Publicación semanal para jóvenes adultos
Superar mi temor a adorar en el templo
Liahona, febrero de 2026


“Superar mi temor a adorar en el templo”, Liahona, febrero de 2026.

De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Superar mi temor a adorar en el templo

El temor no tiene por qué impedirte recibir las bendiciones del templo.

Ilustración de una luz que sale del templo hacia una mujer

Ilustración por Elia Sampo

Hace poco, le confié a mi presidente de estaca que, aunque siempre he tenido una recomendación para el templo vigente, un temor inquietante me impedía cruzar las puertas de ese lugar sagrado.

Como miembro del Consejo de Asuntos Públicos de Haití, incluso ayudé con los eventos previos a la dedicación del Templo de Puerto Príncipe, Haití. Así que, cuando mi presidente de estaca me preguntó por qué no quería asistir al templo, le aseguré que no era una falta de fe, sino una aprensión perfeccionista que no podía superar. También expliqué que, aunque me crie en un hogar centrado en el Evangelio y aún procuraba ser una verdadera discípula, ese temor me impedía dar el siguiente paso.

El temor me mantenía alejada, a pesar de mi deseo sincero para entrar. Mi presidente de estaca me escuchó y me animó a orar y pedirle a Dios que disipara el temor que estaba obstruyendo mi progreso espiritual. Mientras oraba y reflexionaba sobre mis objetivos para el nuevo año, me di cuenta de que era hora de dejar de privarme de las bendiciones que Dios promete debido a mi temor y mis dudas. Estaba decidida a asistir al templo y efectuar ordenanzas.

Así que me puse la meta de participar en las confirmaciones y le conté a mi presidente de estaca mis planes.

Con gran amabilidad, respondió con palabras que aún resuenan en mí: “Ruego que la luz de Cristo ilumine sus pasos a medida que camine por la senda de los convenios y venza su temor”. Esas palabras, llenas de dulzura y fe, me dieron la fortaleza y la confianza para no ver esa visita al templo como un desafío, sino como un paso esencial en mi trayecto espiritual.

Actuar con fe

Mi corazón latía con fuerza mientras me preparaba para acompañar a mi madre al templo. Ese día, que está grabado en mi memoria, experimenté uno de los momentos espirituales más importantes de mi vida. Una parte de mí todavía estaba nerviosa, pero una parte más fuerte anhelaba lo que sentiría.

Pocos minutos antes de entrar al templo, una llamada telefónica inesperada me alegró la mañana. Recibí la confirmación de que finalmente se había aprobado una autorización de viaje por la que había estado orando. Si no hubiera sido aprobada, no podría haber asistido a una cita médica importante fuera del país.

Esa noticia fue una confirmación divina de que el Señor había escuchado mis oraciones. Mi corazón se llenó de tanta felicidad que salté de alegría al darme cuenta de que Dios siempre nos responde, aun cuando parezca estar en silencio.

Eso me dio fortaleza y finalmente crucé las puertas del templo, donde me recibieron el presidente del templo y su esposa. Ellos sabían cuán importante era ese momento para mí y estaban al tanto de los temores que anteriormente me habían detenido. Su amable bienvenida y aliento disiparon los últimos rastros de mi aprensión. Realmente sentí una paz indescriptible.

Cuando participé en las confirmaciones, cada palabra resonó en mi alma, lo que me brindó claridad y gozo, y me recordó que estaba en un lugar santo. Después de que se completó la ordenanza, el presidente del templo me acompañó hasta la salida. Ese gesto, tan sencillo y a la vez tan considerado, reforzó el sentimiento acogedor que tuve en la Casa del Señor.

Reflexionar sobre la guía divina

Comprendí que el Señor deseaba asegurarse de que no dudara de Su voluntad para mí, y entonces me vinieron a la mente las palabras del presidente Russell M. Nelson: “No perdamos nunca de vista lo que el Señor está haciendo por nosotros ahora: está propiciando que Sus templos estén más al alcance de todos, está acelerando el ritmo al que construimos templos, está aumentando nuestra capacidad de ayudar a recoger a Israel y, además, está haciendo más fácil que cada uno de nosotros experimente un refinamiento espiritual. Les prometo que aumentar el tiempo que pasan en el templo bendecirá su vida como nada más puede hacerlo”.

Me he dado cuenta de que el templo es realmente un refugio, un santuario donde podemos recibir respuestas claras y bendiciones infinitas. Esa experiencia transformó mi vida. El Padre Celestial me ayudó a superar un temor que me había detenido por mucho tiempo, y también me recordó que Él brinda Su guía misericordiosa a quienes confían en Él.

Tengo el corazón lleno de gratitud, y ahora sé que el templo es un lugar al que volveré una y otra vez en busca de luz, guía y paz.

La autora vive en Puerto Príncipe, Haití.