Habilidades para la vida
¿Tienes dificultades para incluir los alimentos en tu presupuesto? Lee esto
¿Qué haces cuando tú eres el hambriento y afligido?
¿Alguna vez has tenido que elegir entre comprar comestibles o pagar facturas? ¿O has llegado a casa y te has encontrado con la nevera o las alacenas vacías sin saber cómo las llenarás?
Si es así, has experimentado inseguridad alimentaria. Y podría ser más común de lo que piensas, especialmente entre los jóvenes adultos que todavía están tratando de resolver su vida.
No padezco inseguridad alimentaria… ¿o sí?
Alimentar al hambriento y al afligido es la piedra angular de nuestra religión. Las Escrituras nos enseñan a servir a los necesitados y a los pobres (véase Isaías 58:10; Mateo 25:35).
Pero a veces, incluso cuando estás en una situación complicada, es difícil pensar en ti mismo como “el necesitado” o “el hambriento”. Tal vez sientas que hay otras personas en el mundo que tienen más hambre que tú o que tu experiencia no es lo suficientemente extrema como para buscar ayuda.
Esta es la realidad: puedes tener un techo sobre tu cabeza, una cama para dormir, un automóvil para conducir e incluso un trabajo y aún así enfrentarte a la inseguridad alimentaria.
La inseguridad alimentaria no se trata solo de no tener suficiente comida; también se trata de no poder permitirse alimentos nutritivos.
Pasar días o semanas sin comidas regulares y equilibradas puede afectar gravemente a tu bienestar. Una nutrición adecuada te permite vivir una vida plena y llena de gozo. Los nutrientes te dan el combustible que necesitas para participar plenamente en los estudios, el trabajo, la iglesia y el hogar.
Si sufres inseguridad alimentaria durante el tiempo suficiente, es posible que comiences a sentirte aislado, ansioso y desesperado. Simplemente “pasar hambre” o “aguantar” no es la respuesta.
Pero, ¿qué puedes hacer al respecto?
¿A quién puedo acudir para recibir ayuda?
1. Ora para pedir paz y guía.
Durante Su ministerio, Cristo dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). Al invitar a Cristo a tu vida, Él te fortalecerá y el Espíritu te guiará en tu búsqueda de apoyo.
2. Evalúa tus gastos.
Pregúntate: “¿Estoy priorizando mi bienestar físico en mi presupuesto?”. Cuando el dinero es escaso, puede resultar fácil descartar los alimentos nutritivos por considerarlos no esenciales. Pero antes de prescindir de ellos, considera si hay formas más saludables de distribuir tus fondos.
3. Busca la ayuda de tus líderes locales de la Iglesia.
Tus líderes de la Iglesia pueden dirigirte a los bancos de alimentos locales, hacer un pedido en una tienda de comestibles local, ponerte en contacto con los recursos de la comunidad y ofrecerte apoyo personalizado. Es probable que también te animen a buscar la ayuda y el apoyo de tu familia. También es posible que te presenten el programa de autosuficiencia de tu rama o estaca, donde puedes tomar clases sobre temas que van desde las finanzas personales hasta la resiliencia emocional. Estos recursos pueden ayudarte a elaborar un plan de presupuesto que te ayude a apartar suficientes fondos para una alimentación adecuada cada mes.
Si te encuentras en los Estados Unidos, Canadá o Sudamérica, la Iglesia ofrece un programa de bienestar en los almacenes del obispo, donde puedes encontrar ayuda temporal con alimentos y otros suministros esenciales. Haz una cita con tu obispo para hablar en privado de tus necesidades. Bajo la dirección de tu obispo, un miembro de la presidencia de la Sociedad de Socorro o del cuórum de élderes también puede ayudarte a llenar un formulario de Alimentos y mercaderías para comenzar.
¿Qué pasa si tengo miedo de pedir ayuda?
Jesucristo sufrió “dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases” (Alma 7:11), incluido el hambre. Él organizó Su Iglesia para aliviar no solo el sufrimiento espiritual, sino también el temporal. Parte de la razón por la que se nos ha asignado ministrarnos unos a otros es para evaluar este tipo de necesidades.
Pero si ocultas tus dificultades, nadie sabrá que necesitas ayuda. Tienes que pedirla, y tal vez tengas que dejar de lado tu orgullo para hacerlo.
Reconoce que padecer inseguridad alimentaria no significa que estés fracasando, que estés desamparado o en la quiebra. No permitas que el miedo a que los demás juzguen o tus reservas personales en cuanto a pedir ayuda te impidan buscar la ayuda que podría cambiarte la vida.
Si has pedido ayuda y aún te encuentras en una situación difícil, no pierdas la esperanza. Recuerda que el Padre Celestial te ama y que no estás solo. Ten paciencia, toma decisiones meditadas y sigue el consejo de tus líderes.
De acuerdo… creo que puedo hacerlo
Afrontar la inseguridad alimentaria y esforzarse por superarla requiere mucha fuerza y valor. Puede resultar intimidante admitir que estás luchando y aún más desalentador pedir ayuda a alguien.
Al seguir adelante con fe, recuerda: tus circunstancias no te definen.
El presidente Russell M. Nelson (1924–2025) dijo en una ocasión que “el gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene mucho que ver con el enfoque de nuestra vida”.
Acude al Salvador, busca ayuda y vuelve a sentir gozo.