Habilidades para la vida
Tres consejos para ayudarte a adaptarte a los cambios de la vida
La vida cambia mucho durante los años de joven adulto. Estas son algunas sugerencias para ayudarte a encontrar paz.
Nada me desconcierta tanto como un cambio repentino en mi rutina, sea este bienvenido o inesperado.
Los cambios pueden ser difíciles (¡incluso los cambios buenos!) y, como jóvenes adultos, es posible que enfrentemos más cambios en esta etapa de la vida que en cualquier otra. Navegar el hecho de salir en citas y casarse, regresar de misiones, recibir nuevos llamamientos, mudarse, obtener educación o empleo, cuidar de los hijos o hacer convenios, todo mientras se intenta encontrar estabilidad en este mundo en constante cambio.
El presidente Thomas S. Monson (1927–2018) una vez dijo:
“En algún momento, todos hemos escuchado de una forma u otra el conocido dicho: ‘Nada es tan constante como los cambios’.
“A lo largo de nuestra vida debemos hacer frente a los cambios; algunos son bienvenidos, otros no”.
Enfrentar la mezcla variada de cambios en este momento de la vida puede hacer que a veces nos sintamos ansiosos y un poco desorientados. Afortunadamente, hay algunas cosas que podemos hacer para ayudarnos a encontrar estabilidad, consuelo y seguridad a pesar de todo:
1. Da un paso a la vez
He afrontado muchos cambios importantes en mi vida que realmente me hicieron perder el equilibrio.
Tenía grandes expectativas de adaptarme rápidamente y me frustraba cuando pasaba el tiempo y todavía me sentía desorientada. Sin embargo, he aprendido que hay poder en dar “pequeños pasos” cuando se acepta el cambio.
El Padre Celestial puede ayudarnos a adaptarnos a lo nuevo, incluso si adaptarse significa simplemente dar pequeños pasos hacia adelante para aceptar el cambio.
No tenemos que presionarnos a nosotros mismos para resolver todo de una sola vez. En cambio, ¡podemos hacer las cosas un paso a la vez! Después de todo, “por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6). Sé paciente y compasivo contigo mismo a medida que te acostumbras a tu nueva normalidad.
2. Sé optimista
A veces, el cambio puede traer una sensación de pérdida, desarraigo u otros sentimientos difíciles. Ninguna circunstancia permanece igual para siempre.
De hecho, el élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó recientemente que “es la naturaleza de todas las cosas terrenales envejecer, descomponerse, desgastarse o volverse obsoletas, mas el gozo divino es eterno, porque Dios es eterno”.
Soy una persona optimista la mayoría de los días, pero a mi cerebro, propenso a la ansiedad, le gusta analizar una situación y sacar las peores conclusiones posibles, especialmente antes o después de un gran cambio en mi vida. Sin embargo, saber que el Padre Celestial quiere lo mejor para mí me ayuda a recordar que, pase lo que pase, las cosas van a salir bien.
Todos tenemos motivos para ser optimistas con respecto al futuro. Incluso si las cosas no salen como esperábamos, el gozo siempre está a nuestro alcance gracias a Jesucristo.
3. Céntrate en tus convenios
Cuando la vida cambia constantemente a mi alrededor, encuentro seguridad al saber que mis convenios no cambian.
Son eternos.
Sé que Dios cumple las promesas que me ha hecho y me asegura que tengo Su poder en mi vida para afrontar todo lo que se me presente. Sí, los cambios en nuestra vida pueden sacudirnos por completo, pero permanecer fieles a nuestros convenios puede ayudarnos a encontrar el empuje que estamos buscando.
El élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles, testificó que podemos tener un tipo especial de tranquilidad mediante lo que él llama “confianza en los convenios”. Él dijo: “Esta confianza es la seguridad serena, aunque certera, de recibir las bendiciones que Dios promete a quienes guardan sus convenios y es tan necesaria en medio de las desafiantes circunstancias de nuestros días”.
Gracias a la bendición de los convenios del templo, podemos tener un cimiento firme, una sensación de quietud y la fortaleza para seguir adelante, adaptarnos y ajustarnos a un mundo en constante cambio.
Puede que seamos criaturas de hábitos, con un anhelo constante de que las cosas permanezcan predecibles y seguras; pero la verdad es que el cambio es inevitable, ¡y así se supone que debe ser! Esto es solo una parte de nuestra travesía en la vida mortal. Gracias a Jesucristo, a pesar de los cambios que puedan sorprendernos, podemos seguir teniendo gozo, progresar y sentirnos optimistas en cada etapa de la vida.