“Las nuevas de gran gozo”, Liahona, marzo de 2026.
Voces de los Santos de los Últimos Días
Las nuevas de gran gozo
Gracias a la Expiación infinita del Salvador, sé que volveré a ver a mi amiga.
Ilustración por Briana Kranz
Maritza y yo nos conocimos en nuestra juventud, cuando éramos vecinas. Aunque ella era unos años mayor, nos hicimos muy amigas y éramos muy cercanas.
Cuando yo tenía diecinueve años y necesitaba mucha guía, ella me presentó el Evangelio restaurado de Jesucristo por medio de los misioneros de tiempo completo. Yo ya sabía un poco acerca de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por medio de mi tío y mi abuela. Ellos fueron los primeros miembros de la Iglesia en mi familia.
Maritza estuvo conmigo durante toda mi conversión, me ayudó a desarrollar mi testimonio del Salvador y de Su Evangelio, y me llevó de la mano cada vez que la necesité.
De ella aprendí el gozo de vivir el Evangelio con sencillez y determinación. Admiraba su sociabilidad, su manera de unir a familiares y amigos, y su perseverancia para lograr metas temporales y espirituales. De ella aprendí que, cuando encontramos la verdad, debemos poner en práctica lo que aprendemos, guardando los mandamientos y poniendo en práctica las enseñanzas del Evangelio en nuestra vida y en nuestra familia. Para permanecer fieles, debemos ser valientes en nuestro testimonio y esforzarnos por aferrarnos a nuestra fe a pesar de la adversidad.
En 2010, Maritza falleció en un accidente de automóvil. Fue un momento triste para mí, pero sé que por medio del Plan de Salvación y la Expiación de Jesucristo la volveré a ver. Sé que, donde está ahora, ella continúa teniendo la misma actitud alegre y el mismo impulso que la caracterizaron aquí en la tierra.
Sé que este “estado de probación” (Alma 12:24) no es todo lo que hay. Sé que volvemos a ver a nuestra familia y amigos del otro lado del velo. Los veremos, los saludaremos y volveremos a estar juntos. Experimentaremos los mismos sentimientos de amor que tuvimos el uno por el otro en la tierra (véase Doctrina y Convenios 130:2). Los miembros de mi familia están allí, y sé que Maritza también.
Maritza hablaba alegremente con todos sobre el Evangelio aquí en la tierra. Estoy segura de que ella está haciendo lo mismo en el mundo de los espíritus (véase Doctrina y Convenios 138:57). Está enseñando acerca de la Expiación infinita del Salvador y de las nuevas de gran gozo de que, gracias a Él y mediante las ordenanzas del templo, podemos regresar a Su presencia y a la del Padre para vivir como familias por la eternidad.