“En Su obra”, Liahona, marzo de 2026.
Voces de los Santos de los Últimos Días
En Su obra
No sabía cómo decirle a una familia que su hija había fallecido hasta que el Espíritu Santo me ayudó.
Ilustración por Briana Kranz
Si la experiencia humana más desgarradora es soportar la trágica e inesperada pérdida de un ser querido, creo que la segunda experiencia más difícil podría ocurrir cuando un socorrista mira a una madre y a un padre a los ojos y les dice que su hijo ha muerto.
Una mañana me enviaron a informar a una familia que su hija menor había fallecido mientras conducía a casa desde la universidad. Ella se había quedado dormida al volante y murió de forma instantánea cuando su automóvil se salió de la carretera y se estrelló violentamente. Era la mañana de Pascua de Resurrección.
Me angustiaba el dolor que estaba a punto de causar a esa familia. De alguna manera extraña, casi me sentía responsable por abrumar a la familia con esa noticia.
Toqué el timbre, un hombre se acercó y nuestras miradas se cruzaron a través de la ventana de la puerta. Se quedó paralizado, con una expresión tensa en el rostro. Supo que mi presencia explicaba la ausencia de su hija. De repente, recibí una impresión espiritual:
“Jason, olvídate de ti mismo. Estás en Mi obra y tienes derecho a Mi poder. Utilízalo y confía en él. El Espíritu Santo te guiará para brindar comprensión y resolución a aquellos que están atravesando conflictos o confusión”.
El hombre abrió la puerta con un movimiento tembloroso. La confianza espiritual reemplazó mi renuencia cuando me presenté y pedí pasar a la casa. Si bien el Espíritu me fortalecía, mi corazón sufría profundamente por él. Quería compartir su dolor, llorar con él y lamentarme con él (véase Mosíah 18:8–9), pues sentía que al hacerlo podría disminuir su sufrimiento.
Caminamos por un corto pasillo hasta una habitación donde su esposa e hijos se habían reunido. Fortalecido por el Espíritu Santo, sentí confianza y claridad mental. Respondí sus preguntas y luego compartí mi testimonio de que, gracias a Jesucristo, a Su sacrificio y a Su Resurrección, volverían a ver a su hija.
Por medio de esa experiencia, mi fe en el Señor se convirtió en confianza. Esperaba que la fe de ellos también lo hiciera.
El élder Paul B. Pieper, de los Setenta, enseñó: “A veces, la mejor manera de aprender a confiar en Dios es simplemente confiando en Él”.
Confiar en el Señor me ha ayudado a tener fortaleza para ayudar a los demás. También ha fortalecido mi testimonio y ha preparado el camino para innumerables oportunidades de servir a los demás en Su nombre.