2025
Sanada por Cristo después de sufrir una agresión sexual
Junio de 2025


De la Publicación semanal para jóvenes adultos

Sanada por Cristo después de sufrir una agresión sexual

La autora vive en Sudáfrica.

Hallé sanación y paz por medio de Jesucristo después de sufrir una agresión sexual.

Cristo camina por un campo de lirios

Consider the Lilies [Considerad los lirios], por Eva Koleva Timothy.

Desde el momento en que surgió en mí la inspiración de servir en una misión de tiempo completo, sentí un profundo sentimiento de urgencia por comenzar a prepararme. Confiaba en que Dios tenía un plan preciso y con un propósito para mí. Comencé a preparar los papeles para la misión y completé todos los trámites necesarios en tan solo un mes.

Mientras esperaba completar los preparativos finales, me enfrenté a desafíos que pusieron a prueba mi fe. Pero esos desafíos no eran nada comparados con lo que estaba a punto de afrontar.

Buscar solaz en Cristo

Durante ese tiempo, sufrí una agresión sexual. A raíz de la agresión, luché por determinar cómo sería mi futuro.

Tenía una nueva pregunta: ¿Por qué tuve que soportar un acontecimiento tan traumático, especialmente mientras trataba de hacer la obra del Señor?

Mi vida estaba sumida en la incertidumbre, el miedo y la duda. Creía que no lograría recuperarme. No podía imaginar cómo me recuperaría de una experiencia tan devastadora. Me sentía profundamente aislada y llena de desesperación.

Me preocupaba que la experiencia me hubiera hecho indigna, así que acudí a mi presidente de estaca en busca de guía. Me sugirió que buscara solaz en la Expiación sanadora de Jesucristo. Hizo hincapié en que Cristo era la fuente suprema de sanación y paz, y me animó a leer el Libro de Mormón.

Seguí lidiando con la confusión y la duda. Mi mente estaba ofuscada y no sabía qué hacer. Mi presidente de estaca me aconsejó que pusiera en espera mis papeles para la misión mientras buscaba ayuda profesional de un psicólogo. Los mecanismos de afrontamiento que me enseñaron, junto con el apoyo de mis amigos, me ayudaron en mi proceso de sanación. Pero, sobre todo, hallé consuelo en el templo.

Sanar lo insanable

Durante ese período de intenso dolor, también acudí a Dios en oración para pedir sanación, fortaleza y paz. Al sumergirme en el Libro de Mormón, empecé a experimentar una profunda sensación de calma. El poder sanador de Jesucristo llegó a ser especialmente significativo para mí. Llegué a darme cuenta de que lo que había pasado no era culpa mía y sentí consuelo al saber que Dios estaba al tanto de mis dificultades y que “pelear[á] [mis] batallas” (Doctrina y Convenios 105:14). Ese entendimiento me brindó la seguridad y claridad que buscaba.

Jesucristo tomó sobre Sí “los dolores y las enfermedades de su pueblo […] para que sus entrañas sean llenas de misericordia” (Alma 7:11–12). Cristo posee una comprensión íntima de los traumas pasados que hemos padecido y nos ofrece consuelo y tranquilidad. Él también nos permite perdonar, aunque nos lleve mucho tiempo hacerlo.

A medida que he ido superando mi dolor con ayuda profesional y espiritual, he sentido paz. Hace poco recibí mi investidura del templo y mi llamamiento misional, todo gracias al poder de Jesucristo.

El élder Patrick Kearon, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Jesús es especialista en lo aparentemente imposible. Vino a hacer posible lo imposible; a hacer lo irredimible, redimible; a sanar lo insanable, a remediar lo irremediable, a prometer lo imprometible; y lo hace muy bien. De hecho, Él es perfecto en ello”.

Las verdades de la Expiación de Jesucristo se hicieron realidad para mí cuando Él hizo posible lo que yo creía imposible en mi vida. Él sanó mis temores, dudas y confusión y, milagrosamente, me sanó a mí.

Si has experimentado trauma o abuso, ¡recuerda que eres amado! Mereces amor y sanación. Por favor, ten paciencia contigo mismo; la sanación no sigue un cronograma estricto. ¡No sufras en soledad! Es crucial encontrar personas que te apoyen en las que puedas confiar, ya que eso realmente marca la diferencia.

Y lo más importante, vuélvete a Cristo. Él te rescatará.