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De la cancha a la misión: Un joven arquero chileno deja el fútbol profesional para servir en Argentina
Pablo Samuel Arteaga Ponce, un joven de veinte años oriundo de Iquique, Chile, tomó una decisión que sorprendió a muchos: pausar su prometedora carrera como arquero de fútbol profesional para servir en una misión de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En septiembre comenzó su servicio misional en la Misión Argentina Mendoza, donde dedicará dos años a compartir el Evangelio de Jesucristo y servir a quienes lo rodean.
Desde pequeño, Pablo estuvo rodeado de fútbol. Su abuelo, su padre y él compartían la pasión por el arco, y desde los ocho años comenzó a entrenar en equipos locales. Ya en su adolescencia formaba parte del club profesional Imperial Unido, donde se proyectaba como titular y recibía ofertas para seguir creciendo en su carrera deportiva.
Pero una experiencia espiritual lo cambió todo.
“Cuando entré al templo y participé de la obra vicaria, sentí una paz y felicidad que no encontraba en el fútbol. En la cancha disfrutaba cuando ganaba, pero dentro del templo fue diferente: un gozo duradero. En ese momento decidí que quería servir en una misión”, compartió Pablo.
Una decisión guiada por el Espíritu
La decisión no fue sencilla. Pablo estaba a punto de comenzar una nueva temporada con su equipo, con mejores condiciones y mayores oportunidades. Incluso le ofrecieron continuar con un aumento de sueldo. Sin embargo, después de orar y conversar con su familia, sintió en su corazón que debía servir.
“Fue un acto de fe y convicción. Esa noche llamé a mis entrenadores y les dije que no seguiría. Algunos compañeros me cuestionaron, pero yo sé que el Evangelio de Jesucristo me da una felicidad duradera y un propósito eterno”, explicó él.
Una familia fortalecida en el Evangelio
Pablo pertenece al Barrio Nueva Imperial, Estaca Cautín, en Temuco, Chile. Su decisión también inspiró a su familia. Su hermana Paloma sirvió en la Misión Argentina Neuquén y juntos han fortalecido su fe y compromiso.
“Antes no estábamos tan comprometidos como familia. Ahora siento que hemos progresado mucho juntos. He visto la mano del Señor en nuestro hogar desde que decidí servir”, expresó él.
Su obispo, Carlos Pardo, y otros líderes locales lo acompañaron en el proceso, testificando que todo comienza con el deseo sincero de servir.
Un mensaje para otros jóvenes
Al pensar en su asignación en Mendoza, Pablo dice con emoción:
“Algunos hablan de rivalidad futbolera entre Chile y Argentina, pero yo sé que son un pueblo maravilloso. Me siento feliz de poder compartir con ellos y predicar el Evangelio. Es como un sueño que el Señor me permita servir tan cerca, con gente tan noble”.
Finalmente, Pablo deja un mensaje para quienes enfrentan decisiones importantes en la vida:
“El Señor conoce nuestro potencial y su camino siempre es más grande que el nuestro. Aférrense a la oración, al templo y confíen en que, si sacrificamos algo bueno, el Señor nos dará algo mejor”.
Hoy, Pablo Arteaga es uno de los miles de jóvenes en el mundo que ponen en pausa sus planes personales para dedicarse a lo más importante: invitar a los demás a venir a Cristo.