De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Cómo mi relación con Dios me llevó de una infancia difícil a interpretar el papel de Cristo
Mis desafíos me ayudaron a ver que una relación profunda con el Salvador puede brindar esperanza en cualquier circunstancia.
Después de que mis padres se divorciaron cuando yo tenía cuatro años, mi madre y yo nos mudamos al otro lado del país. No teníamos recursos ni dinero. Durante unos meses, incluso nos quedamos sin hogar.
Pero mi mamá siempre me enseñó acerca del Salvador. Ella se había criado como cristiana y quería que yo también creyera en Jesucristo.
Aprender acerca de Jesucristo me dio la esperanza de que, de alguna manera, todo iba a estar bien.
Encontrar consuelo mediante la oración
Mientras vivíamos en un refugio para personas sin hogar, conocimos a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Yo amaba el Evangelio. Aunque todavía tuvimos dificultades durante los años siguientes, cuanto más me concentraba en edificar mi relación con Dios, más ligeras se volvían mis cargas.
No tenía contacto con mi papá y, debido a que mi mamá luchaba con enfermedades mentales que no recibían tratamiento, a menudo había ira en nuestro hogar.
No podía controlar mis desafíos, pero siempre podía encontrar refugio en mi relación con Dios y Jesucristo. Ese era un espacio que nada en el mundo podía invadir. Atesoraba momentos tranquilos en oración, leyendo las Escrituras y escribiendo en mi diario, y cuando las cosas se ponían realmente difíciles en casa, me retiraba a la quietud de la naturaleza.
Como enseñó el élder Sandino Román, de los Setenta:
“Oren a su Padre Celestial como si fuera la primera vez. Expresen su amor y gratitud por Sus bendiciones […].
“Si son sinceros y humildes, escucharán Su respuesta y comenzarán una relación personal y duradera con el Padre Celestial y con Jesucristo”.
Cuando pasaba tiempo con Dios, podía vislumbrar Su mano en mi vida y esa era la fuente de mi esperanza. A veces, cuando mi relación con mi madre era dolorosa y mi futuro parecía sombrío, oraba para pedir ayuda y el Espíritu me tranquilizaba.
Pensar en lo que el Salvador ha hecho por mí
Esa relación divina se convirtió en la fuerza impulsora de mi vida, incluso de mi actuación. Cuando tenía doce años, me sentí inspirado a hacer una prueba para el papel del joven Jesús en los Videos de la Biblia. Lo que más deseaba era representar al Salvador al que amaba. Grabé mi audición con una cámara digital rota, con la bata de baño rosa de mi madre, y la envié.
No obtuve el papel que quería, pero nunca perdí la esperanza de que aún podría servir al Señor por medio de la actuación. Estaba agradecido por poder participar en otros proyectos de la Iglesia con papeles más pequeños. Con el tiempo, volví a hacer una audición para interpretar al Salvador, esta vez como joven adulto para la campaña de Pascua “Mayor amor” de la Iglesia.
Mientras ayunaba y me preparaba espiritualmente para mi audición, pensé en todo lo que el Salvador ha hecho por mí. Di mi mejor interpretación de quién ha sido siempre el Salvador para mí, centrándome en el gozo, el amor, la paz y la abnegación que sé que Él expresa a la perfección.
Y conseguí el papel. Fue un momento en el que se cerró el círculo cuando pensé en cómo había sentido la inspiración de hacer una prueba para el otro papel cuando era más joven. Pude ver cómo el Padre Celestial estaba en los detalles de mi vida, siempre guiándome hacia adelante.
Mi relación con el Salvador influyó en la forma en que lo representé, porque lo conozco. Él anhela llevar paz y sanación a quienes sufren y necesitan Su luz.
Sabía que mi representación del Salvador no se centraba en mí en absoluto. Estaba ayudando a las personas a ver y conocer a Jesucristo de una manera que espero que avive su creencia y esperanza en Él, el Príncipe de paz.
Un fulgor perfecto de esperanza
Los desafíos de la vida pueden hacer que te sientas desesperanzado y desconectado de tu propósito más elevado. Pero si recuerdas tu identidad divina y tu relación con Cristo, cada interacción que tengas con los demás, cada proyecto en el que trabajes y cada paso que des pueden acercarte más al Salvador.
Aunque las probabilidades estén en tu contra, cuando estás conectado con el Padre Celestial y Jesucristo puedes encontrar gozo, significado y dirección en cualquier circunstancia. Podrás tener un “fulgor perfecto de esperanza” (2 Nefi 31:20). Ellos te aman de una manera perfecta y caminan contigo.
Así es como el Padre Celestial y Jesucristo siempre se han mostrado para mí. Sé que, gracias a Ellos, las cosas realmente van a estar bien.