Liahona
¿Te impide el orgullo ser un cónyuge amoroso?
Liahona, abril de 2026


Especialmente para los recién casados

¿Te impide el orgullo ser un cónyuge amoroso?

El orgullo puede manifestarse de maneras sutiles en tu matrimonio, pero hay cosas sencillas que puedes hacer para evitar que dañe tu relación.

manos entrelazadas

“Soy una esposa excepcional que ama incondicionalmente”.

Escribo esta frase casi todos los días. Es algo que quiero llegar a ser.

Por eso, cuando mi esposo dio su testimonio el domingo de ayuno después de nuestro primer aniversario y dijo con amor: “El matrimonio es difícil”, me sentí avergonzada.

Tiene sentido que el matrimonio no sea fácil todo el tiempo. Se trata de dos personas imperfectas que se unen en una unión hermosa y eterna y de repente confrontan las peculiaridades y los hábitos del otro.

Mi esposo y yo no llevamos casados mucho tiempo, pero durante esta temprana etapa de descubrir cómo funciona la vida juntos, a menudo se me ha recordado el consejo de Dios a Emma Smith: “Continúa con el espíritu de mansedumbre y cuídate del orgullo. Deléitese tu alma en tu marido y en la gloria que recibirá” (Doctrina y Convenios 25:14).

No permitas que el orgullo se interponga entre ustedes

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) enseñó que el orgullo puede manifestarse como “egocentrismo, vanidad, jactancia, arrogancia o altivez”. Pero la esencia del pecado es la “enemistad hacia Dios y enemistad hacia nuestros semejantes. Enemistad significa ‘aversión, odio, resentimiento’ u oposición’”.

Esta definición del orgullo, por mucho que me duela admitirlo, me hizo darme cuenta de que soy orgullosa, en el sentido de que a menudo me opongo a mi esposo. Incluso las decisiones más pequeñas pueden convertirse en discusiones acaloradas que terminan con los sentimientos de ambos heridos.

Por ejemplo, me he sorprendido a mí misma pensando: “Estoy cansada, así que él puede preparar la cena esta noche”, sin tener en cuenta que mi esposo podría estar tan cansado como yo o más. Esta forma de pensar generalmente conduce a un concurso de “¿quién está más cansado?”, que nos deja a los dos molestos y aún hambrientos.

Amo profundamente a mi esposo, pero, por el hecho de ser humanos, ninguno de los dos es perfecto. Ambos hacemos lo mejor que podemos, pero hay momentos en los que dejamos que el orgullo se interponga entre nosotros.

Continúa con el espíritu de mansedumbre

Entonces, ¿cómo vencemos el orgullo?

En el consejo de Dios a Emma Smith, Él sugiere que el antídoto contra el orgullo es “el espíritu de mansedumbre”.

El élder David A. Bednar, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “La mansedumbre es un atributo que se logra mediante el deseo, el justo ejercicio del albedrío moral, y el constante esfuerzo por retener la remisión de nuestros pecados”.

En un matrimonio, la mansedumbre puede consistir en escuchar con calma la versión de los hechos del otro, admitir y disculparse rápidamente cuando se ha hecho algo malo, ser lento para la ira y estar prestos para perdonar.

Algo que nos ayuda a mi esposo y a mí durante las conversaciones conflictivas es dedicar tiempo a calmarnos y permitir que el Espíritu esté con nosotros. Ser humildes y hacer todo lo posible por trabajar juntos, en lugar de uno contra el otro, marca una gran diferencia.

Deléitese tu alma en tu cónyuge

Un domingo, un miembro de nuestra presidencia de estaca y su esposa nos enseñaron sobre el “control de plagas” en nuestros matrimonios. Una de las cosas que nos animaron a hacer fue expresarnos amor el uno por el otro todos los días.

De manera similar, el presidente Russell M. Nelson (1924–2025) aconsejó: “‘Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza’ [Artículos de Fe 1:13] que podamos decir de otra persona —ya sea directamente o a sus espaldas—, esa debe ser nuestra norma de comunicación”.

Esto se aplica especialmente a la relación matrimonial.

Presta atención a las cosas que le están pasando a tu cónyuge y sé su mayor entusiasta. Deléitate en él o ella y en sus logros. Habla bien de tu cónyuge tanto en su presencia como ante los demás. ¡Tal vez descubras que esas pequeñas acciones conducen a un mayor amor!

Ahora no pasa un solo día sin que le diga a mi esposo que lo amo y él hace lo mismo conmigo. Cuanto más expresamos nuestro amor el uno por el otro, menos espacio hay para la contención y el orgullo en nuestra relación.

Confía en Jesucristo

En tu trayecto para vencer el orgullo y llegar a ser el mejor esposo o esposa que puedas ser, confía en Jesucristo. Utiliza el don de Su Expiación para que te ayude a arrepentirte y esforzarte por cultivar más amor en tu matrimonio.

Como enseñó Mormón: “La remisión de los pecados trae la mansedumbre y la humildad de corazón; y por motivo de la mansedumbre y la humildad de corazón viene la visitación del Espíritu Santo, el cual Consolador llena de esperanza y de amor perfecto” (Moroni 8:26).

Mi confianza en Cristo me ha llevado a hablar con más bondad, a perdonar más rápidamente y a amar más abiertamente en mi relación con mi esposo.

Edificar un matrimonio duradero y amoroso requiere trabajo y tiempo. Todavía tengo mucho que aprender. ¡Pero sé que con Cristo puedo llegar a ser la esposa amorosa que deseo ser!