Mensaje de los líderes del Área
Fortalecer a la nueva generación en su discipulado
Al observar los grandes esfuerzos que los padres están realizando en la crianza de sus hijos, y al interactuar con estos niños y adolescentes, he recordado la importancia de las enseñanzas centradas en fortalecerlos y ayudarlos a convertirse en discípulos de Jesucristo para toda la vida.
En este sentido, he meditado profundamente en la reciente invitación del presidente Russell M. Nelson (1924-2025) a los jóvenes, en la que los exhorta a destacarse y a ser diferentes del mundo. Quisiera compartir tres enseñanzas que considero fundamentales para fortalecer a la nueva generación en su discipulado:
1. Escuchar y seguir las palabras de los profetas y apóstoles actuales
Mi sobrino, Ian, tuvo una experiencia significativa. Él recibió una invitación para asistir a la conferencia general de manera presencial. Asistir resultó ser un momento de cambio para él.
Cuando el presidente Nelson entró en el salón de conferencias y todos se pusieron de pie en silencio como muestra de respeto, Ian sintió algo muy especial. Ese sentimiento perduró durante toda la conferencia.
Al comenzar el presidente Nelson su discurso, Ian —que en ese momento tenía el corazón un tanto endurecido respecto a la misión— sintió en todo su ser que el mensaje había sido escrito para él. Sintió que el Señor le hablaba por medio del profeta, extendiéndole la invitación de servir en una misión. Esta experiencia tocó su corazón y lo ayudó a tomar la decisión de servir como misionero de tiempo completo.
Hoy, el élder Villarroel lleva catorce meses sirviendo como misionero en la Misión México Sur.
En Doctrina y Convenios 1:38 leemos: “Y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda se cumplirá, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo”.
Nuestros niños y jóvenes pueden conocer cuál es la voluntad de Dios para ellos, por lo que es relevante que los alentemos a escuchar a Sus siervos escogidos. Al hacerlo, recibirán guía, advertencia, paz y podrán fortalecer su fe.
2. Vivir el Evangelio de Jesucristo
El aprendizaje del Evangelio en el hogar, apoyado por la Iglesia, es fundamental para profundizar la conversión al Padre Celestial y a Jesucristo.
¿Podemos abstraer a nuestros hijos del mundo para protegerlos? No.
¿Podemos asegurarnos de que nunca se equivoquen? Tampoco.
Pero sí podemos poner en práctica la Escritura que se encuentra en 2 Nefi 25:26:
“Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo […] para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”.
Cada esfuerzo por crear hábitos espirituales —como estudiar las Escrituras, realizar oraciones familiares, celebrar las noches de hogar, estudiar Ven, sígueme y repasar juntos Para la fortaleza de la juventud: Una guía para tomar decisiones— fortalecerá su discipulado y su amor por nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo.
Estos hábitos espirituales les permitirán tomar buenas decisiones y, cuando se equivoquen, sabrán a quién acudir. Jesucristo es la respuesta a todo.
3. Acercarlos a los convenios
Ser discípulos implica seguir haciendo convenios con nuestro Padre Celestial. Iniciamos con el bautismo y llegamos al templo para recibir todas las ordenanzas que nos permitirán vivir eternamente en un estado de felicidad.
El presidente Russell M. Nelson enseñó:
“Nada los ayudará más a aferrarse a la barra de hierro (1 Nefi 8:30) que adorar en el templo con la regularidad que sus circunstancias lo permitan. Nada los protegerá más, cuando hagan frente a los vapores de tinieblas del mundo. Nada reforzará más su testimonio del Señor Jesucristo y de Su Expiación, y nada los ayudará más a entender el magnífico plan de Dios. Nada calmará más su espíritu en los momentos de dolor. Nada abrirá más los cielos. ¡Nada!”.
Nuestros jóvenes y niños son extraordinarios. Podemos aprender de ellos y apoyarlos para que tengan éxito en su designio divino. Dediquémosles tiempo y hagamos del templo un lugar especial en nuestras vidas, para que ellos puedan seguir nuestro ejemplo. Recordemos que los niños son grandes imitadores.
Testifico de estas verdades en el nombre de Jesucristo. Amén.