2025
Experimentar la “plenitud de gozo” que Dios nos promete
Junio de 2025


Jóvenes adultos

Experimentar la “plenitud de gozo” que Dios nos promete

¿Realmente nos hace más felices vivir el Evangelio?

Ilustración de una jovencita orando

El Evangelio nos ofrece una perspectiva única en cuanto a la búsqueda de la felicidad. El tener una relación personal con Dios y Jesucristo profundiza nuestra comprensión de lo que es la verdadera felicidad y lo que significa sentir gozo.

Sin embargo, para mí, la felicidad mundana y el gozo duradero son dos cosas diferentes.

La felicidad mundana se basa en el placer y el disfrute temporales y está influenciada por nuestras circunstancias actuales. Puede provocar puro deleite o hacernos reír a carcajadas. Sin embargo, este tipo de felicidad puede ser efímera y difícil de mantener.

Por otro lado, el gozo centrado en Cristo es un estado de satisfacción y paz a largo plazo que no se basa en nuestras circunstancias. El gozo habla al corazón y al alma y puede durar mucho más que la felicidad del mundo.

El comparar esos dos sentimientos me hizo pensar en mis propias experiencias y en cómo el Evangelio de Jesucristo trae un gozo más profundo y duradero a nuestra vida.

Al seguir al Salvador, guardar Sus mandamientos y permanecer en la senda de los convenios, liberamos una mayor capacidad para sentir gozo profundo. Es importante entender que, mientras que la felicidad mundana a menudo responde a factores externos, el gozo puede ser un estado interno profundo que puede existir incluso en medio de las pruebas.

Ilustración de mujeres jóvenes abrazándose

Los placeres fugaces del mundo versus el gozo duradero del Evangelio

Yo era feliz incluso antes de conocer el Evangelio. Tenía una buena vida, con padres que siempre han sido los mejores ejemplos que conozco de bondad, abnegación y amor. Creo que las personas pueden ser felices sin el Evangelio en su vida.

Sin embargo, desde que me uní a la Iglesia a los dieciocho años, he aprendido que el Evangelio amplía nuestra capacidad de experimentar gozo duradero. Es nuestro conocimiento del Evangelio lo que nos permite sentir gozo más allá de lo que el mundo puede ofrecer.

Mientras que el mundo ofrece felicidad por medio de placeres temporales, el Evangelio nos invita a participar de un gozo que trasciende todas las circunstancias. El élder Dieter F. Uchtdorf, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La felicidad del mundo […] no dura; no puede. Es la naturaleza de todas las cosas terrenales envejecer, descomponerse, desgastarse o volverse obsoletas, mas el gozo divino es eterno, porque Dios es eterno”.

En los últimos años, he pasado por momentos particularmente difíciles en los que he tenido dificultades para sentirme alegre. A pesar de las dificultades, las chispas de gozo que sentí en los momentos de oración, de estudio personal y de servicio a los demás fueron profundas. Descubrí que mi alegría no se manifestaba a través de emociones grandes y obvias; en cambio, a menudo era a través de un profundo y duradero sentimiento de paz y satisfacción en mi corazón.

En esos momentos, realmente comprendí lo que significa experimentar el gozo que promete nuestro Salvador.

El gozo verdadero y duradero proviene de alinear nuestra vida con el plan de Dios. Como testificó el presidente Thomas S. Monson (1927–2018): “Una parte fundamental del plan es nuestro Salvador Jesucristo. Sin Su sacrificio expiatorio, todo estaría perdido”. Mientras que la felicidad que el mundo ofrece generalmente proviene de circunstancias externas, la felicidad o el gozo que ofrece el Señor es un estado eterno que proviene de vivir una vida centrada en Cristo.

El gozo duradero que hallamos en Cristo

El gozo del Evangelio es contagioso, transforma no solo nuestra propia vida, sino también la de quienes nos rodean. La promesa del gozo eterno es fundamental en el mensaje del Evangelio. En 3 Nefi 28:10 se nos promete una “plenitud de gozo” en la presencia del Padre y del Hijo.

Ese gozo eterno proviene de cumplir nuestro propósito divino y llegar a ser como Dios. Es un gozo que trasciende nuestras experiencias terrenales y promete un futuro de felicidad eterna con nuestros seres queridos.

Todos experimentaremos altibajos, pero el Evangelio de Jesucristo proporciona un camino hacia el gozo eterno. Al procurar seguir al Salvador y vivir de acuerdo con Sus enseñanzas, podemos experimentar un gozo que es profundo, duradero y transformador.

Como dijo el presidente Russell M. Nelson: “El gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene mucho que ver con el enfoque de nuestra vida”.

La promesa del gozo eterno no es solo una esperanza lejana, es una realidad presente que podemos experimentar aquí y ahora. Al vivir el Evangelio, podemos transformar momentos fugaces de felicidad en gozo duradero. Así que busca la felicidad y el gozo, abraza el Evangelio. Deja que la promesa del gozo sempiterno guíe tu camino. El gozo eterno emana de tener la presencia de Dios en nuestra vida.

Aunque la felicidad del mundo puede ir y venir, ¡el gozo que hallamos en Cristo es eterno!

La autora vive en Glasgow, Escocia.

Notas