Liahona
Una balsa llamada Historia Familiar
Liahona, abril de 2026


Voces de los miembros

Una balsa llamada Historia Familiar

Hace unos años, mi testimonio sufrió un cimbronazo. Las razones fueron muchas, pero podría resumirlo en que mi vida había cambiado demasiado y muy de golpe. El testimonio que tenía en ese momento no era suficiente para acomodar todas las preguntas nuevas que surgieron, ni para resolver la tristeza que me generaban. Me resultaba muy difícil creer. Pero yo quería creer. Yo necesitaba creer.

En ese contexto —necesitando creer, pero aún sin lograrlo— la historia familiar fue para mí como una balsa en medio del naufragio. Como esa baldosa firme donde pude pararme hasta empezar a reconstruir lo que se había roto.

Para quienes no están familiarizados con lo que es la historia familiar, puedo explicarlo así: los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días guardamos los nombres de nuestros antepasados. Guardamos los nombres de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, tíos, primos, los hijos de ellos… También tratamos de conservar las fechas en que nacieron, los lugares donde vivieron, y las anécdotas que nos fueron llegando.

A veces esas anécdotas son tristes; otras, graciosas. Y muchas veces son historias sobre cómo esas personas se relacionaron con Dios y ejercitaron su fe, con el conocimiento que tenían.

Pero lo más importante que hacemos con esa información es llevar esos nombres al templo. Allí hacemos, en nombre de nuestros antepasados, las ordenanzas y convenios que ellos no pudieron recibir en vida: nos bautizamos por ellos, tomamos las investiduras por ellos y los sellamos como familias. El sellamiento es algo muy especial para quienes hacemos historia familiar. Es la ordenanza suprema que ata todos esos nombres y vínculos por el poder del sacerdocio, y permite que las familias sean eternas.

Mientras yo atravesaba aquel tiempo de tantas preguntas y un testimonio casi inexistente, recuerdo haber hecho un ejercicio en mi diario personal: en una hoja escribí todas las preguntas que tenía sobre el Evangelio. En la siguiente hoja, anoté todas las cosas de las que estaba segura. La primera página la llené por completo, incluso escribí en los márgenes. En cambio, la segunda página tenía solo dos cosas: “la Palabra de Sabiduría” y “las personas podemos sentir algo más que sensaciones terrenales”. Ni siquiera podía decir con certeza que uno puede sentir el Espíritu Santo. Así de frágil estaba mi fe.

No sé por qué, pero en ese momento sentí que lo único que podía hacer bien era historia familiar (soy profesora de Historia), así que me volqué por completo a ello. Tenía en casa una caja con fotos viejas de la familia de mi esposo, que habíamos rescatado de una mudanza. Esa caja había estado dando vueltas por años. Cuando mi suegro venía de visita, yo le mostraba las fotos, le hacía preguntas y él me contaba anécdotas. Pero no había hecho mucho más… hasta que en 2021 me propuse digitalizar todo lo que había en esa caja.

Mi objetivo era simple: que esa información no se perdiera. Las fotos eran de la abuela de mi esposo, a quien todos llamaban “Tata”, y de su esposo, el abuelo Juan (que, dicho sea de paso, es igual a mi esposo, pero con bigote). Eran las típicas fotos grupales de casamientos en blanco y negro. Ninguna tenía nombres o fechas, así que me llevó mucho tiempo deducir quién era quién. Recuerdo que una de las hermanas del abuelo Juan usaba siempre el mismo vestido, así que la podía identificar fácilmente en cada casamiento.

Con esas fotos, y la información que me dio mi suegro, empecé a completar el árbol familiar que mi esposo había comenzado en FamilySearch cuando se bautizó.

No sé cuántas horas pasé trabajando en eso durante ese año, pero nunca me voy a olvidar de cómo me sentía mientras lo hacía. Me acuerdo de que la tristeza se ponía en pausa. Me daba ternura ver que mi esposo tiene las mismas cejas que su abuela, y que mi hijo también heredó esas cejas tan expresivas. Y sobre todo, pensaba: “El amor que siento mientras hago historia familiar viene del cielo. No hay otra explicación”.

El presidente Joseph Fielding Smith enseñó: “Este Plan de Salvación se centra en la familia… Está diseñado para permitirnos crear nuestra propia unidad familiar eterna. Quienes reciban la exaltación en el reino celestial tendrán la ‘continuación de las simientes por siempre jamás’” .

Y el élder Quentin L. Cook dijo: “La organización de los cielos se basa en la familia” .

¿Cómo no iba a sentirme así al hacer historia familiar, si los cielos están hechos de esto?

Notas

  1. Sealing Power and Salvation, Brigham Young University Speeches of the Year, 12 de enero de 1971, pág. 2.

  2. Véase correspondencia personal, citada en Doctrina de Salvación, tomo II, pág. 270.

  3. Por el élder Quentin L. Cook , “Raíces y ramas”, Liahona, mayo de 2014.