“Demostremos mayor amor en esta Pascua de Resurrección y todos los días”, Liahona, abril de 2026.
Mujeres del convenio
Demostremos mayor amor en esta Pascua de Resurrección y todos los días
La vida y el sacrificio expiatorio de Jesucristo se convirtieron en el máximo símbolo del amor infinito de Él y de nuestro Padre Celestial por cada uno de nosotros.
Christ with Children [Cristo con los niños], por Minerva Teichert
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13). No hay nadie que haya demostrado más amor por Sus “amigos” —las hijas y los hijos de Dios— que nuestro querido Salvador, Jesucristo. No existe un mejor ejemplo en todo el mundo de un mayor amor. Y fue ese mayor amor que Él tenía por Su Padre Celestial y por cada uno de nosotros lo que le permitió soportar un sufrimiento y una muerte indescriptibles y así llevar a cabo Su Expiación infinita. Él dio voluntariamente Su vida por cada uno de nosotros y, al hacerlo, demostró un amor infinito.
Sin embargo, no fue solo en Getsemaní y en el Calvario que nuestro Salvador demostró ese mayor amor. El élder Tad R. Callister (1945–2025), quien sirvió como Setenta Autoridad General y Presidente General de la Escuela Dominical, enseñó: “El amor del Salvador no fue solo por los justos; no fue un amor abstracto, ni se demostró con un único acto dramático de sacrificio y nada más. Al contrario, fue un amor expresado día a día, hora a hora, ¡incluso momento a momento! Fue un amor que se extendió desde la vida preterrenal hasta la eternidad […]. Fue un amor que bendijo a los niños pequeños, sanó a los enfermos y ofreció esperanza a los desesperados. Fue un amor que se extendió a cada persona tal y como era esa persona y la elevó a un terreno más alto. El amor se manifestó en cada momento consciente de Su vida terrenal. El amor brotaba de cada poro, de cada pensamiento, de cada acto. Con la misma naturalidad y regularidad con que buscamos aire, Él procuró bendecir. Una y otra vez, en esos momentos de agotamiento físico y ‘agendas’ apremiantes, Él estaba allí para la persona en particular: para escuchar, amar y bendecir. Su vida entera fue una acumulación de actos de amor, coronados por el más significativo de todos: Su sacrificio expiatorio”.
El gran Ejemplo
Jesucristo es nuestro máximo ejemplo del mayor amor. Él nos enseñó por medio de Sus palabras y hechos cómo seguir Su ejemplo y llegar a ser Sus verdaderos discípulos.
“Como yo os he amado, que […] os améis los unos a los otros.
“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:34–35).
Todos los días de nuestra vida tenemos la oportunidad de seguir el ejemplo de mayor amor del Salvador en la forma en que tratamos a quienes nos rodean, incluso a los que tal vez sean poco amables con nosotros. Al tomar Su nombre sobre nosotros y seguir Su ejemplo de tratar a los demás con mayor amor, sentiremos Su mayor amor por nosotros, el cual nos elevará y transformará para que con el tiempo lleguemos a ser como Él.
Gratitud por el Salvador
Ruego que podamos conmemorar la Pascua de Resurrección cada domingo al recordar a nuestro querido Salvador y Redentor —Su vida y Su sacrificio expiatorio por nosotros— mientras nos preparamos para participar de los emblemas de ese sacrificio mediante la ordenanza de la Santa Cena. Que podamos mostrarle nuestra inmensa gratitud por Su sacrificio de amor por nosotros siguiendo Su ejemplo de amar y ministrar a los demás, sin importar cuán inconveniente sea. Y así como Él lo hizo, procuremos siempre hacer la voluntad de nuestro Padre (véase Juan 6:38).
Me siento muy agradecida por mi Salvador, Jesucristo. Su vida y sacrificio expiatorio se convirtieron en el mayor símbolo del infinito amor que Él y nuestro Padre Celestial tienen por cada uno de nosotros, con los símbolos tangibles de dicho amor y sacrificio —las marcas en las manos, en los pies y en el costado del Salvador— presentes aun después de Su Resurrección (véase Isaías 49:15–16). “Nadie tiene mayor amor que este”. Ruego que mostremos mayor amor por Él en esta época de Pascua de Resurrección, y siempre, demostrando mayor amor por los demás (véase Mateo 25:40).