Liahona
Alivio por medio de Jesucristo: El poder del ayuno
Liahona, febrero de 2026


“Alivio por medio de Jesucristo: El poder del ayuno”, Liahona, febrero de 2026.

Mujeres del convenio

Alivio por medio de Jesucristo: El poder del ayuno

Podemos aprender del Señor, acercarnos más a Él y acceder a Su poder mediante el ayuno con espíritu de oración.

Una mujer orando

Una manera en que nosotras, como mujeres del convenio, podemos ayudar a cuidar de los necesitados y guardar los convenios que hemos hecho en el templo y en el bautismo es ayunar con espíritu de oración y “con verdadera intención”, además de dar una ofrenda de ayuno generosa para ayudar a los necesitados. La ley del ayuno es un mandamiento antiguo establecido por el Señor para bendecirnos a ustedes y a mí, y a todos los hijos de Dios.

Puedo testificar personalmente de las poderosas bendiciones sanadoras de la ley del ayuno en mi vida. Vivir esta ley misericordiosa me ha brindado gran consuelo y me ha proporcionado un salvavidas de bendiciones celestiales para satisfacer grandes necesidades.

Al preparar este mensaje, me pregunté si valdría la pena compartir mis experiencias relacionadas con el ayuno. Entonces el Espíritu tranquilizó mi mente y suavemente me susurró al corazón que, debido a ese sacrificio regular y hermoso en mi vida, el Espíritu del Señor me ha acompañado muchas veces y me ha dado sanación y fortaleza más allá de las mías. Casi podía oír la pregunta: “¿De dónde crees que ha venido la fuerza para hacer lo imposible todos estos años?”. En ese momento, me di cuenta de que las bendiciones de la ley del ayuno están profundamente entretejidas en todos los aspectos de mi vida y que vivir esta ley me ha dado una medida adicional del poder de Dios para hacer Su voluntad y llegar a ser como Él es. Ayunar a la manera del Señor puede aumentar nuestro acceso a las bendiciones del poder de Dios en nuestra vida.

Un privilegio y una bendición

Cuando era joven, mi familia tenía dificultades para que nos alcanzara el dinero hasta fin de mes y recuerdo que recibíamos alimentos del almacén del obispo. Estaban disponibles gracias a las generosas ofrendas de ayuno de otros santos. Su sacrificio contribuyó a bendecirnos a mí y a mi familia durante una época difícil. Me siento bendecida por tener ahora la oportunidad de ayunar y contribuir para los necesitados.

Es un privilegio y una bendición poder dar algo, por pequeño que sea, para ayudar a los necesitados. Y en el proceso, encontramos nuestro propio alivio en Jesucristo.

El Salvador nos enseñó por medio de Su profeta acerca de los poderosos propósitos y las bendiciones del ayuno:

“¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de la maldad, soltar las cargas de opresión, y dejar libres a los quebrantados y romper todo yugo?

“¿No consiste en que compartas tu pan con el hambriento y a los pobres errantes alojes en tu casa; en que cuando veas al desnudo, lo cubras y no te escondas del que es tu propia carne?”.

Tenemos la oportunidad de ayunar con regularidad, una vez al mes en domingo de ayuno, y donar una ofrenda de ayuno para ayudar a los necesitados. Podemos “d[ar] […] una ofrenda que por lo menos sea igual al valor de los alimentos que habría[mos] ingerido”. También se nos “alienta […] a ser generosos y a dar más del valor de las dos comidas, si p[odemos]”.

El élder Joseph B. Wirthlin (1917–2008), del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Las ofrendas de ayuno se utilizan para un solo propósito: para bendecir la vida de los necesitados. Todo dinero que se le entrega al obispo en calidad de ofrenda de ayuno se utiliza para ayudar a los pobres. Cuando los donativos exceden las necesidades locales, se pasan más adelante para satisfacer las necesidades en algún otro lugar”.

Acercarnos más al Salvador

Cuando ayunamos, nos humillamos ante el Señor con espíritu de oración y elegimos abstenernos de comer y beber durante dos comidas o un período de 24 horas. Si la salud no nos permite ayunar como es costumbre, el presidente Nelson nos ha aconsejado: “Decidan lo que constituiría un sacrificio para ustedes, al recordar el sacrificio supremo que el Salvador hizo por ustedes”.

Cristo orando en Getsemaní

Christ Praying in the Garden of Gethsemane [Cristo ora en el Jardín de Getsemaní], por Hermann Clementz

El ayuno está relacionado con el sacrificio y el sacrificio es un símbolo de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, y de Su Expiación. Tenemos la oportunidad de considerar con reverencia Su sacrificio al buscar inspiración para saber por qué ayunar y de qué ayunar. También podemos pensar en el Salvador a lo largo de nuestro ayuno. Me doy cuenta de que el Señor desea que aprendamos de Él y que nos acerquemos más a Él por medio de esta experiencia que va acompañada de la oración.

Restaurar calzadas

En la Iglesia del Señor, también se nos alienta a ayunar cuando necesitemos ayuda divina.

Recuerdo que un verano me sentía muy inquieta y dolida por un desacuerdo con un miembro de mi familia. Varios miembros de la familia, entre ellos aquel con el que tenía el desacuerdo, decidieron reunirse y deliberar en consejo al respecto. Oré y ayuné fervientemente para saber qué decir o hacer. Necesitaba más sabiduría y amor de los que tenía.

Cuando nos reunimos esa noche, el Espíritu del Señor con misericordia ablandó nuestro corazón. Recuerdo que aprendí de las palabras que hablé; no parecían ser mías. Estaban llenas de amor, de claridad, de poder y del Espíritu. Lloré porque sentí con pureza que Dios amaba a mi familia y quería sanarnos. Fui testigo del poder, la sanación y la revelación del Señor que se manifestaban mediante la oración ferviente y el ayuno. Las ventanas de los cielos se abrieron de par en par esa noche.

Esa experiencia me recordó las bendiciones del ayuno de las que aprendemos en Isaías:

“Entonces invocarás, y te responderá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí […];

“y Jehová te guiará siempre, y en las sequías saciará tu alma […] y serás […] como manantial cuyas aguas nunca faltan.

“Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación en generación levantarás; y serás llamado reparador de brechas, restaurador de calzadas para habitar”.

Jesucristo es el “reparador de brechas, [el] restaurador de calzadas”. Él preparó la manera de sanar todo pesar y dolor, y de vencer toda debilidad y pecado. Él puede restaurar, reparar y fortalecer a medida que nos volvemos a Él en ferviente oración y ayuno.

Hay muchas grandes necesidades en el mundo, tantas que puede parecer abrumador. Tal vez se pregunten, ¿qué puedo hacer para marcar una verdadera diferencia como mujer del convenio? Una cosa que podemos hacer es vivir con propósito e incluso amar la ley del ayuno y contribuir una ofrenda de ayuno generosa para los necesitados.

Al hacerlo, sé que el Señor traerá Su alivio espiritual y temporal a ustedes y a mí, y a Sus hijos necesitados. Y creceremos en nuestro conocimiento de Sus caminos y en nuestro amor por Dios y por nuestro prójimo. Ruego que procuremos hacer un compromiso renovado de vivir este bendito y poderoso mandamiento.