Todos somos bendecidos por la influencia y la fe de las mujeres
Devocional de la Sociedad de Socorro 2026: Una reunión mundial de mujeres
Domingo 8 de marzo de 2026
Queridas hermanas, me complace poder participar en este maravilloso evento de la Sociedad de Socorro. Agradezco todo lo que ha tenido lugar. Me encantan los mensajes que dieron la presidenta Camille N. Johnson, la hermana J. Anette Dennis y la hermana Kristin M. Yee.
Se me ha bendecido con mujeres excepcionales en mi vida y estoy eternamente agradecido por su influencia en mí. Mi agradecimiento excede mi capacidad de comunicarlo adecuadamente. Ellas han procurado la excelencia en todos los aspectos de su vida, pero han dado preeminencia a sentir y apreciar el amor de Dios en su vida.
Mi esposa, Mary, ha ejemplificado ello y trata de vivir “viendo el lado bueno de la vida”.
Siento una gran responsabilidad al dirigirme a ustedes, mujeres maravillosas. Las amo y admiro por quiénes son, y por su dedicación para con el Señor y Su Iglesia en este mundo difícil.
Queridas hermanas, les ruego que no subestimen el poder y el impacto de la influencia capaz, amorosa y sensible que ejercen en aquellos con quienes se relacionan. Bendicen a muchas personas al esforzarse por llevar una vida semejante a la de Cristo.
A veces, en su deseo sincero de seguir a Jesucristo y hacer el bien, quizás sientan que sin importar lo mucho que trabajen o lo que hagan, no es suficiente. A veces, pese a que todos los demás crean que ustedes lo han hecho “a la perfección”, quizás se sientan inadecuadas e ineficaces. Sin embargo, la excelente labor que realizan, la bondad que muestran y el amor que manifiestan son bendiciones inconmensurables para quienes tienen el privilegio de relacionarse con ustedes, ¡y sí bastan!
Vivimos en tiempos turbulentos. El mundo está en conmoción, literalmente. Muchos de los desafíos se hallan en el ámbito espiritual. Son problemas sociales que como personas individuales no necesariamente podamos resolver pero, sin embargo, sí nos atañen. Convencer a las personas de escoger la rectitud es un desafío de larga data. Siempre ha habido “oposición en todas las cosas”. La diferencia hoy es que los escépticos del “edificio grande y espacioso” parecen gritar más, y ser más contenciosos y menos tolerantes que en ningún otro momento durante mi vida.
En realidad, esos tipos de desafíos siempre han existido. Un año antes de que se organizara La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el profeta José Smith estaba traduciendo el Libro de Mormón. El Señor reveló a José y a Oliver Cowdery lo que ahora es la sección 6 de Doctrina y Convenios; esta contiene consejo para tiempos difíciles.
El Señor los consoló: “No temáis, rebañito; haced lo bueno; aunque se combinen en contra de vosotros la tierra y el infierno, pues si estáis edificados sobre mi roca, no pueden prevalecer”. También les aconsejó: “Mirad hacia mí en todo pensamiento; no dudéis; no temáis […]. Sed fieles; guardad mis mandamientos y heredaréis el reino de los cielos. Amén”.
Al recordar a aquellos primeros santos, nos conmueven profundamente las dificultades que sobrellevaron y el ejemplo que dieron de reconocer el amor de Dios y de ministrarse unos a otros.
La base o punto de partida para reexaminar nuestra vida y nuestro compromiso para con el Evangelio de Jesucristo es el bautismo.
Para muchos de nosotros, excepto los nuevos conversos y los más jóvenes, el bautismo fue hace muchos años. El gran profeta Alma nos habla elocuentemente al declarar: “Y ahora os digo […] si habéis experimentado un cambio en el corazón, y si habéis sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime, quisiera preguntaros: ¿Podéis sentir esto ahora?”.
Alma continúa con un hondo mensaje que es completamente relevante para nuestros días. En esencia, pregunta a los santos: “Si les tocase morir, ¿estarían preparados para comparecer ante Dios?”. Luego Alma recalca cuatro cualidades para ser irreprensibles delante de Dios.
Primero, ¿somos suficientemente humildes?. En cierto sentido, es un regreso al requisito del bautismo: humillarnos, y tener un corazón quebrantado y un espíritu contrito.
Segundo, ¿nos hallamos despojados del orgullo?. Al referirse al orgullo, Alma aconsejó en contra de hollar con los pies al Santo y de inflarse de orgullo, poniendo el corazón en las vanidades del mundo y las riquezas, suponiendo que somos mejores que otros, persiguiendo a quienes son humildes.
Tercero, ¿estamos despojados de la envidia?. Para quienes tienen grandes bendiciones pero no sienten gratitud pues solo pueden centrarse en lo que otros tienen, la envidia puede ser muy perniciosa. La envidia al nivel de vida ha aumentado conforme la fama y la fortuna han reemplazado a la fe y la familia como una aspiración fundamental para gran parte de la sociedad.
Cuarto, ¿nos burlamos o perseguimos a algún hermano o hermana?. En el mundo de hoy, vemos mucho de eso en las redes sociales.
¿Podría haber algo más indicado para los problemas que existen en nuestros días que ese mensaje sobre el orgullo, la envidia y las persecuciones?
El gran debate en gran parte del mundo es sobre problemas económicos temporales y cotidianos. Sin embargo, se habla muy poco sobre volver a los principios de Cristo centrados en la preparación para comparecer ante Dios y en la condición de nuestro espíritu. Necesitamos centrar nuestra vida en cuestiones espirituales y aumentar el énfasis en ellas.
Siempre me he sentido inspirado al repasar los acontecimientos previos a la dedicación del Templo de Nauvoo. En particular, me ha impresionado la fe de las hermanas. El atributo que prevalece en todo momento es la fe de las hermanas. Su fe en el Evangelio restaurado de Jesucristo y en el Profeta de la Restauración, José Smith, era muy notable.
Esas dedicadas mujeres demostraron su fe en la importancia eterna de la investidura y del sellamiento en el templo mediante los sacrificios que estuvieron dispuestas a hacer. Sacrificaron su tiempo y lo poco de valor que tenían. También, por asignación, efectuaron la primera obra de ordenanzas realizada en el Templo de Nauvoo. Mientras ayudaban a preparar a los santos para salir de Nauvoo, muchas de las hermanas dejaron registros sobre cómo habían ayudado en las ordenanzas del templo todo el día, y luego cocinado y lavado durante gran parte de la noche. Sin embargo, dejaron en claro que la fe y el conocimiento que se les había conferido en el templo les permitieron regocijarse al aventurarse a lo desconocido y cruzar las llanuras.
Históricamente, las mujeres han tenido la mayor responsabilidad por el hogar y los hijos y, por ende, el deseo de seguridad y estabilidad. La fe de las hermanas al estar dispuestas a abandonar Nauvoo y aventurarse a lo desconocido fue inspiradora.
Los sentimientos de la hermana Bathsheba Smith, de los que escribió al prepararse para partir, son muy conmovedores. Había vivido la movilización de los populachos contra los santos de Misuri y presenciado la muerte del apóstol David W. Patten. Al afrontar la evacuación de Nauvoo, escribió:
“Lo último que hice al dejar ese hermoso lugar fue limpiar los cuartos, barrer el piso y colocar la escoba en su lugar habitual, detrás de la puerta. Después, con el corazón conmovido […], cerré despacio la puerta y me dirigí hacia un futuro incierto […]; lo hice con fe en Dios y con la misma seguridad de que el Evangelio finalmente se establecería en el Oeste y de que sus principios eran verdaderos y perdurables; seguridad que había sentido durante los tiempos difíciles en Misuri”.
La hermana Smith escribió de la pobreza, las enfermedades y privaciones que sufrieron los santos al dirigirse al Oeste. En marzo de 1847, falleció su madre y al mes siguiente nació John, su segundo hijo. Su registro sobre ello fue muy breve: “Fue mi último hijo y solo vivió cuatro horas”.
Más adelante en su vida, fue directora de las obreras del Templo de Salt Lake y la cuarta Presidenta General de la Sociedad de Socorro.
Si tuviéramos que describir los atributos más significativos de nuestras hermanas pioneras, sería su inquebrantable fe en el Señor Jesucristo.
Pienso que las mujeres de la Iglesia hoy en día son igual de fuertes y fieles. Si lo miramos bien, la fe es una expresión de amor y agradecimiento por el Salvador. Gracias a Su sacrificio expiatorio, ninguna desilusión es definitiva y prácticamente ninguna transgresión es irreparable. Al centrar nuestra fe en Jesucristo y permanecer en la senda de los convenios, podemos alcanzar nuestras metas eternas.
Las condiciones del mundo hoy requieren cada vez más profundizar la conversión individual al Padre Celestial, y a Jesucristo y Su Expiación, y fortalecer la fe en Ellos. La doctrina y las Escrituras de la Iglesia proporcionan una hoja de ruta inspirada para ayudarnos a tomar decisiones rectas. El profeta del Señor, el presidente Dallin H. Oaks, provee guía específica para nuestros días. El Señor nos ha preparado, línea por línea, para los tiempos peligrosos que ahora afrontamos.
Independientemente de nuestras pruebas, con la abundancia de guía espiritual que tenemos hoy, seríamos desagradecidos si no apreciáramos nuestras bendiciones.
Gracias por quienes son y por lo que hacen. Les testifico que Jesucristo es el Salvador y el Redentor del mundo. Él vive y brinda el amor y la guía que necesitamos para volver a Él. De ello testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.