Publicación semanal para jóvenes adultos
Cuando los convenios se convierten en tu brújula
Liahona, febrero de 2026


“Cuando los convenios se convierten en tu brújula”, Liahona, febrero de 2026.

De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Cuando los convenios se convierten en tu brújula

¿Qué pasaría si tus decisiones se basaran más en tus convenios con Dios que en tus circunstancias?

ilustración de una flecha apuntando hacia el templo

Al crecer, a veces soñaba despierta con el tipo de hombre con el que me casaría. Sin embargo, cuando conocí a mi esposo, Johnny, dejé de soñar despierta porque él era incluso mejor que todo lo que había imaginado.

Lo que más me llamó la atención fue que Johnny dejaba que sus convenios guiaran su vida; sin importar lo que enfrentara, él se mantenía fiel y alegre.

Los convenios —acuerdos sagrados que hacemos con Dios— se convirtieron en su brújula. Lo ayudaron a tener los pies sobre la tierra, le dieron un propósito y lo ayudaron a permanecer cerca de Jesucristo.

La situación familiar de Johnny no era perfecta. Sus padres se divorciaron cuando él tenía dos años y su padre no es activo en la Iglesia, aunque sí lo apoyaba a su manera al asistir a sus programas de la Primaria y animarlo en las cosas que más importan.

En la escuela secundaria, Johnny hizo de Seminario una prioridad, aunque tuviera que ir solo. En los veranos, cuando vivía con su papá, conducía él mismo para ir con su hermana a la iglesia. Leía las Escrituras sin que nadie le dijera que debía hacerlo y, cuando llegó el momento de servir en una misión, decidió hacerlo, a pesar de que estaba nervioso.

Hace poco, el élder Sandino Román, de los Setenta, compartió lo siguiente: “Fíjense cómo la fe brota cuando confiamos en Jesucristo y florece cuando le somos fieles y leales. Si desean una verdadera relación con Cristo, demuéstrenlo haciendo convenios y honrándolos con fidelidad y lealtad. Hacer convenios con Jesucristo edifica la esperanza; honrarlos edifica la fe”.

Para Johnny, dejar que sus convenios guiaran su vida no consistía en tener una familia perfecta ni circunstancias ideales. Se trataba de escoger a Jesucristo, aun cuando fuera difícil. Al hacerlo, su relación con Cristo se profundizó y le permitió aumentar su fe y esperanza en el futuro.

Bendiciones en lo inesperado

En 2020, Johnny y yo fuimos llamados a servir en la Misión México Villahermosa, pero entonces llegó el COVID-19. La Primera Presidencia dio a los misioneros la opción de seguir con el plan original y posiblemente ser reasignados, o bien, posponer su misión para tener la oportunidad de servir en sus asignaciones originales.

Después de mucha oración, decidí posponer la misión y continuar mis estudios en la Universidad Brigham Young–Hawái por el momento.

La espera me trajo bendiciones que no esperaba. Cuando finalmente llegué a México dieciocho meses después, Johnny acababa de ser trasladado allí desde la Misión Las Vegas Oeste. Terminamos en el mismo distrito por más de cuatro meses y nos hicimos buenos amigos.

Luego de que Johnny se fue a casa, nos mantuvimos en contacto y nos escribimos cada semana. Un lunes, le pregunté: “¿Cuáles son algunas de tus metas y sueños para la vida?”.

Él respondió: “Una de mis metas es sellarme en el templo y tener una familia que crezca en el Evangelio”.

Al leerlo, tuve un momento de claridad: ¡quería casarme con él! Sus prioridades eran claras. Honestamente, si alguien me hubiera hecho la misma pregunta, probablemente habría dicho algo como “viajar por el mundo” o “correr una ultramaratón”. Aunque estas son metas que valen la pena, Johnny me ayudó a ver lo que más importa.

Superar los desafíos con la fuerza que dan los convenios

Incluso durante el caos de la pandemia, la reasignación de su misión y la pérdida de un ser querido, Johnny siguió adelante. Sus convenios no eran solo casillas de verificación, eran conexiones vinculantes con el poder, la paz y la fortaleza del Salvador.

Durante la pandemia, el presidente Russell M. Nelson preguntó lo siguiente: “¿Estás dispuesto a dejar que Dios prevalezca en tu vida? ¿Estás dispuesto a permitir que Dios sea la influencia más importante en tu vida? ¿Permitirás que Sus palabras, Sus mandamientos y Sus convenios influyan en lo que haces cada día?”.

Johnny definitivamente permitía que los convenios del Padre Celestial influyeran en sus decisiones. Oraba pidiendo consuelo cuando se sentía solo; tomaba la Santa Cena con intención, usándola como un momento de renovación; estudiaba las Escrituras y prestaba servicio a los demás porque esas eran maneras en que guardaba sus convenios y se sentía cerca del Salvador; y asistía al templo tan a menudo como podía.

Cuando uno de sus hermanos falleció durante su misión, Johnny se aferró a sus convenios del templo al confiar en las promesas de Dios. Esas promesas le recordaron que las familias son eternas y que esta vida no es el final.

Después de mi misión, Johnny y yo comenzamos a salir juntos en citas y, con el tiempo, fuimos sellados en el Templo de Mesa, Arizona.

Arrodillada frente a él ante el altar, no pude evitar pensar en cómo nuestras decisiones, en especial la de guardar nuestros convenios, nos habían llevado hasta allí.

Johnny podría haberse alejado del Evangelio ya que su entorno le dio muchos motivos. Sin embargo, no lo hizo. Y ahora, gracias a eso, nuestra familia está edificada sobre un fundamento de fe en Jesucristo, un fundamento que Johnny estableció mucho antes de que yo lo conociera.

Dejar que tus convenios guíen tu vida

Solía pensar que los convenios eran solo promesas que le hacíamos a Dios. Sin embargo, por medio del ejemplo de Johnny, he visto que son la manera de mantenernos conectados con Dios y acceder a Su poder eterno.

El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó lo siguiente: “Al hacer y guardar los convenios del templo, aprendemos más sobre los propósitos del Señor y recibimos una plenitud del Espíritu Santo; recibimos instrucción para nuestra vida; maduramos en nuestro discipulado […]. En definitiva, nuestros destinos cambian debido a que la senda de los convenios conduce a la exaltación y la vida eterna”.

La historia de Johnny demuestra que no es necesario provenir de una familia o un entorno “perfectos” para andar en la senda de los convenios.

Como compartió Larry R. Laycock en una Publicación semanal para jóvenes adultos: “Algunos de nosotros provenimos de orígenes y experiencias de vida indeseables, pero las circunstancias de nuestra vida no nos definen ni determinan nuestro destino. Es nuestro omnipotente Padre Celestial el que puede elevarnos a Sus cortes celestiales en lo alto, y lo hará, si simplemente venimos a Su Hijo Jesucristo por medio de la obediencia y al guardar nuestros convenios”.

No necesitas tener todo resuelto, pero sí debes escoger a Jesucristo, una y otra vez. Día tras día.

Si las cosas son difíciles en este momento, pregúntate: “¿Cómo serían las cosas si permitiera que mis convenios guiaran mi vida?”.

Dejar que tus convenios guíen tu vida no implica ser perfecto, sino seguir intentándolo. Algunas formas de hacerlo pueden ser elegir orar cuando te sientas abrumado, ir a la iglesia cuando te parecería más fácil quedarte en casa, o leer las Escrituras, aunque sean solo unos pocos versículos al día. Es perdonar a alguien cuando sea difícil, apoyar a un amigo o decir que no a algo que no se alinee con tus valores. Esas decisiones pequeñas y constantes son la forma en la que vivimos nuestros convenios día a día y en la que nos mantenemos cerca de Jesucristo.

Cuando dejas que tus convenios guíen tu vida, el Señor te promete fortaleza, paz y guía. La vida no será perfecta, pero tu relación por convenio con el Padre Celestial te seguirá guiando hacia algo mejor.