Promesas para la eternidad
Aprender que las familias pueden ser eternas ha bendecido a mi familia para siempre y también puede bendecir a la tuya.
Los padres del élder Soares, Aparecido y Mercedes Soares
Cuando era joven, mi padre, Aparecido, no estaba interesado en la religión. Sus padres eran buena gente, pero no religiosos. Sin embargo, al llegar a la edad adulta, leyó la Biblia, asistió a clases sobre ella y estudió la vida de Jesucristo. Eso hizo que tuviera gran interés en el Evangelio del Salvador y en la familia. Quería casarse con alguien con el mismo interés.
Mi madre, Mercedes, provenía de una familia profundamente religiosa. Asistían a la iglesia y practicaban su religión. Al crecer en ese ambiente, mi madre nunca faltó a la iglesia.
Después de que mis padres se casaron y llegamos mis tres hermanos y yo, hicieron todo lo posible por criarnos según las enseñanzas del Salvador. Un día, mi tía le dijo a mi padre: “Si realmente quieres criar a tus cuatro hijos centrados en Cristo y tener a Dios en tu familia, necesitas aprender más acerca de mi iglesia”.
Ella era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
El Evangelio bendice a mi familia
Mi padre no estaba muy interesado en averiguar más acerca de la iglesia de mi tía, y no pasó nada hasta que los misioneros llamaron a nuestra puerta. Mientras nos enseñaban, una cosa que a mis padres les interesó en el Evangelio restaurado de Jesucristo fue la importancia de la familia, y cómo el Evangelio bendice a las familias.
Durante meses, mis padres asistieron a la iglesia y se relacionaron con los miembros, pero no se bautizaron de inmediato. Al reunirse con los misioneros y continuar estudiando el Evangelio, aprendieron la importancia de enseñar a sus hijos la luz y la verdad, y que las familias pueden ser eternas. Finalmente se bautizaron.
La idea de tener familias eternas conmovió tanto el corazón de mis padres que llegó a ser el punto clave de su conversión. También invitaban a los vecinos a escuchar las lecciones misionales con frecuencia.
Edificar familias eternas
Después del bautismo de mis padres, hacían la noche de hogar y estudiaban las Escrituras con regularidad, asistían fielmente a la Iglesia y comenzaron la obra de historia familiar. Con esos esfuerzos esperaban crear una familia centrada en el Evangelio de Jesucristo y deseaban sellarse como una familia eterna.
El año en que mis padres se bautizaron, no había templo en Brasil. El templo más cercano a donde vivíamos en São Paulo era el Templo de Mesa, Arizona, ¡a casi 9650 km (6000 millas) de distancia! Los viajes eran demasiado caros, así que mis padres esperaron durante años la dedicación del Templo de São Paulo, Brasil, el primer templo construido y dedicado en toda Sudamérica, para poder recibir las ordenanzas del templo y ser sellados. Para entonces, yo estaba sirviendo en una misión en Río de Janeiro.
Unos dos meses antes de concluir mi misión, mi presidente de misión nos permitió a mi compañero y a mí viajar durante la noche con miembros de la estaca desde Río de Janeiro hasta el Templo de São Paulo, Brasil, para que yo pudiera sellarme a mis padres y recibir mis propias ordenanzas del templo. Mi experiencia en el templo tuvo un tremendo impacto en el resto de mi misión. Me encantaba testificar del templo y de la importancia del plan de Dios para las familias. El templo también cambió mi visión del futuro.
El élder Soares cuando era un joven misionero, con su hermano y sus padres
Cuando regresé de la misión, quería encontrar una compañera eterna y sellarme en el templo. Conocí a mi esposa, Rosana, mientras servíamos en la misma misión. Varios meses después de nuestra misión, nos volvimos a encontrar en un baile multiestaca. Comenzamos a salir y dos años después nos casamos y nos sellamos en el templo con la meta de criar a nuestra propia familia eterna.
El élder Soares y su esposa, Rosana
Rosana y yo trabajamos juntos para crear una familia centrada en el Salvador, en Sus enseñanzas y en las enseñanzas de Sus profetas y apóstoles. Con el tiempo tuve la bendición de sellar a mis tres hijos a sus cónyuges. Verlos arrodillados ante el altar del templo fue una experiencia inolvidable y hermosa. Hoy en día, nuestros hijos crían a sus hijos en el Evangelio, tal como mis padres lo hicieron con mis hermanos y conmigo, y como Rosana y yo hemos tratado de hacer con ellos. ¡Puedo ver que las bendiciones del Evangelio continúan eternamente para nuestra familia!
El élder Soares con su esposa, sus hijos y los cónyuges de estos
El Salvador lo hace posible
Dondequiera que voy para una asignación de la Iglesia, trato de encontrar un pequeño pesebre para comprar y llevar a casa. Rosana y yo sentimos que estos pesebres nos ayudan a conectarnos con el Salvador. ¡Hoy tenemos una gran colección! Un año, antes de Navidad, pusimos todos nuestros pesebres en dos estantes grandes en nuestra casa. Después de Navidad, decidimos dejarlos. Todos los días esos pesebres nos recuerdan lo que es más importante para nosotros: el Salvador, Su Evangelio y nuestra familia.
El élder Soares deja que su colección de pesebres le recuerde al Salvador durante todo el año.
Para nosotros, la familia lo es todo porque “la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de Sus hijos”. Pero sin Jesucristo, ese plan no es posible. Su Expiación y Su Evangelio hacen posible la promesa de las familias eternas.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “Únicamente mediante las ordenanzas salvadoras del Evangelio de Jesucristo pueden ser exaltadas las familias. El principal objetivo al que aspiramos es ser felices como familias: investidos, sellados y preparados para la vida eterna en la presencia de Dios”.
En nuestros días, los profetas y apóstoles han enseñado que “la felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”. Sea cual sea tu situación familiar, a medida que hagas todo lo posible por seguir al Señor, Él te bendecirá con fortaleza para encontrar maneras de edificar a la familia que tienes ahora y a la que tendrás algún día. Él te ayudará a progresar hacia la gloriosa posibilidad de que algún día vivas gozosamente con tus seres queridos, con Él y con nuestro Padre Celestial para siempre.