Liahona
Ojos para ver lo bueno
Liahona de marzo de 2026


“Ojos para ver lo bueno”, Liahona, marzo de 2026.

Voces de los Santos de los Últimos Días

Ojos para ver lo bueno

Cuando la vista de mi esposa comenzó a deteriorarse, acudimos a la Expiación de Jesucristo en busca de alivio.

ilustración de una mujer

Ilustración por Briana Kranz

En enero de 2025, mi esposa, Kayla, comenzó a tener problemas de visión. Tenía constantes dolores de cabeza y dolor en el ojo izquierdo. No podía ver bien y estábamos empezando a preocuparnos.

Cuando fuimos a un optometrista, descubrió que tenía presión alta en el ojo izquierdo. Nos derivó a un oftalmólogo a fin de que le hiciera pruebas para ver si era glaucoma. La vista de Kayla corría un gran riesgo, así que llamamos a varios médicos, pero muchos consultorios seguían cerrados por las vacaciones. Todo lo que podíamos hacer era esperar.

La preocupación nos abrumaba. Acudimos al Padre Celestial en oración para pedir ayuda, suplicándole que todo saliera de acuerdo con Su plan. Anhelábamos recibir apoyo y sentimos Su amor. Sabíamos que todo saldría bien.

Finalmente, conseguimos una cita para cuatro días después con un especialista que generalmente tenía una lista de espera de varios meses. El oftalmólogo descubrió que la presión ocular de Kayla había bajado. Le recetó unas gotas para los ojos y nos fuimos.

No ocurrió nada trascendental con los ojos de mi esposa, pero aprendimos a ver lo bueno cuando acudimos a la Expiación de Jesucristo. El Salvador nos ayuda a ser positivos y a tener gozo a pesar de las pruebas. Sabemos que Él puede sanarnos en Su propio tiempo y a Su propia manera.

Jesucristo no solo pagó por nuestros pecados, Él también sufrió todos nuestros “dolores [y] aflicciones […] de todas clases […]; para que sus entrañas sean llenas de misericordia, según la carne, a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos” (Alma 7:11–12).

Sentimos consuelo porque sabíamos que Jesucristo comprendía nuestro dolor. Debido a que nos sujetamos a Él, hallamos “descanso para [n]uestras almas” (véase Mateo 11:28–30).

La Presidenta Camille N. Johnson, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, enseñó lo siguiente:

“Jesucristo puede aligerar nuestro peso.

“Jesucristo puede aliviar nuestras cargas […].

“Jesucristo es nuestro socorro”.