“Mi dolor se convirtió en gozo”, Liahona, marzo de 2026.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Mi dolor se convirtió en gozo
Una nueva perspectiva de la Expiación de Jesucristo me ayudó a seguir adelante con fe y esperanza.
Ilustración por Briana Kranz
Cuando tenía dieciocho años, mi abuelo materno falleció. Hasta ese momento de mi vida, no había perdido a nadie cercano a mí. Sabía que sucedería algún día, pero no esperaba que sucediera tan repentinamente.
Mi abuelo gozaba de buena salud, pero sin previo aviso sufrió un derrame cerebral. Mi abuela lo llevó rápidamente al hospital, sin embargo, falleció cuatro días después.
Perder a alguien tan repentinamente, por primera vez, dolió. Era extraño que mi abuelo no estuviera en los acontecimientos importantes de mi vida, ya que siempre lo hacía.
Después del funeral, encontré una manera de honrar la memoria de mi abuelo y el tiempo que habíamos pasado juntos. A él le encantaba trabajar en su camioneta y hacer otros proyectos. De hecho, cuando sufrió el derrame cerebral, estaba en su garaje sosteniendo una llave inglesa en una de sus manos callosas, trabajando como de costumbre.
Decidí que yo también trabajaría con autos. Hacer eso me ayuda a sentirme cerca de él. También recurrí a la oración y a las Escrituras, que me permiten encontrar la paz para seguir adelante con fe y esperanza en su ausencia.
El profeta Abinadí me recordó lo siguiente: “Hay una resurrección; por tanto, no hay victoria para el sepulcro, y el aguijón de la muerte es consumido en Cristo” (Mosíah 16:8).
La muerte de mi abuelo me ayudó a obtener una perspectiva que hizo que la Expiación de Jesucristo fuera aún más significativa en mi vida. Así como honré a mi abuelo trabajando con autos, me di cuenta de que honramos a Jesucristo —y podemos sentirnos cerca de Él— cuando nos esforzamos por vivir como Él vivió, estudiando Sus palabras, compartiendo Su Evangelio y haciendo “las obras de [Su] Padre” (Juan 10:37). Hacer eso le da un significado más profundo a la Expiación del Salvador y aumenta nuestra confianza en Él.
“Cuando clamamos de dolor o de gozo, Jesucristo entiende perfectamente”, enseñó el élder Gerrit W. Gong, del Cuórum de los Doce Apóstoles. “Él puede estar presente en los momentos en que más necesitamos los grandes dones de la eternidad: la Expiación, la Resurrección y la Restauración que Jesucristo llevó a cabo”.
Jesucristo ha convertido mi dolor en gozo. Gracias a Él y a Su Expiación, sé que volveré a ver a mi abuelo.