Voces de los miembros
La respuesta llegó en forma de entrevista
Nací dentro del Evangelio, pero como les sucede a muchos, hubo un momento en mi vida en el que decidí alejarme de la Iglesia. Sentía un vacío que nada podía llenar, aunque nunca dejé de orar a mi Padre Celestial.
Un día, mi madre —quien servía como presidenta de la Primaria en el barrio— me invitó a asistir a una presentación especial de los niños y yo acepté. Ese domingo por la mañana, sentí una paz que no había experimentado en mucho tiempo.
Al regresar a casa, tuve el deseo sincero de volver la semana siguiente. Pero no era fácil, después de haber estado alejada un tiempo, regresar “sin motivo” me parecía una montaña difícil de escalar. Esa misma noche, con el corazón lleno de emociones, me arrodillé y oré. Le pedí al Padre que me diera una razón para regresar. Que me ayudara a dar el siguiente paso.
El viernes de esa misma semana, llegó la respuesta: la presidenta de la Sociedad de Socorro me escribió para coordinar una entrevista para el domingo. Sin dudarlo, acepté.
Hoy, gracias al poder de la oración, estoy firme nuevamente en el Evangelio. Sé que nuestro Padre Celestial escucha cada súplica y que está pendiente de nosotros, aun cuando sentimos que no lo merecemos. Él nos conoce, nos ama con profundidad y actúa en nuestro favor, a Su manera y en Su tiempo.
Ojalá puedas tener la oración siempre presente en tu vida diaria. En los momentos de dificultad, clama a Él. Él está allí para ayudarte y levantarte cuando sientas que no puedes más. Yo lo sé, porque lo he vivido.