, justo y trayendo salvación, humilde y montado sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9).

Eso se cumplió en lo que ahora se conoce como Domingo de Ramos, siete días antes de la Pascua de Resurrección, cuando Jesús entró triunfante en Jerusalén (véase Mateo 21:15).

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y afligido” (Isaías 53:4).

En Getsemaní, el Salvador sufrió por todos los pecados —y sintió los pesares, dolores, enfermedades y aflicciones— de cada persona que había vivido o que viviría en la tierra. Gracias a eso, Él sabe cómo consolarnos durante nuestras pruebas (véase Alma 7:11–13; véase también Mateo 8:17).

“Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció, así no abrió su boca” (Isaías 53:7).

Jesús permaneció en silencio cuando el sumo sacerdote lo interrogó (véase Marcos 14:60–61).

Crucifixión

La Crucifixión

“Me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies” (Salmo 22:16).

“Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Salmo 22:18).

“Me pusieron además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre” (Salmo 69:21).

La crucifixión era un método de ejecución habitual en esa época, pero los soldados romanos fueron particularmente crueles cuando se burlaron del Salvador y lo atormentaron (véanse Juan 19:1–3; Mateo 27:34–35, 48).

Jesucristo en el sepulcro con María

La Resurrección

“Destruirá a la muerte para siempre, y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra, porque Jehová lo ha dicho” (Isaías 25:8).

“Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo. Y después de deshecha esta mi piel, aún he de ver en mi carne a Dios” (Job 19:25–26).

El Señor Jesucristo resucitó. ¡Él vive hoy! Innumerables pasajes de las Escrituras y testimonios lo confirman. Es más: nuestro Padre Celestial sabía desde el principio que necesitaríamos un Salvador, y ha estado preparando a Sus hijos para recibirlo desde la época del Antiguo Testamento.