2025
Yo buscaba una conexión en los lugares equivocados, pero tuve la respuesta todo el tiempo
Junio de 2025


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Yo buscaba una conexión en los lugares equivocados, pero tuve la respuesta todo el tiempo

Yo tenía la respuesta a mi problema con la soledad, pero no podía verla.

Tres pájaros sentados en un alambre, uno de los pájaros lejos de los otros dos

Cuando crecía en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, me sentía solo.

Ser uno de los únicos miembros en toda mi escuela secundaria me hizo sentir aislado de todos los demás. No muchas personas habían oído hablar de la Iglesia antes, así que sentía que no tenía muchas oportunidades de hablar de ella. A veces no quería porque tenía miedo de que me rechazaran y sentirme aún más aislado.

Empecé a guardar resentimiento hacia el Evangelio cuando muchos de mis amigos parecían ser mucho más felices que yo.

Parecía que se estaban divirtiendo mucho por andar de fiesta en fiesta y me sentía excluido. Yo siempre rechazaba sus invitaciones y sentía que rechazaba su amistad y su felicidad.

Así que un día no rechacé sus invitaciones.

Ver más allá de lo señalado

Cada vez pasaba más y más tiempo con esos amigos. Sentí que formaba parte de una comunidad y, finalmente, dejé de ir a la iglesia.

Sin embargo, después de un tiempo, me sentía agotado y más solo que nunca. Podía sentir que me estaba volviendo adicto a la nicotina y que perdía el control de mi vida.

No entendía cuál era mi problema. Por fin tenía los amigos y la conexión que había deseado, así que, ¿por qué no podía ser feliz como ellos?

Por esa época, uno de mis amigos perdió a un ser querido. Cuando hablaba con él y trataba de ayudarlo, comencé a decirle, sin notarlo, todo lo que sabía sobre el Plan de Salvación, explicándole que algún día podría volver a ver a su ser querido.

¿Qué?

¡No podía creer lo que yo estaba diciendo! Hacía años que no pensaba en el Evangelio.

Sin embargo, sentí esperanza al explicar esta verdad que había aprendido y me di cuenta de que mi fe no había desaparecido por completo.

Medité sobre las partes de mi fe que aún conservaba. Pensé en cómo la Iglesia siempre me había ofrecido un lugar de comunidad con personas de ideas afines, que se esforzaban por seguir a Jesucristo, servir a los demás y experimentar el gozo y las promesas del Evangelio.

El élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles, ha enseñado: “Nosotros podemos tender a ver más allá de lo señalado. Debemos cuidarnos de esa tendencia, no sea que no veamos a Jesucristo en nuestra vida ni reconozcamos las muchas bendiciones que Él nos ofrece. Lo necesitamos a Él”.

Me di cuenta de que había estado buscando la felicidad en los lugares equivocados.

tres pájaros sentados juntos sobre un alambre

No están solos

Después de esa experiencia, comencé a reunirme con los misioneros para que me ayudaran a conocer a Jesucristo de nuevo. Me ayudaron a comprometerme más con el Evangelio. Comencé a orar más y a centrarme en redescubrir mi identidad divina. Incluso dejé la nicotina. Sabía que Dios estaba conmigo mientras me esforzaba por cambiar mi vida.

Con el tiempo, reconocí la conexión que tenía con otros discípulos de Cristo en mi barrio. También empecé a hablar con mis amigos sobre mi fe y a responder sus preguntas, y eso me hizo feliz.

Gran parte de mi soledad anterior provenía de mi falta de confianza. Sin embargo, cuando cambié mi enfoque de tratar de encajar en lugar de ser yo mismo, un hijo de Dios, y compartir mi fe, hallé gozo y un sentido de pertenencia al vivir plenamente el Evangelio.

El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, prometió:

“Dios tiene algo más que dar: un gozo superior y más profundo, que trasciende cualquier cosa que ofrezca este mundo. Es un gozo que soporta la angustia, traspasa la tristeza y atenúa la soledad.

“La felicidad del mundo, por el contrario, no dura; no puede. Es la naturaleza de todas las cosas terrenales envejecer, descomponerse, desgastarse o volverse obsoletas, mas el gozo divino es eterno, porque Dios es eterno”.

Ya no me siento aislado como miembro de la Iglesia. ¡Centrarme en Jesucristo me ha quitado el peso de encima y me ha permitido respirar de nuevo! Cuando lo sigo a Él, me doy cuenta de que en verdad no estoy solo. Gracias a la bendición de los convenios, al don del Espíritu Santo y a todas las promesas de Cristo, sé que Él está conmigo.

El gozo duradero que esta verdad aporta a mi vida es mayor que cualquier cosa fugaz que haya buscado sin Él.