Publicación semanal para jóvenes adultos
Tres verdades del Evangelio que me dan esperanza cuando el mundo parece desesperanzador
Publicación semanal para jóvenes adultos, abril de 2026


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Tres verdades del Evangelio que me dan esperanza cuando el mundo parece desesperanzador

Las verdades del Evangelio siempre pueden brindarnos esperanza en medio de la incertidumbre.

una mano que abre una cortina y deja entrar la luz

Cuando me topé por primera vez con el término “mormones” en internet a los dieciocho años, casi todo lo que leí era negativo. Pero, de todos modos, algo acerca de esta religión me atrajo. En ese momento, estaba lejos de casa y me sentía ansiosa por mi futuro.

Crecí siendo cristiana, pero mi iglesia no tenía una doctrina estructurada y sentía que faltaba algo. Por eso decidí estudiar diferentes religiones y sentí la impresión de aprender más sobre esa religión.

Pronto descubrí la página “Venid a Cristo” y aprendí más sobre La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Me di cuenta de que era diferente de lo que había estudiado antes. Cuando me reuní con los misioneros, sentí que la doctrina que me enseñaban era correcta.

Las verdades del Evangelio me han enseñado que, como discípulos de Jesucristo, siempre podemos tener esperanza. Las siguientes son tres de esas verdades.

1. El ser pacificadores cambia el mundo

Cuando mis padres se enteraron de que me reunía con los misioneros, les prohibieron que vinieran a nuestra casa. No querían que me bautizara y cuando se enteraron de que tenía un ejemplar del Libro de Mormón, estalló una discusión y mi ejemplar fue destruido. Me sentía muy triste.

Sin embargo, pensé en cómo reaccionaría el Salvador y decidí permanecer en silencio y mantener la paz.

Quería seguir el consejo del presidente Russell M. Nelson (1924–2025) de “elegir ser pacificadores, ahora y siempre”.

Sé que el Salvador me ayudó a responder a mi familia con compasión en lugar de enojo.

Cuando me bauticé, para mi sorpresa, mis padres se disculparon. Se sintieron conmovidos por la forma en que yo había respondido cuando destruyeron mi Libro de Mormón y arreglamos nuestra relación.

Eso me mostró cómo la caridad puede transformar a las personas. Cuando alguien actúa con hostilidad, pero recibe amor a cambio, ese amor puede cambiarlo.

2. El Señor está al tanto de nosotros

Aunque había encontrado la verdad que había estado buscando, mi futuro seguía siendo incierto. Me sentía sola.

Un día, después de asistir a Instituto, decidí orar para pedir ayuda a fin de encontrar buenos amigos que me acercaran más a Cristo. Meses después, me di cuenta de que estaba rodeada de personas que me estaban ayudando espiritualmente. No eran solo amigos ocasionales, sino personas que me amaban y me apoyaban.

En ese momento, se me animó a servir en una misión, pero tenía dudas por muchas razones. Una noche soñé que estaba sirviendo en una misión en la República Dominicana. En ese vívido sueño, servía a los demás y sentía mucho amor por ellos.

Cuando desperté, extrañaba a las personas que nunca había conocido y un lugar en el que nunca había estado. Sentí que necesitaba encontrar personas que buscaran esperanza y guía, así que envié mis papeles.

Cuando llegó mi llamamiento, me reí completamente sorprendida al leerlo. Se me llamaba a servir en la República Dominicana, ¡el lugar con el que había soñado!

Una vez más, supe que el Señor me estaba guiando. Servir en una misión iba a ser un gran sacrificio, pero confiaba en que Dios proporcionaría la vía. Da miedo no ver siempre un camino claro a seguir, pero saber que Él está al tanto de mí me da la esperanza que necesito para seguir adelante.

3. Siempre podemos tener esperanza en Cristo

Uno de los pasajes de las Escrituras que me proporciona consuelo es del apóstol Pablo:

“Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza, porque lo que se ve, ¿para qué esperarlo?

“Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo esperamos […].

“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán juntamente para su bien” (Romanos 8:24–25, 28).

La esperanza es un acto de fe. Aun cuando no veamos cambios inmediatos ni sepamos cómo resultará todo, cuando tenemos esperanza en las promesas de Dios, Él siempre estará trabajando entre bastidores, guiándonos hacia hermosas bendiciones.

Todavía estoy aprendiendo, pero sé que Jesucristo me da fortaleza para seguirlo. Él me ayuda a amar a los demás aun cuando sea difícil. Él me enseña a ser paciente y a confiar en Su tiempo. Sobre todo, Él me da esperanza, no solo para mi vida actual, sino también para mi futuro.

Cuando el mundo parezca desesperanzador, creo que Él también puede darte esa misma esperanza.