“Lo más preciado que tengo”, Liahona, febrero de 2026.
Retratos de fe
Lo más preciado que tengo
Los desafíos de criar y cuidar a dos hijos con autismo pueden ser abrumadores, pero Eli y Hannah son una bendición. Ellos me brindan mucho gozo. Ellos son mi gozo.
Fotografías por Cody Bell
Nuestros dos hijos, Eli y Hannah, nacieron con autismo y problemas cognitivos. Cuando eran pequeños, era muy difícil cuidarlos; teníamos que vigilarlos constantemente. Mientras yo lidiaba con uno de ellos por estar haciendo travesuras, el otro también hacía travesuras. A veces, era abrumador cuidar de ambos.
Cuando Eli tenía nueve años, padecía de conductas agresivas problemáticas. No podíamos mantenerlo a salvo y, sin ninguna previsibilidad, atacaba físicamente a su hermana o a mí y a mi esposo, Troy. Llegamos a la conclusión de que lo mejor para él era enviarlo a un lugar fuera de casa donde lo cuidaran y trataran, pero teníamos que encontrar un sitio en el que lo aceptaran.
El único lugar que pudimos encontrar en los Estados Unidos en el que pensamos que podrían ayudarlo con sus discapacidades relacionadas con el desarrollo y su agresividad fue un hospital a más de 1600 kilómetros (1000 millas) de nuestra casa en Wisconsin.
Nadie quiere enviar a su hijo que no puede hablar lejos de casa, especialmente cuando no entiende lo que está pasando. No queríamos hacerlo. No nos parecía correcto. Sin embargo, oramos al respecto y supimos que debíamos enviarlo.
Necesitaba a mi Salvador
Debido a que Eli relacionaba el hacer las maletas con las vacaciones familiares, pensó que íbamos a un lugar divertido. Cuando llegamos al hospital y lo ingresamos, se enojó mucho. Nos arañaba, nos mordía y nos tiraba del cabello. Troy y yo no solo recibimos heridas físicas al internar a Eli; también fuimos heridos emocionalmente.
En ese momento, necesitaba a mi Salvador. Me preguntaba dónde estaba Él en esa difícil situación. Al salir del hospital, caminamos por el vestíbulo del edificio de administración del hospital, que estaba al otro lado de la calle. De repente, nos topamos con una réplica grande de mármol de la estatua del Christus, de Bertel Thorvaldsen.
No sabía que otras organizaciones que no fueran de nuestra Iglesia usaran esa estatua. Cuando la vi frente a mí, me invadió una emoción inmediata e intensa. Sentí que el Sanador, con Sus brazos y manos extendidos, estaba allí. Sentí que él nos sanaba a nosotros y a nuestro hijo. Sentí la seguridad de que habíamos tomado la decisión correcta. Sentí que Él quería que supiéramos que Él estaba allí para ayudarnos y que había estado con nosotros en cada paso del camino.
Guía celestial
Después de dos meses de evaluaciones cuidadosas en un entorno hospitalario controlado, el equipo de tratamiento de Eli identificó un problema metabólico que contribuía a su agresividad. Una vez que determinaron eso, utilizaron el análisis conductual aplicado para abordar sus comportamientos problemáticos.
Eli mejoró muchísimo en el entorno del hospital. Recibió mucha atención y tenía previsibilidad cada día, algo que necesita y que le damos ahora que está en casa permanentemente. Después de los primeros dos meses de su estadía allí, teníamos salidas breves fuera del hospital. Esa fue una de las épocas más felices de mi vida. Lo visitábamos durante una semana cada mes, durante la cual recibíamos clases de capacitación para padres. Su tratamiento duró cuatro meses.
A Hannah se le hacía difícil entender la ausencia de Eli, pero nosotros le asegurábamos que él estaba recibiendo ayuda, lo cual le brindaba consuelo. Luego de que Eli regresó a casa, los cambios producidos en él nos sorprendieron. Nuestros amigos también se asombraban y nos preguntaban cómo supimos que debíamos hacer lo que hicimos. Les respondíamos que habíamos recibido la guía de nuestro Padre Celestial, la cual nos condujo al tratamiento adecuado para Eli.
Poder habilitador
Testifico que el Salvador ha estado allí para ayudarnos en algunos momentos extremadamente difíciles con nuestros hijos. La vida puede ser difícil, pero sabemos que las cosas saldrán bien. Hemos recibido gracia por medio de la Expiación del Salvador: Su poder habilitador que nos fortalece cuando estamos pasando por desafíos.
Cuando atravesamos tiempos difíciles, pensamos: “Bueno, así es la vida normal”. Entonces no parece tan difícil. Pero más adelante nos preguntamos: “¿Cómo logramos superar eso?”. Lo superamos porque el Salvador nos sostenía y nos brindaba una ayuda que no nos dábamos cuenta que estábamos recibiendo mientras atravesábamos otro día difícil.
Gracias al tratamiento que recibió Eli, ahora está completamente libre de sus episodios de agresividad. Pudo graduarse de la escuela. Participa activamente en la comunidad y juega a los bolos y al béisbol. Incluso trabaja en una cocina industrial. Ahora podemos asistir a la iglesia juntos como familia.
Cuando mis hijos eran pequeños y difíciles, recibía muchos abrazos y miradas de reojo de extraños que parecían decir: “Pobrecita. Siento mucho que eso sea lo que te haya tocado”. Eso siempre me entristecía.
Eli y Hannah son mis hijos, lo más preciado que tengo. Los amo. A pesar de los desafíos de criarlos y cuidarlos, son una bendición. No los veo como algo negativo en mi vida. La fascinación ellos me parece fascinante. Ellos me brindan mucho gozo. Ellos son mi gozo. Sé que al vivir fielmente el plan del Padre Celestial, puedo estar con ellos para siempre.