De la Publicación semanal para jóvenes adultos
Cómo me ayudó el templo a sentirme en casa cuando me mudé al otro extremo del país
Las verdades del templo me consolaron durante una época de cambios constantes.
Justo después de unirme a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días a los diecinueve años, me mudé al otro extremo del país, de Nueva York a Idaho. El choque cultural me sorprendió y sentí confusión por las normas de mi nueva religión y el nuevo estado (o provincia). Me sentía a la deriva, empujada en muchas direcciones diferentes.
Incluso después de casarme, todavía luchaba contra la soledad. Pero eso cambió cuando comencé a servir en el templo.
No esperaba que esas experiencias en el templo me ayudaran a superar mi soledad o el choque cultural, pero estas son tres maneras en que lo hicieron:
1. Recordar al Salvador
Servir en el templo me ayudó a darme cuenta del esfuerzo que se requiere para hacer del templo una prioridad. Eso me permitió conectar con los miembros de la Iglesia en mi nuevo hogar y entender por qué y cómo estaban viviendo el Evangelio.
Empecé a notar que la mayoría de las personas asisten al templo para recordar las promesas del Salvador y llegar a ser más semejantes a Él.
A veces es fácil centrarse en lo que hacen los demás y quedar atrapado por el ajetreo de la vida. Es por eso que me costó entender, al principio, la forma diferente de hacer las cosas que tenía cada quien. Pero Jesucristo dice que Él nos dará descanso si confiamos en Él (véase Mateo 11:28–30). Así que, cuando me sentí abrumada, me di cuenta de que todo lo que tenía que hacer era volver mi corazón a Él.
¡Y estar en el templo fue lo que más me ayudó a hacerlo! El presidente Russell M. Nelson (1924–2025) enseñó: “Jesucristo es la razón por la que edificamos templos; cada uno de ellos es Su santa casa”. Cuando nos centramos en Cristo, podemos aprender a ser más caritativos con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.
2. Conectar con mi familia
La familia lo es todo para mí. Después de unirme a la Iglesia, sabía que la familia que había formado con mi esposo podía ser eterna si honrábamos nuestros convenios del templo, pero mis padres y hermanos no eran miembros. A ellos, especialmente a mi papá, les costaba entender mis sentimientos y mi fe, y tenían muchas preguntas que no siempre podía responder.
Cuando me sentía sola y abrumada por mi familia, hice una sesión de investidura en español, mi lengua materna. Pensé en mi papá. Sentí la fuerte impresión del Espíritu de que mi papá tendría la oportunidad de aprender sobre mi fe y aceptarla algún día.
Mi bendición patriarcal también promete que me sentiré más cerca de mis antepasados en el templo. Así que hice mucha obra de historia familiar. Mi esposo hizo la obra vicaria por mi abuelo de Ecuador, lo cual cumplió esa promesa de una manera muy emotiva para mí. Perdí a mi abuelo cuando tenía cuatro años, y servirle a él —y a otros antepasados— en el templo me recordó que no estoy sola.
El élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó: “La conexión con nuestros antepasados puede cambiar nuestra vida de maneras sorprendentes. Sus pruebas y logros nos dan fe y fortaleza. Su amor y sus sacrificios nos enseñan a perdonar y a seguir adelante. Nuestros hijos se hacen resilientes. Obtenemos protección y poder. Los lazos con los antepasados aumentan la unidad familiar, la gratitud y los milagros. Tales lazos pueden brindar ayuda del otro lado del velo”.
3. Saber que Dios está al tanto de mí
Cuando adoro en el templo, siempre siento la confirmación de que Dios está al tanto de mí, sin importar en qué punto me encuentre. Siempre siento una sensación de paz y familiaridad allí, como si estuviera volviendo a casa. Esto fue de gran ayuda durante ese tiempo de transición. El que me recordaran quién soy realmente y cómo Él cumple Sus promesas me ayudó a encontrar terreno firme.
Sé que cada uno de nosotros puede estar en diferentes caminos de la vida, pero como hijos de Dios, todos avanzamos juntos en la senda de los convenios hacia Él.
Si te encuentras ante un gran cambio en tu vida, puede ser difícil al principio, pero confía en que el Padre Celestial te ayudará a adaptarte. Asiste al templo a menudo si es posible, y si no, medita y céntrate en el poder de los convenios que has hecho. Vive como discípulo del Señor Jesucristo.
No importa lo que suceda, debes saber que Él te está guiando y que tus antepasados te están alentando.