Publicación semanal para jóvenes adultos
El mejor día de la historia trasciende todos nuestros peores días
Publicación semanal para jóvenes adultos, abril de 2026


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

El mejor día de la historia trasciende todos nuestros peores días

La Resurrección de Jesucristo no es solo un momento en la historia: para mí es una fuente diaria de esperanza.

luz que entra en el Sepulcro vacío del huerto

¿Alguna vez has tenido un momento que te cambió la vida por completo, del tipo que parece arruinarlo todo? Yo lo he tenido, y no hubo nada que pudiera hacer para detenerlo.

En un momento, mis hermanos y yo estábamos sentados en el sofá de la sala, esperando en silencio. Al momento siguiente, sentí como si todo mi mundo se derrumbara.

La explicación despreocupada de mi padre sobre su decisión de solicitar el divorcio contradecía todo lo que yo creía saber. Pensaba que éramos una familia feliz. Pensaba que el estudio diario de las Escrituras y la oración familiar debían mantenernos unidos.

A partir de ese momento, muchas cosas cambiaron. Los recuerdos felices de mi infancia comenzaron a tornarse amargos. Mis padres se volvieron a casar. Mis hermanos empezaron a elegir el lado de mamá o de papá.

Me preguntaba qué había pasado con mi vida.

El día en que nos comprometemos a seguir a Cristo

Me parecía tan injusto: ¿por qué la decisión de otra persona tenía que arruinar mi vida?

¿O lo hizo? Durante un tiempo, el divorcio de mis padres se sintió como el día más importante de mi vida. Pero un discurso dado por el élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, me hizo reconsiderar la situación.

Él enseñó: “El día más importante de la historia de la humanidad fue aquel en el que Jesucristo, el Hijo viviente de Dios, logró la victoria sobre la muerte y el pecado para todos los hijos de Dios”.

Luego agregó que el día más importante de nuestra vida es aquel en el que nos comprometemos a seguir a Jesucristo, un día que esperaba que se repitiera “una y otra vez en nuestra vida”.

Así que, sí, aunque el divorcio de mis padres sí cambió mi vida, la Expiación de Jesucristo cambió el rumbo de la historia de la humanidad. Y eso no es todo; he aprendido que, debido a los acontecimientos de la Pascua de Resurrección, Cristo puede cambiar el rumbo de mi vida, todos los días.

Restaurar la esperanza

Al avanzar por la vida tras el divorcio de mis padres, aprendí que Jesucristo es realmente la fuente suprema de paz y esperanza.

El apóstol Pablo llamó a Cristo “sumo sacerdote de las cosas buenas por venir” (Hebreos 9:11). Los sumos sacerdotes que lo precedieron ofrecían sacrificios de animales a semejanza de Su futura ofrenda. Luego, Jesucristo ofreció Su propia vida como sacrificio expiatorio infinito, redimiéndonos del pecado y de la muerte para siempre y señalándonos la esperanza de la resurrección y la vida eterna. Gracias a Su sacrificio, podemos estar seguros de que nos esperan cosas buenas en esta vida y en la venidera.

Esa certeza —de que mi futuro sería más brillante que mis circunstancias actuales— me dio la esperanza que necesitaba para seguir adelante. Para mí, la Pascua de Resurrección es una celebración de esa esperanza.

El día en que Cristo fue crucificado, la esperanza pareció desvanecerse. El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Creo que de todos los días desde el comienzo de la historia del mundo, aquel viernes fue el más tenebroso”.

Él continuó:

“Cada uno de nosotros tendrá sus propios viernes, días en los que el universo mismo parece deshecho y los pedazos de nuestro mundo yacen esparcidos hechos trizas. […]

“Pero les testifico en el nombre de Aquel que conquistó la muerte: el domingo llegará”.

Ese primer domingo de Pascua de Resurrección  llegó, dejando atrás las tinieblas de los días anteriores. La Resurrección de Cristo devolvió la esperanza a Sus discípulos en todas las épocas. Esta esperanza puede trasladarse a nuestra vida diaria.

Sanar lo que estaba roto

El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “[Jesucristo] vive, no solo en aquel entonces, sino ahora; no solo para algunos, sino para todos. Él vino y sigue viniendo a sanar a los quebrantados de corazón, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos y poner en libertad a los quebrantados. Esos somos cada uno de nosotros. Sus promesas de redención se cumplen, independientemente de nuestro pasado, nuestro presente o lo que pensemos de nuestro futuro”.

El poder sanador de Cristo es real. Durante años, no hablé con mi padre. Traté de olvidar lo que había hecho. Supliqué que la gracia de Cristo me ayudara a dejar atrás mi enojo. El Espíritu me ayudó a entender qué debía hacer y, finalmente, pude perdonarlo. Nuestra relación, aunque aún se está recuperando, fue infundida con nueva vida.

La Pascua de Resurrección es un recordatorio de que, por medio de Jesucristo, la esperanza vencerá a la desesperación, la vida vencerá a la muerte y la luz vencerá a la oscuridad. Elegir seguirlo a Él es la decisión que da forma a mi vida, no otra decisión tomada por otra persona.

En algún momento, todos afrontaremos momentos que cambiarán nuestra vida. La belleza del Evangelio es saber que esos días no son los que más importan. El día más importante ya ha sucedido, y podemos vivirlo todos los días.