Desarrollar resiliencia emocional: Mitzi Semo
Devocional de la Sociedad de Socorro 2026: Una reunión mundial de mujeres
Domingo 8 de marzo de 2026
Cuando era una madre joven y nuestro hijo mayor tenía un año, recibí una llamada del trabajo de mi esposo. Me dijeron: “Tu esposo ha sufrido un grave accidente. Necesitamos que vayas al hospital de inmediato”. Recuerdo que me subí al auto y traté de arrancarlo, pero me di cuenta de que temblaba muchísimo. Estaba mucho más preocupada de lo que pensaba. Me senté allí y tuve que hacer una oración. Entonces tuve un sentimiento sobrecogedor de paz y calidez y supe que todo iba a estar bien. Cuando llegué al hospital, el médico me dijo: “No sabemos si su esposo saldrá adelante”. Recordé la sensación que había tenido en el auto, y no era como si el Señor me estuviera diciendo: “No te preocupes, tu esposo va a estar tan sano como antes”, pero aun así sabía que íbamos a estar bien sin importar cuál fuera el resultado.
Y cuando pienso en ser emocionalmente resiliente, pienso en la paz que el Salvador te da y te ayuda a sentir. Independientemente del resultado y de la situación en cuestión, sabes que Él está allí y que te ayudará a superar todo. Y así es como me sentí durante toda esa dura prueba. No fue fácil. Pasamos por un año lleno de dificultades, tanto físicas como espirituales, pero lo superamos y aprendimos mucho.
Yo diría que no todos vamos a tener las mismas experiencias en la vida; pero sé que, en ese momento, yo necesitaba acudir al Señor y tener una relación con Él. Al hacerlo, sentí que realmente podría superar esto. Entonces mi resiliencia emocional se construyó sobre el fundamento del Evangelio y de Jesucristo. Así que, más adelante, cada vez que sucedía algo más, recordaba aquello.
Y también debo decir que cada domingo, cuando tomo la Santa Cena, cuando se dice que recordemos al Salvador, recuerdo las experiencias que tuve con Él. Y eso también ha fortalecido mi resiliencia emocional, porque ese recuerdo me ayuda a entender quién soy como hija de Dios, que tengo un propósito aquí y que estoy aquí para ayudarlo a Él a edificar Su reino. Así que, independientemente de lo bueno o malo que sea nuestro futuro, sé que siempre habré acudido y siempre acudiré al Salvador. Confío en esa relación, y de ahí proviene mi resiliencia emocional.